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Noviembre de 2016, siete horas después de que el terrorista Abdul Razak atropellara a varias personas y la policía lo matara a tiros, el FBI trata de acceder a su iPhone a través del dedo índice del cuerpo ensangrentado de Razak. Desde entonces, esta práctica se ha repetido en el tiempo.

En aquella ocasión, los agentes esperaban que las huellas dactilares del fallecido ayudaran a superar las protecciones de la tecnología Touch ID de Apple para saber o aprender más sobre los motivos del atacante y el propio terrorista. Sin embargo, la huella digital sin vida de Abdul no desbloqueó el dispositivo.

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En las horas que transcurrieron entre su muerte y el intento de desbloqueo, cuando los federales tuvieron que pasar por procesos legales relacionados con el acceso al tel√©fono, el iPhone se hab√≠a quedado ‚Äúdormido‚ÄĚ y, cuando se volvi√≥ a abrir, se requer√≠a una contrase√Īa.

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Como decíamos, fue la primera vez que los agentes hacían uso de las huellas de un cadáver para acceder a la información personal de un teléfono. No funcionó, pero las siguientes veces sí lo hicieron. Las fuerzas policiales de Estados Unidos han practicado de forma rutinaria el desbloqueo de teléfonos usando sospechosos fallecidos y sus dedos, ahorrándose así el desembolso de herramientas de ciberguerra como los aproximadamente 1500/3000 dólares de sistemas de desbloqueo.

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En realidad, existía un precedente para esto en ambos lados de la ley. Cuando los fabricantes de automóviles empezaron a desplegar las cerraduras de huellas dactilares para sus sistemas de encendido, algunos secuestradores comenzaron a cortarle los dedos a sus víctimas.

¬ŅY es legal? Totalmente. En Estados Unidos, aunque puedan existir algunos dilemas √©ticos a considerar, no existen trabas legales. De hecho, y como explica la abogada Marina Medvin¬†a Forbes, una vez que una persona ha fallecido, ya no hay inter√©s privado en su cad√°ver, ‚Äúeso significa que ya no tienen derecho a reclamar derechos de privacidad‚ÄĚ.

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Incluso si alg√ļn pariente u otras partes interesadas trataran de impedirlo, tienen pocas posibilidades de detener a los polic√≠as que usan huellas dactilares u otras partes del cuerpo para acceder a los m√≥viles. Seg√ļn Medvin:

Una vez que comparte información con alguien, pierde el control sobre cómo se protege y utiliza esa información. No puede hacer valer sus derechos de privacidad cuando se busca el teléfono de su amigo y la policía ve los mensajes que le envió a su amigo. Lo mismo ocurre con el intercambio de información con el difunto: después de que le hayas revelado la información al fallecido, has perdido el control de la privacidad.

Y esto es algo que la polic√≠a sabe perfectamente. Ni siquiera necesitan una orden de registro para entrar en el tel√©fono de la v√≠ctima, ‚Äúa menos que sea de propiedad compartida‚ÄĚ, comenta el detective de homicidios de la polic√≠a de Ohio, Robert Cutshall. Siendo as√≠, el futuro podr√≠a estar marcado por polic√≠as que sostienen iPhone X y los acercan a los rostros de los muertos para desbloquear tel√©fonos con tecnolog√≠a de reconocimiento facial. Da para un buen cap√≠tulo de Black Mirror. [Forbes v√≠a BoingBoing]