La investigación fue realizada por un equipo internacional en el que participan científicos españoles como María-Paz Zorzano, del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), y Daniel Carrizo, del Centro de Astrobiología (CAB, INTA-CSIC). El trabajo fue publicado en la revista Communications Earth and Environment y marca un avance significativo en el campo de la astrobiología.
Una pregunta clave surgida desde Marte
El estudio se inspira en uno de los descubrimientos más relevantes del róver Curiosity de la NASA. En el cráter Gale, el vehículo detectó moléculas orgánicas simples y señales compatibles con carbono orgánico en rocas sedimentarias de unos 3.500 millones de años de antigüedad.
Los análisis geológicos indicaron que esas rocas permanecieron enterradas durante la mayor parte de su historia y que solo estuvieron expuestas a la radiación cósmica en los últimos 78 millones de años. A partir de este dato, los investigadores plantearon una pregunta crucial:
¿podría el ADN, una molécula compleja y portadora de información genética, resistir la radiación y las duras condiciones marcianas durante períodos tan prolongados?
Rocas terrestres como análogos de Marte
Para responder a esa cuestión, el equipo trabajó con rocas sedimentarias terrestres análogas a las marcianas, con contenidos de carbono orgánico similares a los detectados en Marte. Estas muestras procedían de distintos entornos geológicos y contenían microbiomas adaptados a condiciones extremas, como la aridez severa o el uso de hierro y otros minerales en procesos metabólicos.
Con apenas medio gramo de cada muestra, los científicos lograron extraer y secuenciar cientos de miles de nucleobases utilizando tecnología de secuenciación por nanoporo. Todo el procedimiento se realizó en salas blancas, bajo estrictos protocolos para evitar cualquier tipo de contaminación biológica que pudiera generar falsos positivos.
Una muestra de Marte recolectada por nuestro rover Perseverance, podría contener evidencia de antigua vida microbiana en el planeta rojo. 🔴✨
Esto es lo que hemos aprendido tras un año de análisis científico: https://t.co/e786mGKHuC pic.twitter.com/FDyaQxYuVE
— NASA en español (@NASA_es) September 10, 2025
Radiación extrema y resultados sorprendentes
Las muestras fueron sometidas a dosis extremas de radiación gamma, equivalentes a más de 100 millones de años de exposición en la superficie marciana. Los resultados desafiaron algunas suposiciones previas.
Mientras que moléculas orgánicas pequeñas —como aminoácidos o lípidos— se degradan con rapidez bajo radiación intensa, el ADN mostró una resistencia inesperada. A pesar de sufrir roturas y daños irreversibles, entre el 1,5% y el 8% del ADN permaneció secuenciable.
Lo más relevante es que esas secuencias fragmentadas permitieron realizar asignaciones filogenéticas, es decir, identificar relaciones biológicas. Esto demuestra que el ADN, incluso dañado, puede conservar información biológica reconocible durante escalas de tiempo geológicas extremas.
Microbiomas distintos en cada tipo de roca
El análisis reveló además que cada tipo de roca albergaba un microbioma característico, adaptado a condiciones ambientales específicas. Algunas comunidades microbianas estaban asociadas a ambientes extremadamente secos, mientras que otras mostraban adaptaciones para utilizar minerales ricos en hierro como fuente de energía.
Este resultado refuerza la idea de que, si Marte albergó vida microbiana, sus huellas podrían estar preservadas de forma desigual en función del tipo de roca y su historia geológica.

Implicaciones para la exploración marciana
El hallazgo llega en un momento clave. El róver Perseverance, que explora el cráter Jezero, ya identificó rocas con posibles biomarcadores. Sin embargo, para confirmar de manera concluyente si Marte albergó vida, será necesario analizar las muestras en laboratorios terrestres.
Ese es uno de los principales objetivos de las futuras misiones Mars Sample Return (MSR) de la NASA y la ESA, así como de la misión Tianwen-3 de China.
“Nuestros resultados refuerzan la idea de que el ADN es uno de los mejores candidatos para detectar señales de vida en ambientes planetarios extremos”, afirmó Zorzano. “Si hay suerte, con las tecnologías actuales, medio gramo de roca marciana podría acercarnos a responder una de las preguntas más profundas de la ciencia: ¿estamos solos en el universo?”.
Un paso más hacia la respuesta definitiva
El estudio demuestra que la búsqueda de vida pasada en Marte no se limita a moléculas simples, sino que podría incluir fragmentos de una de las moléculas más complejas y significativas de la biología: el ADN.
Si futuras misiones logran traer a la Tierra rocas marcianas adecuadas, la respuesta sobre la vida en Marte podría estar literalmente escrita en su material genético fósil, esperando ser leída tras millones de años de silencio.