Recordar no consiste en guardar una copia perfecta de todo lo que vivimos. El cerebro necesita hacer algo bastante más complicado: actualizar la información cuando aparece algo nuevo sin convertir cada pequeño cambio en un recuerdo completamente distinto.
Un equipo del Instituto de Neurociencias de Alicante, centro conjunto del CSIC y la Universidad Miguel Hernández, ha identificado en ratones un mecanismo neuronal que podría explicar cómo se mantiene ese delicado equilibrio.
El trabajo, publicado en PLOS Biology, apunta a un grupo de neuronas inhibitorias del giro dentado, una estructura del hipocampo vinculada con la formación de nuevos recuerdos.
El problema de recordar un lugar que ha cambiado
Imagina que visitas todos los días la misma cafetería.
Aunque hayan cambiado una mesa de sitio o colocado una planta nueva, sigues reconociendo el lugar. Pero si las modificaciones son importantes, el cerebro necesita detectar que la situación ya no es exactamente la misma. La memoria debe ser, por tanto, suficientemente flexible para incorporar novedades y suficientemente estable para mantener una representación coherente de una experiencia.
Los investigadores querían descubrir cómo logra el cerebro desplazarse entre esos dos estados.
La clave estaría en la inhibición neuronal
El equipo se centró en el giro dentado, una región situada dentro del hipocampo que interviene en la separación de recuerdos similares.
En ese circuito existen neuronas que inhiben la actividad de otras células, funcionando en cierto sentido como un freno que regula cuánta información se incorpora durante la creación de un recuerdo. Los científicos modificaron experimentalmente estos niveles de inhibición mientras los ratones aprendían información nueva.
Después observaron cómo reaccionaban ante pequeños cambios en su entorno.
Menos inhibición significa más sensibilidad a los cambios
Los resultados mostraron un patrón bastante claro.
Cuando los investigadores reducían la inhibición neuronal, los ratones detectaban mejor pequeñas modificaciones, como un ligero cambio en la posición de un objeto. El sistema se volvía más sensible y generaba recuerdos más detallados.
En cambio, cuando aumentaban la inhibición, los animales eran menos sensibles a esas diferencias. Las representaciones creadas por el cerebro parecían mantenerse más estables incluso cuando aparecían cambios en el entorno. Ninguna de las dos estrategias es necesariamente mejor.
Todo depende de lo que el cerebro necesite en ese momento.
No existe un nivel perfecto de memoria
Para entender mejor el fenómeno, los investigadores desarrollaron además un modelo computacional capaz de simular cómo diferentes niveles de inhibición afectan a la formación y recuperación de recuerdos.
El modelo mostró que no existe un único nivel óptimo.
Cuando hay poca información almacenada, disminuir la inhibición puede ayudar a distinguir mejor experiencias muy parecidas. Pero cuando aumenta la cantidad de recuerdos, una mayor inhibición puede ser útil para impedir que las representaciones interfieran unas con otras.
Los experimentos posteriores con ratones respaldaron estas predicciones.
El mecanismo actúa cuando se crea el recuerdo
Otro detalle importante es el momento en el que ocurre este fenómeno.
Los investigadores comprobaron que el efecto aparece durante la codificación, es decir, cuando el cerebro está formando inicialmente la representación de una experiencia. No parece intervenir del mismo modo cuando un recuerdo ya está almacenado y simplemente se recupera.
Esto sugiere que el cerebro puede ajustar desde el principio cuánto detalle incorpora en cada memoria.
Un equilibrio que todavía no comprendemos del todo
Los resultados ofrecen una posible explicación neuronal de cómo el hipocampo alterna entre dos necesidades fundamentales: distinguir experiencias similares y conservar recuerdos suficientemente estables.
Pero todavía falta resolver una pregunta importante. Los investigadores no saben qué señales naturales le indican al cerebro cuándo debe aumentar o disminuir esa inhibición.
Descubrir ese mecanismo será uno de los siguientes pasos.
Y aunque los experimentos se realizaron en ratones, comprender cómo funcionan estos circuitos puede ayudar a explicar algo que nuestro cerebro hace continuamente: decidir cuándo una experiencia merece convertirse en un recuerdo nuevo y cuándo simplemente debe incorporarse a uno que ya existe.