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Europa mira al norte de África como su próximo gran filón energético: sol, viento e hidrógeno a un paso de casa

La crisis energética empujó a Europa a buscar proveedores más cercanos y menos vulnerables. El norte de África aparece como una pieza clave: tiene sol, viento, terreno disponible y proyectos de renovables, hidrógeno e interconexiones con Europa. Pero convertir esa promesa en energía real todavía será difícil.
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Europa busca energía más cerca de casa

La guerra entre Rusia y Ucrania cambió para siempre el mapa energético europeo. El continente aceleró su ruptura con el gas ruso, multiplicó compras de gas natural licuado y aprendió una lección incómoda: depender de proveedores lejanos puede ser caro, vulnerable y políticamente peligroso.

Las tensiones en Oriente Medio y el riesgo sobre rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz refuerzan esa idea. Europa necesita energía limpia, estable y cercana. Y ahí el norte de África vuelve a aparecer como una oportunidad enorme.

Marruecos, Argelia y Túnez tienen tres ventajas evidentes: abundancia de sol, potencial eólico y proximidad geográfica con Europa. La pregunta no es si pueden producir energía. La pregunta es si pueden conectarla, transportarla y venderla de forma fiable.

Marruecos quiere convertirse en potencia renovable

Marruecos es uno de los países que más claramente entendió el valor estratégico de las renovables. Su plan pasa por sumar unos 16 GW de capacidad limpia en los próximos años, con inversiones millonarias en solar y eólica.

El país también está intentando posicionarse en hidrógeno verde, un mercado que Europa mira con especial interés para descarbonizar industrias difíciles de electrificar, como fertilizantes, acero, transporte pesado o ciertos procesos químicos.

Para Bruselas, Marruecos tiene un atractivo evidente: está cerca, tiene buenos recursos renovables y puede funcionar como puente energético entre África y Europa.

Europa mira al norte de África como su próximo gran filón energético: sol, viento e hidrógeno a un paso de casa
© Magnific

Argelia y Túnez también aceleran

Argelia, históricamente asociada al gas, también quiere entrar con más fuerza en la energía solar. Su objetivo de alcanzar 15 GW solares para 2035 marca un giro relevante para un país con enorme radiación y territorio disponible.

Túnez, por su parte, intenta reducir una dependencia energética muy pesada. El país sigue muy ligado al gas natural, pero está licitando y construyendo nuevas plantas solares y eólicas. Uno de los proyectos recientes es Sidi Bouzid II, una planta solar de 120 MW desarrollada por Scatec junto a socios japoneses.

El avance más importante, sin embargo, puede estar bajo el mar: ELMED, la interconexión eléctrica de 600 MW entre Túnez e Italia. Ese cable permitiría mover electricidad entre ambas orillas del Mediterráneo y convertir a Túnez en una puerta energética hacia Europa.

El gran reto es transportar la energía

Producir electricidad renovable en el norte de África es solo la mitad del problema. La otra mitad es llevarla a Europa.

Hay dos caminos principales. El primero son los cables submarinos, como ELMED, que permiten exportar electricidad directamente. El segundo es transformar electricidad renovable en hidrógeno verde y transportarlo mediante barcos o gasoductos adaptados.

Ahí aparecen empresas como Snam, que ya tiene presencia en infraestructuras gasistas entre Argelia, Túnez e Italia. La posibilidad de reconvertir parte de esas redes para hidrógeno es atractiva, pero todavía enfrenta desafíos técnicos, económicos y regulatorios.

El hidrógeno verde, además, sigue siendo caro. Aunque el norte de África puede producirlo con menor coste gracias al sol y al viento, todavía compite con hidrógeno obtenido a partir de gas natural, mucho más barato en la actualidad.

Europa mira al norte de África como su próximo gran filón energético: sol, viento e hidrógeno a un paso de casa
© Magnific

La promesa no está garantizada

El entusiasmo tiene motivos, pero también límites. La región acumula anuncios ambiciosos, memorandos de entendimiento y objetivos de gigavatios que no siempre se transforman en capacidad instalada.

Europa ya vivió el antecedente de Desertec, aquel gran sueño de alimentar el continente con energía solar del Sahara que terminó chocando con la realidad política, financiera y técnica.

También hay un debate incómodo: si el norte de África se convierte en proveedor energético de Europa, ¿cuánta de esa energía quedará para desarrollar las economías locales? Una transición justa no puede limitarse a exportar electricidad o hidrógeno mientras las poblaciones cercanas siguen enfrentando problemas de acceso, empleo o infraestructura.

Un nuevo mapa energético mediterráneo

Aun con esos obstáculos, la dirección es clara. Europa quiere diversificar proveedores, reducir dependencia fósil y acercar la generación limpia a su frontera sur. El norte de África quiere atraer inversión, modernizar redes y convertir sus recursos naturales en desarrollo industrial.

Si los proyectos avanzan, el Mediterráneo puede dejar de ser solo una frontera geográfica para convertirse en un corredor energético.

La oportunidad está ahí: sol, viento, cables, gasoductos, hidrógeno y una Europa dispuesta a pagar por seguridad energética.

Pero el filón no será automático. Harán falta inversiones reales, reglas claras, estabilidad política, beneficios locales y una infraestructura que hoy todavía está en construcción.

Europa mira al norte de África como su próximo gran proveedor verde. La gran pregunta es si esta vez la promesa llegará a enchufarse a la red.

 

 

Fuente: Xataka.

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