Una de las bombas de Palomares. AP

17 de enero de 1966, m√°s o menos sobre las 10:30 de la ma√Īana. Sobre el cielo del pueblo pesquero de Palomares (Espa√Īa), un bombardero estadounidense B-52G colisiona con un avi√≥n nodriza KC-135 Stratotanker. ¬ŅResultado? Se pierden cuatro bombas nucleares en el territorio espa√Īol de 1.4 megatones cada una.

Lo ocurrido es popularmente conocido como el ‚Äúincidente Palomares‚ÄĚ, y aunque ocurri√≥ hace mucho tiempo y muchos lo conocer√°n, sigue siendo uno de esos relatos que parecen m√°s propios de la ficci√≥n que del mundo real. Si el hecho de que cuatro bombas nucleares caigan de manera accidental sobre un pa√≠s, ya es ins√≥lito, que durante m√°s de dos meses se encuentren en paradero desconocido da para una pel√≠cula (sin duda una comedia si se produce en Espa√Īa).

Volviendo al día de los hechos, aquel día había despegado temprano el bombardero Stratofortress B-52 de la base aérea Seymour Johnson, en Carolina del Norte. El aparato se dirigió hacia Europa, donde tenía como misión patrullar cerca de las fronteras de la Unión Soviética con cuatro armas nucleares, parte de la denominada Operación Chrome Dome, un programa de la Guerra Fría para proporcionar la posibilidad de respuesta rápida las 24 horas en caso de guerra.

Un operario a bordo de un KC-135 durante el repostaje en vuelo de un bombardero B-52 en 2006. Wikimedia Commons

Al d√≠a siguiente, durante su regreso a Estados Unidos, el B-52 deb√≠a reunirse con un KC-135 para reabastecerse de combustible en Espa√Īa. El Capit√°n Charles Wendorf, piloto de las Fuerzas A√©reas de 29 a√Īos y a los mandos del bombardero, le pidi√≥ a su copiloto, el Mayor Larry Messinger, que tomara el control mientras se aproximaban al punto de reabastecimiento.

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En un momento dado, Messinger sintió que algo no iba bien. Debido a un fallo en la maniobra de acoplamiento, ambas aeronaves colisionaron y cayeron. Los cuatro tripulantes del KC-135 resultaron muertos, al igual que tres del B-52 (cuatro lograron eyectarse).

R√°pidamente, los oficiales de la Fuerza A√©rea estadounidense que se encontraban en Espa√Īa se apresuraron a agrupar a las tropas que pudieron encontrar para dirigirse hacia Palomares.

Comienza la b√ļsqueda. AP

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Las bombas, cada una con 1.45 megatones de poder explosivo, aproximadamente 100 veces m√°s que la bomba arrojada sobre Hiroshima, no estaban montadas, lo que significa que no hab√≠a posibilidad de una detonaci√≥n nuclear. Sin embargo, adem√°s de perder los dos aviones y las cuatro bombas termonucleares Mark 28 valoradas en alrededor de 2 mil millones de d√≥lares cada una (seg√ļn la valoraci√≥n del Secretario de Defensa en ese momento), el √°rea alrededor de Palomares estaba en peligro, sujeta a altos niveles de radiaci√≥n ionizante.

Una de las bombas se recuper√≥ intacta, pero los explosivos que hab√≠a en otras dos, dise√Īados para detonarse y desencadenar un estallido nuclear, explotaron. Dichas explosiones dejaron cr√°teres del tama√Īo de una casa a cada lado del pueblo, dispersando plutonio y contaminando tierras de cultivo.

Mediciones en Palomares tras el incidente. AP

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La cuarta bomba permaneci√≥ desaparecida tras varios d√≠as de b√ļsqueda, y su ausencia fue una verg√ľenza para Estados Unidos, adem√°s de potencialmente letal para la gente de la zona. De hecho, el Pent√°gono hizo un llamamiento a sus ingenieros, quienes trataron de determinar d√≥nde pudo haber aterrizado la bomba desaparecida. Las circunstancias del choque y la multitud de variables hicieron que tal estimaci√≥n fuera bastante complicada. Las pistas apuntaban al mar, pero hab√≠a pocos datos fiables para indicar d√≥nde.

