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Ciencia

Las mujeres prehistóricas no solo cuidaban: cazaban, heredaban poder y organizaban linajes

La imagen clásica de la prehistoria, con hombres cazadores y mujeres dedicadas exclusivamente al cuidado y al hogar, está siendo revisada. Nuevos análisis genéticos, arqueológicos y osteológicos muestran que las sociedades antiguas fueron mucho más diversas en sus formas de organización, trabajo, parentesco y poder.
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Durante buena parte del siglo XX, la prehistoria fue explicada mediante un esquema aparentemente sencillo: los hombres salían a cazar y combatían, mientras las mujeres permanecían en los asentamientos cuidando a los niños y realizando tareas domésticas.

Sin embargo, los avances en genética, proteómica y análisis de restos humanos están obligando a revisar esa imagen. Cada vez aparecen más evidencias de que las sociedades antiguas no siguieron un único modelo y que el papel de las mujeres pudo variar enormemente entre comunidades, épocas y regiones.

Esto no significa que la prehistoria haya sido necesariamente matriarcal. La conclusión es mucho más interesante: existió una enorme diversidad en la forma de repartir el trabajo, organizar las familias, transmitir el poder y definir el estatus social.

Mujeres que también participaron en la caza

Uno de los ejemplos más llamativos apareció en los Andes peruanos.

En un enterramiento de aproximadamente 9.000 años de antigüedad, los arqueólogos encontraron a una persona acompañada por herramientas utilizadas para la caza de grandes animales. Inicialmente, un conjunto funerario de este tipo podría haber llevado fácilmente a interpretar que se trataba de un hombre.

Los análisis posteriores determinaron que era una mujer joven.

El caso resultó todavía más relevante cuando los investigadores revisaron otros enterramientos americanos asociados a herramientas de caza. Entre 27 individuos cuyo sexo pudo determinarse, 16 eran hombres y 11 mujeres.

Esto no demuestra que hombres y mujeres participaran siempre por igual en estas actividades, pero sí cuestiona la idea de que la caza de grandes animales fuera necesariamente una ocupación exclusivamente masculina.

Un enterramiento vikingo que cambió de interpretación

Algo parecido ocurrió en Birka, Suecia, en uno de los enterramientos más conocidos de la época vikinga.

La tumba contenía armas, equipamiento militar y otros elementos tradicionalmente asociados a guerreros. Durante décadas se asumió que la persona enterrada allí era un hombre.

Sin embargo, un análisis genómico reveló una combinación cromosómica XX, indicando que los restos pertenecían a una mujer.

El descubrimiento cambió la interpretación del enterramiento, aunque requiere cierta cautela. El hecho de que una mujer fuera enterrada con armas y objetos vinculados con actividades militares no permite demostrar automáticamente que combatiera, dirigiera tropas o desempeñara una función militar concreta.

Sí demuestra, en cambio, que asociar determinados objetos exclusivamente con hombres puede conducir a interpretaciones equivocadas.

Mujeres dentro de las élites y los linajes de poder

La genética también está permitiendo reconstruir cómo funcionaban algunas sociedades jerarquizadas.

Estudios realizados sobre élites de la Edad del Hierro en Europa central sugieren que las estructuras de poder no dependían siempre de linajes exclusivamente masculinos.

En determinados grupos, las mujeres pudieron ocupar posiciones destacadas dentro de familias dominantes y desempeñar un papel importante en la transmisión de autoridad y estatus entre generaciones.

Pero uno de los casos más reveladores procede del asentamiento neolítico de Çatalhöyük, en la actual Turquía.

Cuando la casa se organizaba alrededor del linaje materno

Los investigadores analizaron el ADN de 131 individuos enterrados en este enorme asentamiento neolítico.

Muchos cuerpos habían sido depositados bajo los pisos de las viviendas, una práctica habitual en la comunidad. Al reconstruir sus relaciones familiares, los científicos descubrieron que los vínculos entre individuos enterrados bajo una misma casa aparecían con frecuencia conectados a través de la línea materna.

Los datos sugieren además que las hijas tendían a permanecer vinculadas a las viviendas familiares con mucha mayor frecuencia.

Esto apunta a que algunas comunidades pudieron organizar parte de su estructura doméstica alrededor de linajes femeninos y prácticas cercanas a la matrilocalidad.

La genética no está sustituyendo una vieja historia dominada por hombres por otra dominada por mujeres. Está mostrando algo mucho más complejo: la prehistoria estuvo formada por sociedades muy distintas entre sí, y muchas de las reglas que durante décadas dimos por universales quizá nunca lo fueron.

 

 

Fuente: Xataka.

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