Las islas apenas representan alrededor del 7% de la superficie terrestre, pero albergan cerca del 20% de la biodiversidad mundial. Su aislamiento permitió la evolución de animales y plantas que no existen en ningún otro lugar, aunque también las dejó especialmente expuestas a cualquier cambio en su entorno.
Un equipo internacional realizó ahora la primera evaluación global de la exposición de las islas mayores de un kilómetro cuadrado a tres grandes amenazas: el cambio climático, las transformaciones del uso del suelo y la llegada de especies invasoras.
El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences —PNAS—, analizó 16.578 territorios y proyectó cómo evolucionarán esas presiones hasta 2050. El resultado muestra que ninguna región insular puede considerarse completamente a salvo.
El clima será la principal presión para el 65% de las islas
El cambio climático aparece como la amenaza dominante para el 65% de las islas estudiadas. El análisis incluyó factores como el aumento de las temperaturas, las modificaciones en los regímenes de lluvia y la subida del nivel del mar.
Los cambios en el uso del suelo serán la principal presión para otro 22%. Esta categoría incluye la urbanización, la agricultura, la deforestación y otras transformaciones humanas capaces de reducir o fragmentar los hábitats.

Las invasiones biológicas ocuparán el primer lugar en el 13% restante. Las especies introducidas pueden provocar daños especialmente graves en islas cuyos animales y plantas evolucionaron durante miles de años sin depredadores, competidores o enfermedades procedentes del continente.
Estas proporciones no significan que cada isla se enfrente a un único problema. Todas están expuestas en diferentes grados a las tres presiones; los porcentajes indican cuál tendrá mayor peso relativo en cada territorio.
Las islas pequeñas y bajas afrontan una combinación peligrosa
Los territorios con mayor exposición acumulada tienden a ser pequeños, de baja altitud, situados en latitudes cálidas y separados históricamente de los continentes. Esas características dejan poco espacio para que las especies se desplacen cuando sube el mar, cambia el clima o desaparece un hábitat.
El equipo seleccionó como puntos críticos al 5% de las islas con los valores combinados más elevados. Muchas se concentran en Seychelles, la Polinesia Francesa, Fiyi, Micronesia, Bangladés, China, India, Japón y el norte de Europa. En total, los investigadores identificaron 31 países con una cantidad desproporcionada de territorios altamente expuestos.
El trabajo mide exposición, no predice directamente cuántas especies desaparecerán. Una isla puede estar sometida a una fuerte presión y, al mismo tiempo, conservar cierta capacidad de adaptación gracias a sus áreas protegidas, su gestión ambiental o el estado de sus ecosistemas.
Tres islas españolas aparecen entre las más expuestas
De las 28 islas españolas incluidas en el análisis, tres entraron en el 5% de mayor exposición mundial: la isla de Arousa, la isla de La Toja y la isla Conejera.
En Arousa, las tres amenazas presentan un peso parecido. En La Toja y Conejera destacan principalmente las especies invasoras y las transformaciones del suelo relacionadas con la urbanización.
El resultado no implica que sean necesariamente las islas españolas con mayor peligro inmediato de desaparición física. Indica que, según los indicadores utilizados, soportan una combinación especialmente intensa de presiones ambientales hacia 2050.
El aumento de las temperaturas y subida del nivel del mar que provoca el cambio climático serán las primeras amenazas para casi dos tercios de los ecosistemas insulares.
#Tecnoxplora pic.twitter.com/Kg40wfFsHL— TecnoXplora (@TecnoXplora) August 6, 2026
Los mapas también muestran dónde todavía se puede actuar
A diferencia del calentamiento global o del aumento del nivel del mar, algunos riesgos pueden reducirse directamente desde el territorio. Limitar la urbanización de zonas sensibles, restaurar hábitats degradados, controlar especies invasoras y ampliar las áreas protegidas puede aumentar la resistencia de una isla frente al cambio climático.
El modelo tampoco contempla todas las amenazas posibles. Quedaron fuera o insuficientemente representadas la contaminación por plásticos y pesticidas, la luz artificial y la sobreexplotación de recursos naturales. Los propios investigadores consideran necesario incorporar estos factores en futuras evaluaciones.
Las islas han sido durante siglos laboratorios naturales de la evolución. Ahora también están convirtiéndose en uno de los primeros lugares donde pueden observarse, al mismo tiempo, las consecuencias del calentamiento, la urbanización y la expansión global de especies invasoras.