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Ciencia

El “cuero” del futuro podría crecer en un tanque: este material de hongos se fabrica en rollos y desaparece en seis semanas

Investigadores finlandeses desarrollaron un material similar al cuero a partir de micelio cultivado en biorreactores. El avance permite producir láminas continuas de varios metros, algo difícil hasta ahora con estos biomateriales. Resiste tensiones similares al cuero convencional y puede desintegrarse completamente bajo condiciones de compostaje industrial en unas seis semanas.
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El cuero tiene una combinación difícil de reemplazar: es flexible, resistente y puede durar años. Las alternativas sintéticas consiguen imitar buena parte de esas propiedades, pero muchas dependen de plásticos derivados del petróleo.

Un equipo del Centro de Investigación Técnica VTT de Finlandia está desarrollando una opción completamente diferente. Su materia prima no procede de animales ni comienza como un polímero plástico: crece dentro de un tanque gracias a un hongo.

El resultado es un tejido no tejido basado en micelio que puede teñirse, moldearse y utilizarse para fabricar accesorios. Los investigadores ya consiguieron producir una tira de ocho metros de longitud y convertirla en un bolso funcional.

El gran problema del “cuero de hongos” era fabricar suficiente

El micelio es la red de filamentos con la que los hongos crecen y se expanden.

No es nuevo utilizarlo para fabricar materiales. Uno de los métodos habituales consiste en dejar crecer el hongo sobre grandes bandejas hasta que los filamentos formen una superficie compacta.

El problema aparece al intentar llevarlo a escala industrial: el tamaño de cada lámina queda limitado por el recipiente en el que crece y aumentar el volumen de producción resulta complicado.

El equipo finlandés cambió por completo el procedimiento.

Utilizó Trichoderma reesei y lo cultivó mediante fermentación sumergida, introduciendo el hongo en líquido rico en nutrientes dentro de biorreactores similares conceptualmente a los empleados en otras industrias de fermentación. En vez de crecer directamente como una lámina, el micelio termina formando una masa fibrosa parecida a una pulpa.

El “cuero” del futuro podría crecer en un tanque: este material de hongos se fabrica en rollos y desaparece en seis semanas
© Anna Tarazevich – Pexels

Después lo fabrican prácticamente como si fuera papel

La biomasa se recoge, se lava y se mezcla con sorbitol y celulosa para mejorar su flexibilidad y resistencia.

Después, la mezcla se extiende en capas finas y se seca hasta convertirse en un material no tejido con apariencia y comportamiento similares al cuero. Este método permite además incorporar pigmentos, modificar la textura o depositar el micelio directamente sobre tejidos de algodón.

Para demostrar que la idea podía superar las pequeñas muestras de laboratorio, los científicos utilizaron un sistema continuo de rodillos parecido al de la industria papelera.

Consiguieron producir una lámina de aproximadamente 20 centímetros de ancho y ocho metros de largo. Con parte de ella confeccionaron un bolso negro como demostración.

Ese detalle es probablemente el mayor avance del trabajo: no tanto haber creado otro material basado en hongos, sino haber demostrado una ruta de fabricación continua compatible con equipos industriales existentes.

Puede resistir como el cuero, pero todavía tiene un punto débil

En las pruebas mecánicas, el material alcanzó resistencias a la tracción comparables con el cuero tradicional. Eso significa que puede soportar fuerzas considerables antes de romperse cuando se tira de él desde extremos opuestos.

Pero todavía existe un problema importante: su resistencia al desgarro necesita mejorar.

No es un detalle menor. Zapatos, bolsos o prendas deben soportar pliegues, perforaciones, roces y tirones durante años, así que el material aún necesita más desarrollo antes de convertirse en sustituto comercial del cuero.

Bajo condiciones adecuadas desaparece en seis semanas

Su comportamiento al final de la vida útil es quizá lo más llamativo.

En las pruebas realizadas por el equipo, el material se degradó en agua en 28 días y se desintegró completamente después de aproximadamente seis semanas bajo condiciones de compostaje industrial.

Eso no significa que un bolso vaya a desaparecer después de mes y medio de uso. Esas cifras corresponden a condiciones controladas de biodegradación, no a tener el producto guardado en un armario.

El objetivo es exactamente el contrario: conseguir un material suficientemente resistente mientras se utiliza, pero que no permanezca durante décadas o siglos como residuo cuando finalmente se desecha.

Y el micelio acaba de superar una de las barreras que más dificultaban esa idea: ya no necesita crecer bolso por bolso. Puede empezar a salir de una máquina en rollos de varios metros.

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