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Ciencia

La juventud podría no terminar cuando creemos: qué ocurre después de los 60

Cumplir años cambia muchas cosas, pero no necesariamente la manera de mirar el futuro. Para la gerontología, sentirse joven puede estar relacionado con algo mucho más profundo.
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La juventud suele asociarse con una cifra concreta. La Organización de las Naciones Unidas considera jóvenes a quienes tienen entre 15 y 24 años, una definición útil para las estadísticas internacionales. Sin embargo, cuando la pregunta cambia de “¿qué edad tienes?” a “¿cómo te sientes frente a la vida?”, los límites comienzan a volverse mucho menos claros. Y es justamente ahí donde aparece una mirada diferente sobre lo que significa envejecer.

Cuando la juventud deja de ser una cuestión de edad

Cada 12 de agosto se conmemora el Día Internacional de la Juventud, una jornada impulsada por Naciones Unidas para poner en foco las oportunidades, dificultades y desafíos que atraviesan las nuevas generaciones. Pero la fecha también puede servir para ampliar la conversación y preguntarse qué entendemos realmente por ser joven.

Desde la gerontología, la juventud puede analizarse más allá de una etapa biológica. La forma en que una persona se relaciona con sus proyectos, deseos, vínculos y decisiones también puede influir en la percepción que tiene de sí misma.

Por eso, los especialistas suelen hablar de personas que, aun teniendo muchos años, conservan una actitud vital asociada con la curiosidad, el aprendizaje y las ganas de experimentar. Del mismo modo, alguien mucho más joven puede sentirse limitado, sin proyectos o atrapado en una rutina que no eligió.

Incluso el origen de la palabra ofrece una pista. “Juventud” proviene del latín iuventus, relacionado con iuvenis, que significa joven. De esa misma raíz surgen términos como “juvenil” y “rejuvenecer”. Este último concepto resulta especialmente interesante porque no necesariamente significa volver atrás en el tiempo, sino recuperar una manera renovada de relacionarse con la propia vida.

Desde esta perspectiva, rejuvenecer podría entenderse como una decisión consciente: volver a abrir puertas que parecían cerradas, incorporar nuevos intereses o recuperar deseos que habían quedado postergados.

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©Matheus Bertelli – Pexels

Los 60 pueden convertirse en el comienzo de algo nuevo

Llegar a los 60 años ya no representa necesariamente el ingreso a una etapa pasiva. Para muchas personas, ese momento coincide con una transformación profunda de las prioridades y con la posibilidad de dedicar tiempo a actividades que durante décadas quedaron relegadas.

Todavía existe, sin embargo, una mirada social que relaciona determinada edad con el retiro, el abandono de responsabilidades o la reducción de la actividad. El concepto tradicional de “clase pasiva” resulta cada vez menos adecuado para describir la realidad de las personas mayores.

La longevidad modificó ese escenario. Después de la jubilación pueden quedar por delante dos o tres décadas de vida, dependiendo de cada caso, y ese período puede estar lleno de actividad física, aprendizaje, relaciones sociales, viajes, proyectos y nuevas decisiones.

La pregunta, entonces, ya no es solamente cuánto tiempo queda, sino qué se quiere hacer con ese tiempo.

Para muchas personas, los 60 pueden convertirse en una oportunidad para cambiar de rumbo. Aprender un idioma, comenzar una actividad artística, estudiar, hacer ejercicio, viajar, recuperar amistades o simplemente disponer de más tiempo para uno mismo son algunas de las posibilidades que aparecen cuando disminuyen ciertas obligaciones.

En este contexto, sentirse joven no implica pretender tener 20 años. Significa reconocer que todavía existen deseos, intereses y capacidad para construir nuevas experiencias.

Dos momentos de la vida que tienen más en común de lo esperado

Aunque juventud y vejez suelen presentarse como extremos opuestos, ambas etapas pueden compartir una característica fundamental: la necesidad de tomar decisiones sobre el futuro.

Durante la juventud aparecen preguntas relacionadas con la identidad, el trabajo, los vínculos y los proyectos personales. Al llegar a una etapa avanzada de la vida, muchas de esas preguntas pueden regresar bajo otra forma.

¿Qué quiero hacer ahora? ¿Qué cosas dejé de lado? ¿Qué decisiones tomo por mí mismo y cuáles responden a expectativas ajenas? ¿Qué nuevas experiencias todavía quiero vivir?

Las preguntas pueden cambiar de contexto, pero el fondo continúa siendo similar.

También existe una oportunidad para fortalecer los vínculos entre generaciones. Jóvenes y personas mayores pueden compartir incertidumbres, aprendizajes y experiencias, aunque partan de momentos vitales diferentes. El intercambio puede ayudar a cuestionar prejuicios y demostrar que no existe una única manera de transitar cada etapa.

Tomar decisiones nunca está exento de riesgos. Elegir un nuevo camino implica abandonar certezas, aceptar cierta incertidumbre y, en ocasiones, enfrentarse al miedo. Pero también supone ejercer la autonomía y conservar la capacidad de decidir sobre la propia vida.

Una edad que quizá no se pueda medir con números

Sentirse joven no significa negar el paso del tiempo ni desconocer los cambios asociados al envejecimiento. La cuestión pasa por la manera en que cada persona decide vivir esos años.

Una persona puede reconocer que tiene 60, 70 u 80 años y, al mismo tiempo, sentir que todavía tiene proyectos por delante. Esa combinación no es una contradicción: puede ser una forma diferente de entender el paso del tiempo.

Desde esta mirada, rejuvenecer tampoco consiste en intentar recuperar físicamente una edad anterior. Se trata de renovar la relación con la propia existencia, recuperar la curiosidad y permitirse imaginar un futuro que todavía tenga posibilidades.

Por eso, la pregunta inicial adquiere otra dimensión. ¿Qué significa sentirse joven después de los 60? Quizás no exista una respuesta vinculada a una cifra concreta.

La juventud puede ser una etapa, pero también puede convertirse en una actitud frente a la vida: la disposición a aprender, elegir, cambiar, crear vínculos y seguir preguntándose qué viene después.

Y tal vez allí esté la idea más poderosa: cumplir años no necesariamente significa dejar de ser joven en la manera de mirar el mundo.

 

[Fuente: La Nación]

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