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Ciencia

El árbol ornamental que está ayudando a expandirse a la primera abeja invasora de Europa

La abeja gigante de la resina, originaria de Asia, lleva casi dos décadas expandiéndose por Europa. Un nuevo estudio revela que su avance no depende solo del clima: la presencia masiva de la sófora, un árbol ornamental también asiático, está facilitando su instalación en las ciudades.
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Las especies invasoras no siempre llegan solas. A veces, una introducción humana aparentemente inofensiva termina creando las condiciones perfectas para que otra especie exótica consiga establecerse y expandirse.

Eso es precisamente lo que parece estar ocurriendo en varias ciudades europeas con la abeja gigante de la resina (Megachile sculpturalis), considerada la primera abeja invasora documentada en Europa, y la sófora o acacia de Japón (Styphnolobium japonicum), un árbol ornamental plantado de forma masiva en parques y calles.

Un nuevo estudio liderado por investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona ha encontrado que la presencia de este árbol puede ser tan importante como el propio clima para explicar la expansión de la abeja.

Una abeja invasora que encontró alimento en las ciudades

La Megachile sculpturalis es originaria de China, Japón, Corea y Taiwán. Su primera detección en Europa se produjo en el sudeste de Francia en 2008 y, desde entonces, su presencia se ha multiplicado rápidamente por diferentes países del continente.

El árbol ornamental que está ayudando a expandirse a la primera abeja invasora de Europa
© Esta es mi tierra Aragon TV – Youtube.

En Catalunya comenzó a registrarse en 2018 y en pocos años sus observaciones aumentaron de forma notable.

El nuevo trabajo señala una de las claves de ese éxito: la abeja se alimenta de manera preferente del polen de la sófora, un árbol originario de Asia que comenzó a introducirse en Europa con fines ornamentales hace siglos.

La coincidencia es especialmente favorable porque ambas especies alcanzan una gran actividad durante el verano. La sófora florece precisamente en esa época, proporcionando una fuente abundante de alimento cuando la abeja está más activa.

Miles de árboles funcionando como una despensa

La sófora se ha convertido en un elemento habitual del paisaje urbano. Solo en Barcelona existen alrededor de 11.000 ejemplares, lo que supone una enorme disponibilidad de recursos para una especie capaz de aprovechar su polen. Los investigadores analizaron datos recogidos en toda Catalunya y compararon el peso de distintos factores, entre ellos la temperatura, la geografía y la presencia de la planta.

Los resultados sugieren que tener sóforas cerca puede ser al menos tan determinante como contar con unas condiciones climáticas adecuadas.

Esto significa que los jardines y avenidas urbanos no son simplemente escenarios donde aparece la abeja: en determinados casos pueden estar facilitando activamente su expansión.

Cuando dos especies exóticas se benefician mutuamente

El fenómeno representa un ejemplo de lo que los ecólogos describen como una posible facilitación entre especies invasoras.

El árbol fue introducido por su aspecto ornamental y por su resistencia a las condiciones urbanas. Décadas después, esa misma abundancia proporciona ahora alimento a otra especie llegada desde el mismo continente.

El problema no reside necesariamente en un único árbol o insecto, sino en cómo las decisiones tomadas durante décadas sobre el diseño de parques y ciudades pueden modificar las relaciones ecológicas locales. La expansión de Megachile sculpturalis también preocupa porque puede competir por recursos y lugares de nidificación con abejas autóctonas.

El árbol ornamental que está ayudando a expandirse a la primera abeja invasora de Europa
© Esta es mi tierra Aragon TV – Youtube.

Eliminar los árboles ya no resolvería el problema fácilmente

Aun así, los científicos advierten que la solución no consiste simplemente en retirar todas las sóforas. La abeja lleva casi dos décadas expandiéndose por Europa y ya utiliza distintos recursos vegetales. Una vez establecida, eliminar una de sus fuentes principales de alimento no garantiza que desaparezca.

Además, no todas las especies invasoras responden de la misma manera ni dependen tanto de una planta concreta.

El estudio deja, sin embargo, una advertencia clara: la selección de especies utilizadas en jardines y calles puede tener efectos ecológicos mucho más amplios de lo que parece. Un árbol elegido hace décadas por su sombra o sus flores puede acabar desempeñando un papel inesperado en la expansión de una especie invasora a miles de kilómetros de su ecosistema original.

Fuente: Xataka.

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