Los delfines tienen fama de ser animales inteligentes, sociables y hasta simpáticos, pero su comportamiento en la naturaleza puede ser mucho más complejo de lo que sugiere esa imagen.
Un nuevo estudio acaba de documentar una estrategia de alimentación especialmente llamativa: un delfín mular persigue determinados peces hasta que estos vomitan y, en lugar de capturarlos, se alimenta directamente de lo que expulsan.
El protagonista es un macho apodado “Bubbles”, observado durante un seguimiento de fauna marina y descrito en un trabajo publicado en la revista Ecology and Evolution. Lo sorprendente no es solamente que aproveche el vómito de otros animales, sino que parece seleccionar cuidadosamente qué peces perseguir.
Perseguir al pez sin intención de comérselo
Los investigadores observaron a Bubbles persiguiendo repetidamente a ejemplares de un pez conocido como carángido ojón.
Durante estas persecuciones, el delfín no intentaba necesariamente capturar al animal.
En cambio, mantenía la presión hasta que el pez expulsaba el contenido de su estómago, probablemente como respuesta al estrés o como mecanismo defensivo para reducir peso y escapar con mayor rapidez. En ese momento, el delfín abandonaba la persecución y se comía el material regurgitado.
El comportamiento resulta especialmente curioso porque el pez sigue vivo y puede escapar. El verdadero objetivo del delfín parece ser, por tanto, el alimento que llevaba dentro.

Una forma extrema de “robar” comida
Los científicos relacionan este comportamiento con el cleptoparasitismo, una estrategia conocida en numerosas especies animales. En términos generales, el cleptoparasitismo ocurre cuando un animal obtiene alimento que otro organismo ya había capturado o procesado. Es habitual, por ejemplo, entre aves que roban peces a otros individuos después de que estos los hayan capturado.
El caso de Bubbles es diferente. Aquí el delfín no roba una presa directamente, sino que aprovecha alimento que ya había sido ingerido parcialmente por otro animal y lo recupera después de obligarlo indirectamente a expulsarlo.
Eso convierte esta estrategia en un comportamiento alimentario particularmente singular.
¿Cómo sabe qué peces llevan comida dentro?
Una de las grandes incógnitas es cómo el delfín elige a qué individuo perseguir dentro de un banco de peces.
Los investigadores consideran que la ecolocalización podría desempeñar un papel importante. Los delfines emiten pulsos acústicos y analizan los ecos que regresan para interpretar su entorno. Este sistema les permite identificar objetos, calcular distancias e incluso diferenciar características de determinadas presas.
Los científicos plantean la posibilidad de que Bubbles pueda utilizar esa capacidad para detectar diferencias entre peces e incluso identificar cuáles tienen el estómago lleno. Por ahora, sin embargo, esa hipótesis todavía necesita más pruebas.
Un comportamiento observado en un solo delfín
Existe además una limitación importante: esta estrategia se ha documentado únicamente en un individuo.
Eso significa que todavía no se sabe si se trata de una conducta propia de Bubbles, de una técnica aprendida por otros delfines de la región o de un comportamiento más extendido que simplemente había pasado desapercibido. Observar estas interacciones en mar abierto es extremadamente difícil, por lo que muchas conductas animales pueden producirse durante años sin ser registradas.
El caso de Bubbles vuelve a mostrar hasta qué punto la alimentación de los delfines puede implicar estrategias sofisticadas, aprendizaje y decisiones individuales.
Y aunque la técnica resulte poco agradable desde una perspectiva humana, desde el punto de vista del delfín tiene una ventaja evidente: conseguir alimento sin necesidad de capturar ni matar directamente a la presa.