No tenían telescopios, computadoras ni las ecuaciones de la astronomía moderna. Aun así, los especialistas mayas consiguieron construir un sistema capaz de anticipar los eclipses solares visibles en su territorio durante siglos.
El mecanismo sobrevivió dentro del Códice de Dresde, uno de los escasos manuscritos mayas precolombinos conservados y una de las fuentes más completas que tenemos sobre su astronomía y sus calendarios.
Durante décadas, sin embargo, hubo una pregunta difícil de responder: ¿cómo conseguían que sus tablas siguieran funcionando sin acumular errores hasta quedar inutilizadas?
Una investigación publicada en Science Advances encontró una posible respuesta. Y detrás no había magia ni predicciones sobrenaturales: había una ingeniería matemática del tiempo mucho más sofisticada de lo que parecía.
La clave estaba escondida en 405 lunaciones
La tabla de eclipses del Códice de Dresde abarca 405 meses lunares, aproximadamente 32 años y nueve meses, y contiene 69 posiciones asociadas a lunas nuevas relevantes para posibles eclipses.
Durante mucho tiempo se asumió que, cuando terminaba uno de esos ciclos, los especialistas simplemente podían volver al principio y repetirlo.
El problema es que la Luna no funciona con números perfectamente redondos. Las pequeñas diferencias entre los ciclos astronómicos terminan acumulándose y, después de varias repeticiones, las predicciones comenzarían a desplazarse respecto de los eclipses reales.
Los investigadores John Justeson, de la University at Albany, y Justin Lowry, de SUNY Plattsburgh, propusieron que los mayas utilizaban una estrategia diferente.
New Study Revises the understanding and accuracy of Dresden Codex Eclipse Table!
Mayans were expert mathematicians & astronomers.
Researchers recently determined this table was originally a complete lunar cycle calendar.
Adapted over time by Mayan daykeepers to predict solar… pic.twitter.com/OtOstdH7gp
— Ancient Hypotheses (@AncientEpoch) October 28, 2025
No esperaban a terminar una tabla antes de comenzar la siguiente
La gran idea habría sido superponer las tablas.
En determinadas ocasiones, en lugar de esperar hasta completar las 405 lunaciones, los calculistas podían iniciar una nueva secuencia alrededor de los meses 223 o 358 de la tabla anterior.
Esa corrección evitaba que los pequeños errores astronómicos fueran acumulándose indefinidamente.
Según el análisis matemático, utilizando estas superposiciones el sistema podía mantener una extraordinaria precisión: el desfase sería de menos de 51 minutos después de 134 años.
Todavía más impresionante, los autores reconstruyeron procedimientos que habrían permitido anticipar todos los eclipses solares observables desde territorio maya durante un periodo de aproximadamente 700 años.
La tabla de eclipses quizá nació de otro calendario
El trabajo propone además un giro interesante.
Los 405 meses lunares no habrían sido elegidos inicialmente porque representaran algún ciclo mágico específico de eclipses. Según los investigadores, esa estructura probablemente procedía de un calendario lunar más general, integrado a su vez con otros sistemas temporales mayas.
Con años de observaciones, los especialistas pudieron reconocer qué posiciones de aquel calendario coincidían con temporadas en las que podían producirse eclipses y transformar progresivamente la herramienta en una tabla predictiva.
Es decir, la capacidad para anticipar eclipses habría surgido de combinar observación acumulada con relaciones matemáticas entre distintos ciclos calendáricos.
Los eclipses no son aleatorios: siguen ciclos precisos 🌒
🗓️ Cada 18 años, 11 días y 8 horas (ciclo de saros), el Sol, la Tierra y la Luna repiten casi la misma posición, dando lugar a eclipses casi idénticos pic.twitter.com/2WG9zbHxOX
— El Orden Mundial (@elOrdenMundial) August 10, 2026
No podían decir exactamente dónde aparecería un eclipse
También hay que matizar una afirmación frecuente sobre este descubrimiento.
Los mayas no predecían eclipses con la misma capacidad de la astronomía moderna, que puede calcular con enorme precisión el segundo, la trayectoria y la franja geográfica exacta donde será visible uno.
La tabla servía para identificar ventanas temporales en las que un eclipse podía producirse y ser observable dentro del territorio maya. Eso ya era una capacidad extraordinaria para una sociedad que realizaba los cálculos manualmente y transmitía el conocimiento durante generaciones.
El descubrimiento cambia así la manera de mirar aquellas páginas llenas de puntos, barras y jeroglíficos.
El Códice de Dresde no era simplemente una colección de fechas religiosas. Es la huella de personas que observaron el cielo durante generaciones, detectaron patrones en movimientos que nunca se repiten de manera perfecta y desarrollaron un método matemático para corregir el error antes de que arruinara sus predicciones.