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Ciencia

El deshielo del Ártico está llevando a los osos polares a enfrentarse a un virus desconocido, y los científicos ya detectaron un aumento preocupante

El retroceso del hielo está cambiando los hábitos alimentarios de los osos polares y exponiéndolos a enfermedades que antes permanecían fuera de su alcance. Un estudio acaba de revelar una señal de alerta.
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El cambio climático está transformando el Ártico de maneras que van mucho más allá de la desaparición de sus paisajes helados. A medida que el hielo marino retrocede, los animales que dependen de él se ven obligados a modificar sus comportamientos para sobrevivir. Entre ellos se encuentran los osos polares, que están comenzando a buscar alimentos en lugares donde antes rara vez necesitaban aventurarse.

Este desplazamiento está generando encuentros inesperados con otras especies y, con ellos, nuevos riesgos sanitarios. Una investigación reciente encontró evidencias de que estos grandes depredadores están entrando en contacto con un virus que representa una amenaza creciente para la fauna silvestre. Lo más llamativo es que los registros muestran un incremento considerable de la exposición en apenas un año.

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© Stockholm University – Youtube.

Las aves migratorias están llevando una amenaza hasta los osos polares

Las aves migratorias podrían estar desempeñando un papel fundamental en la propagación de la gripe aviar entre los mamíferos del Ártico. Esta es una de las principales conclusiones de un estudio encabezado por investigadores de la Universidad de Cornell, que identificó anticuerpos contra el virus de la influenza A en osos polares de Groenlandia.

Cada año, numerosas especies de aves recorren largas distancias desde distintas regiones del planeta para llegar al Ártico, donde encuentran condiciones adecuadas para reproducirse. Utilizan principalmente las rutas migratorias del Atlántico Oriental y del Atlántico Norteamericano, y muchas terminan concentrándose en grandes colonias.

Estas agrupaciones facilitan la circulación de agentes infecciosos. Las aves acuáticas y costeras, en particular, constituyen importantes reservorios de la influenza aviar de alta patogenicidad (IAAP), una variante del virus que puede provocar enfermedades graves y que también tiene capacidad para infectar a determinados mamíferos.

El problema es que los osos polares están modificando sus hábitos debido a la pérdida de hielo marino. El calentamiento del Ártico avanza aproximadamente cuatro veces más rápido que el promedio mundial, lo que reduce el espacio disponible para cazar y obliga a estos animales a permanecer más tiempo en tierra firme.

Allí pueden encontrarse con aves infectadas, consumir sus huevos o alimentarse de cadáveres que contienen el patógeno. También pueden entrar en contacto con otros animales portadores de la enfermedad.

La investigadora Kayla Buhler, primera autora del trabajo y becaria postdoctoral del Centro K. Lisa Yang para la Salud de la Fauna Silvestre de Cornell, explicó que los cambios en la alimentación están exponiendo a los osos a microorganismos con los que históricamente tenían pocas oportunidades de entrar en contacto.

Una transformación en la alimentación que también modifica los riesgos sanitarios

Los científicos ya observaron comportamientos que reflejan hasta qué punto están cambiando las estrategias de supervivencia de estos depredadores. En Svalbard, Noruega, por ejemplo, se registraron osos polares cazando renos, una conducta que anteriormente no se había documentado en esa región.

También se están acercando cada vez más a las colonias de aves, donde encuentran oportunidades para alimentarse de animales y huevos.
Este cambio tiene consecuencias que no se limitan a la dieta. Cuando un oso consume un ave infectada, puede quedar expuesto al virus. La transmisión también podría producirse mediante el contacto con animales muertos o con restos contaminados.

Además, los investigadores consideran que los lugares donde se concentran los cadáveres y los residuos alimentarios podrían favorecer nuevos contactos entre especies. Esto incluye zonas de caza y contenedores de basura cercanos a los asentamientos humanos.

El fenómeno preocupa especialmente porque los osos polares son animales altamente especializados en la vida sobre el hielo. La necesidad de adaptarse a un entorno diferente podría exponerlos a patógenos para los que no cuentan con una respuesta inmunológica suficientemente conocida.

Los casos positivos se duplicaron entre 2024 y 2025

Para investigar la presencia del virus, científicos de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca, reunieron 109 muestras de sangre cardíaca obtenidas de osos polares cazados por inuit en las inmediaciones de Scoresby Sound, en el este de Groenlandia.

Las muestras corresponden al período comprendido entre 2016 y 2025. En el laboratorio, los investigadores separaron el plasma sanguíneo y buscaron anticuerpos contra la influenza A. Estas proteínas son producidas por el sistema inmunológico cuando entra en contacto con un virus y permiten identificar exposiciones anteriores, incluso cuando la infección ya desapareció.

Los resultados mostraron una diferencia significativa entre los primeros años del estudio y los registros más recientes.

Entre 2016 y 2023 no se encontraron evidencias de exposición. Sin embargo, en 2024 aparecieron anticuerpos en el 21 % de los 14 ejemplares analizados. Al año siguiente, la proporción alcanzó el 43 % de otros 14 animales.

Las pruebas adicionales también identificaron cuatro osos con anticuerpos específicos contra cepas de influenza aviar de alta patogenicidad.
Esto no significa que los ejemplares estuvieran enfermos al momento de obtener las muestras. Buhler aclaró que los investigadores encontraron señales de infecciones anteriores que los animales aparentemente habían conseguido superar.

El descubrimiento resulta especialmente importante porque demuestra que los osos polares pueden recuperarse después de exponerse al virus y continuar con sus actividades.

Las muertes registradas en otras regiones aumentan la preocupación

Los resultados de Groenlandia coinciden con otros episodios documentados en diferentes sectores del Ártico. En 2026, investigadores informaron sobre la muerte de un oso polar joven en Svalbard, que habría contraído influenza aviar de alta patogenicidad después de consumir una morsa infectada.

En 2025, otro estudio había identificado el virus H5N5 en zorros árticos de esa misma región. Estos animales suelen alimentarse de carroña y también cazan aves y consumen sus huevos, por lo que pueden quedar expuestos a los patógenos que circulan entre las especies migratorias.
En ambos casos, los investigadores detectaron mutaciones virales que podrían facilitar la infección de mamíferos. Mientras tanto, en Groenlandia también se encontraron aves muertas portadoras de cepas peligrosas, entre ellas H5N1 y H5N5.

Todavía quedan preguntas importantes por responder. Los científicos necesitan determinar si las variantes presentes en Groenlandia poseen características que aumentan su capacidad para infectar mamíferos y si los osos polares podrían transmitir el virus entre individuos de su propia especie.

Por el momento, los cazadores inuit que participaron en la investigación no informaron haber observado animales con síntomas evidentes. Los investigadores creen que buena parte de las exposiciones pudo producirse durante el verano anterior a la recolección de las muestras, cuando las aves migratorias se encuentran más presentes en la región.

El estudio, publicado en Emerging Infectious Diseases, plantea una advertencia que va más allá de la gripe aviar: la transformación del Ártico también está modificando las relaciones entre las especies y las enfermedades que circulan entre ellas.

Para Buhler, vigilar la aparición de nuevos patógenos será cada vez más importante. A medida que las poblaciones de osos polares enfrentan las consecuencias de la pérdida de hielo, las enfermedades podrían convertirse en otro factor determinante para su supervivencia.

 

[Fuente: Infobae]

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