Saltar al contenido
Ciencia

Marte es demasiado frío y casi no tiene atmósfera para construir como en la Tierra. Un equipo quiere convertir justo esos dos problemas en una fábrica de casas hechas con arena, gelatina y levadura

Una mezcla de regolito, gelatina y levadura modificada puede endurecerse aprovechando el frío y la baja presión marcianos. En laboratorio alcanzó una resistencia comparable a la del hormigón de baja calidad.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Construir una casa en Marte tiene un inconveniente bastante evidente: prácticamente todo lo que usamos para levantar una en la Tierra tendría que viajar millones de kilómetros dentro de un cohete. Cemento, acero, maquinaria y materiales estructurales convertirían cualquier asentamiento en una operación logística descomunal.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong (HKUST) quiere darle la vuelta al problema con una receta que parece más propia de una cocina que de una futura colonia espacial: roca marciana, gelatina y levadura modificada genéticamente. Lo realmente extraño es cómo pretenden endurecerla. En lugar de luchar contra las temperaturas extremadamente bajas y la tenue atmósfera de Marte, quieren utilizarlas como parte del proceso de fabricación.

El trabajo, publicado el 10 de septiembre en Chem Circularity, demuestra que el material puede imprimirse en 3D bajo condiciones marcianas simuladas y alcanzar una resistencia a la compresión de entre 10 y 12 megapascales, comparable con la de un hormigón de baja resistencia.

La idea empezó mirando fruta liofilizada

Marte es demasiado frío y casi no tiene atmósfera para construir como en la Tierra. Un equipo quiere convertir justo esos dos problemas en una fábrica de casas hechas con arena, gelatina y levadura
© NASA.

Jishen Qiu, ingeniero civil de HKUST y autor principal del estudio, encontró la inspiración en algo mucho menos futurista: la fruta liofilizada. Durante la liofilización, el agua se congela y después pasa directamente de hielo a vapor bajo condiciones de baja presión. Marte ofrece de manera natural algo parecido: temperaturas extremadamente bajas y una presión atmosférica diminuta comparada con la terrestre.

Los investigadores diseñaron entonces una especie de “tinta” para impresoras 3D. El componente mineral aportaría volumen mediante arena o, en una futura aplicación real, regolito marciano. La gelatina funciona como aglutinante y como soporte para los microorganismos. Y la pieza más peculiar es una levadura modificada para mostrar en su superficie proteínas extremadamente adhesivas, incluidas algunas inspiradas en las que utilizan los mejillones para permanecer pegados a las rocas.

Cuando la mezcla sale por la boquilla de la impresora bajo condiciones simuladas de Marte (aproximadamente −30 °C y 0,01 atmósferas en los ensayos mostrados por el equipo), comienza a liofilizarse. El agua abandona progresivamente el material y deja pequeños poros en su interior.

El resultado no es un bloque macizo parecido al cemento convencional. Es una espuma estructural ligera y porosa, pero sorprendentemente resistente.

Por ahora, la “casa marciana” cabe prácticamente en una mano

Marte es demasiado frío y casi no tiene atmósfera para construir como en la Tierra. Un equipo quiere convertir justo esos dos problemas en una fábrica de casas hechas con arena, gelatina y levadura
© Ning Liu.

Hay que poner la escala en perspectiva. Los investigadores todavía no han impreso una vivienda ni una pared de tamaño real. Sus demostraciones consisten en pequeñas estructuras abovedadas de alrededor de 45 milímetros de altura y 30 milímetros de ancho, aproximadamente el tamaño de un corcho de vino.

Lo interesante está en las propiedades del material.

Con esos 10-12 MPa de resistencia a la compresión, Qiu sostiene que sería suficiente para construir en la Tierra estructuras de una o dos plantas. Marte tiene aproximadamente un tercio de la gravedad terrestre, por lo que las cargas gravitatorias sobre un edificio serían considerablemente menores. El investigador plantea que, desde el punto de vista puramente estructural, el compuesto podría incluso permitir construcciones de varios niveles.

Eso no significa que ya tengamos los planos de un rascacielos marciano. Una vivienda extraterrestre tendría que resolver además presurización, radiación, enormes cambios térmicos, estanqueidad y durabilidad, problemas que una prueba de resistencia a compresión por sí sola no responde.

Una pared podría convertirse en materia prima para la siguiente

Marte es demasiado frío y casi no tiene atmósfera para construir como en la Tierra. Un equipo quiere convertir justo esos dos problemas en una fábrica de casas hechas con arena, gelatina y levadura
© Ning Liu.

El otro atractivo de la idea aparece cuando una construcción deja de ser necesaria.

Muchas propuestas para fabricar edificios fuera de la Tierra pasan por fundir regolito a temperaturas muy altas para producir ladrillos o piezas estructurales, un proceso que exige cantidades importantes de energía. La nueva mezcla evitaría buena parte de ese calentamiento aprovechando las propias condiciones marcianas para secarse. Además, sus autores imaginan un sistema casi circular: desmontar una estructura, recuperar parte de sus componentes y volver a cultivar la levadura en biorreactores para fabricar nuevo material.

La promesa es enorme, pero también lo son las incógnitas. El compuesto solo ha sido probado en la Tierra bajo condiciones simuladas y todavía no sabemos cómo sobrevivirían realmente estos microorganismos frente a la radiación y el ambiente marciano durante periodos prolongados. Además, gelatina, cultivos iniciales y otros equipos seguirían teniendo que viajar desde nuestro planeta.

Aun así, la idea introduce un cambio interesante en la forma de imaginar una colonia en Marte: quizá el frío, la baja presión y el suelo rojo no sean únicamente problemas que haya que vencer. También podrían terminar convirtiéndose en parte de la fábrica que construya las primeras paredes.

Compartir esta historia

Artículos relacionados