El 8 de septiembre de 2016, una nave de la NASA despegó rumbo a Bennu con una misión especialmente ambiciosa: alcanzar el asteroide, recoger material de su superficie y devolverlo intacto a la Tierra. Una década después, OSIRIS-REx no solo cumplió ese objetivo, sino que continúa viajando por el sistema solar con una segunda misión.
Su primera etapa culminó después de años de navegación y observación. El 20 de octubre de 2020, la sonda descendió brevemente sobre Bennu y consiguió recoger polvo y pequeñas rocas de su superficie. Tres años después, el 24 de septiembre de 2023, regresó a las proximidades de nuestro planeta y liberó una cápsula que atravesó la atmósfera y aterrizó en Utah, Estados Unidos.
Bennu trajo pistas sobre los orígenes de la vida
Las muestras recuperadas permitieron estudiar directamente material prácticamente intacto procedente de los primeros tiempos del sistema solar.
Bennu es un asteroide rico en carbono, por lo que los investigadores estaban especialmente interesados en buscar minerales, compuestos orgánicos y señales de antiguos procesos relacionados con el agua.
El objetivo no era encontrar vida dentro del asteroide, sino entender si cuerpos similares pudieron transportar a la Tierra primitiva agua y moléculas esenciales para la química que posteriormente permitió el desarrollo de la vida. Pero devolver la cápsula no significó el final de la nave.

De OSIRIS-REx a OSIRIS-APEX
Como la sonda todavía conservaba combustible y sus instrumentos continuaban funcionando, la NASA decidió aprovecharla para una segunda misión.
OSIRIS-REx pasó a denominarse OSIRIS-APEX y puso rumbo hacia Apophis, un asteroide de aproximadamente 340 metros de diámetro que protagonizará uno de los encuentros astronómicos más espectaculares de las próximas décadas.
El 13 de abril de 2029, Apophis pasará a unos 32.000 kilómetros de la superficie terrestre. Será tan cerca que atravesará una región situada dentro de la órbita de muchos satélites geoestacionarios. No existe riesgo de impacto, pero precisamente esa proximidad convierte el encuentro en una oportunidad científica excepcional.
La Tierra podría transformar al asteroide
Durante su paso cercano, la gravedad terrestre ejercerá fuerzas considerables sobre Apophis.
Los científicos esperan que el encuentro pueda modificar ligeramente su órbita y su velocidad de rotación. También podría provocar movimientos en la superficie, desprendimientos de rocas o pequeños deslizamientos causados por las fuerzas de marea.
OSIRIS-APEX llegará al asteroide después de su máxima aproximación a la Tierra y observará cómo ha cambiado. Esto permitirá estudiar algo muy difícil de reproducir en laboratorio: cómo responde un pequeño mundo rocoso cuando pasa extremadamente cerca de un planeta mucho más masivo.
La nave volverá a acercarse a la superficie
La misión no se limitará a fotografiar Apophis desde lejos. Después de cartografiarlo y estudiar su composición, la nave realizará una maniobra cercana a su superficie. Encenderá sus motores a poca altura para levantar polvo y rocas sueltas, dejando expuesto material situado debajo de la capa exterior.
A diferencia de lo ocurrido en Bennu, no está previsto traer muestras a la Tierra. El objetivo será utilizar los instrumentos de la propia nave para analizar el terreno recién descubierto.
Apophis, que tras su descubrimiento en 2004 llegó a ser considerado uno de los asteroides potencialmente más preocupantes para la Tierra, terminó siendo descartado como amenaza gracias a observaciones posteriores.
Veinticinco años después, aquel objeto que generó preocupación se convertirá en uno de los mejores laboratorios naturales para estudiar cómo la gravedad terrestre puede modificar un asteroide en tiempo real.