El problema con la √ļltima bomba era que, debido a que su paraca√≠das se hab√≠a desplegado, era m√°s dif√≠cil localizarlo. Unas semanas despu√©s, la entrevista con un pescador que vio a cuatro miembros de la tripulaci√≥n del bombardero aterrizar en el mar produjo un gran avance.

B√ļsqueda en el mar de la cuarta bomba. AP

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El hombre hablaba de un ‚Äúcuarto hombre muerto‚ÄĚ, lo que result√≥ ser la famosa bomba atada a su paraca√≠das. Dicha informaci√≥n llev√≥ a los ingenieros que ayudaron a la b√ļsqueda a recomendar una nueva zona. El 11 de febrero, la Marina llam√≥ a Alvin, un sumergible que pesaba 13 toneladas. Ten√≠a espacio para un piloto y dos observadores, llevaba varias c√°maras, y pod√≠a bucear a 1,8 kil√≥metros.

Lo cierto es que la tecnolog√≠a primitiva del Alvin hizo que la b√ļsqueda fuera lenta. No hubo progreso hasta el 1 de marzo, cuando detectaron una pista en el fondo del mar. Dos semanas despu√©s vieron la bomba: a 700 metros debajo de la superficie, casi exactamente en el mismo lugar donde el pescador la hab√≠a visto entrar al agua.

Alvin. Wikimedia Commons

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El 24 de marzo, los buzos lograron conectar una cuerda al paracaídas de la bomba, pero una hora más tarde, la cuerda se rompió y la bomba regresó al fondo del océano.

La volvieron a encontrar el 2 de abril, descansando a unos 100 metros m√°s profundo en la misma √°rea. La Marina prepar√≥ otro plan usando un veh√≠culo de recuperaci√≥n no tripulado, pero qued√≥ atrapado en el paraca√≠das de la bomba. El 7 de abril, harto de la situaci√≥n, el almirante que lideraba la b√ļsqueda orden√≥ a su tripulaci√≥n que lo levantaran absolutamente todo hasta sacar la maldita bomba.

Dos bombas de Palomares en el National Atomic Museum de Albuquerque, Nuevo México. Wikimedia Commons

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Y as√≠ fue. 81 d√≠as despu√©s, lograron sacar la bomba nuclear. A la noticia le sigui√≥ el desembolso de 700 mil d√≥lares del gobierno estadounidense para tratar de resolver las m√°s de 500 reclamaciones espa√Īolas, incluso el famoso pescador le lleg√≥ a pedir a los estadounidenses 5 millones por encontrar la bomba a trav√©s de una demanda (y gan√≥, aunque le pagaron 15 mil d√≥lares por ello).

Sin embargo, detr√°s de este accidente hubo una tragedia mayor. Aunque el por aquel entonces ministro de Informaci√≥n y Turismo, Manuel Fraga, se ba√Īara en las aguas de Palomares de manera simb√≥lica para demostrar que no hab√≠a riesgo de radioactividad en la zona, lo cierto es que nunca se sabr√° con exactitud el alcance.

El ‚Äúba√Īo‚ÄĚ de Fraga en Palomares. AP

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En los 90 se realizaron pruebas en el pueblo que demostraban altos niveles de americio, un producto de plutonio en descomposici√≥n. Otras pruebas mostraron que 50.000 metros c√ļbicos del suelo permanec√≠an radiactivos. De hecho, Estados Unidos acord√≥ limpiar la contaminaci√≥n que quedaba en la zona en 2015.

Dicen los investigadores que es imposible vincular los c√°nceres a una sola exposici√≥n a la radiaci√≥n, y no ha habido ning√ļn estudio para evaluar si tienen una incidencia elevada en la enfermedad, pero en los a√Īos transcurridos desde entonces, hay un dato incuestionable. De los 40 veteranos estadounidenses implicados en la b√ļsqueda, 21 ten√≠an c√°ncer en 2016, y nueve de ellos murieron a causa de la enfermedad. [Wikipedia]