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Ciencia

El inesperado patrón cerebral que podría cambiar todo lo que sabemos sobre el autismo

Un estudio con una tecnología de análisis sin precedentes descubrió que el cerebro de los niños autistas procesa los rostros de una manera diferente desde fases muy tempranas. Los hallazgos revelan una trayectoria única del desarrollo cerebral y ofrecen nuevas pistas para mejorar el diagnóstico y la comprensión del autismo.
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Comprender cómo el cerebro interpreta un rostro humano ha sido uno de los grandes desafíos de la neurociencia. Ahora, una investigación de gran alcance aporta una perspectiva completamente diferente sobre este proceso en niños con autismo. Gracias a una metodología mucho más amplia que las utilizadas hasta ahora, los científicos descubrieron un patrón cerebral inesperado que podría transformar la manera en que se estudia este trastorno y abrir nuevas posibilidades para detectar diferencias desde etapas muy tempranas.

Una mirada más amplia para entender el cerebro

Reconocer un rostro parece una tarea sencilla para cualquier persona, pero en realidad implica una compleja cadena de procesos cerebrales que ocurre en apenas unas fracciones de segundo. En ese breve intervalo, el cerebro identifica rasgos faciales, interpreta expresiones y diferencia unas personas de otras.

Con el objetivo de comprender mejor cómo funciona este mecanismo en niños con autismo, un equipo de investigadores llevó a cabo uno de los estudios más completos realizados hasta la fecha sobre el procesamiento facial. Los resultados, publicados en la revista Nature Mental Health, muestran que el desarrollo de estas funciones sigue un recorrido diferente al observado en niños neurotípicos.

Según los especialistas, este trabajo representa un cambio importante en la forma de analizar la actividad cerebral, ya que permite observar con mucho mayor detalle cómo responden distintas regiones del cerebro de manera simultánea.

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©Aleksandar Malivuk – ShutterStock

Un método que ofrece una visión mucho más completa

Durante años, numerosos estudios se concentraron en analizar únicamente zonas específicas del cerebro relacionadas con el reconocimiento de rostros. Sin embargo, esa estrategia ofrecía una visión limitada de un proceso mucho más complejo.

En esta ocasión, los investigadores emplearon un sistema de electroencefalografía de alta densidad compuesto por 128 electrodos distribuidos sobre el cuero cabelludo. Esta tecnología permitió registrar la actividad eléctrica de prácticamente toda la superficie cerebral al mismo tiempo, ofreciendo una imagen mucho más completa de lo que sucede mientras una persona observa un rostro.

Los científicos comparan este cambio metodológico con pasar de observar una única calle de una ciudad a contemplar todo el mapa urbano desde una vista aérea. Gracias a esa perspectiva global fue posible detectar patrones que anteriormente pasaban desapercibidos.

Para realizar el análisis utilizaron información procedente del Consorcio de Biomarcadores del Autismo para Ensayos Clínicos (ABC-CT), una de las bases de datos más completas dedicadas al estudio del trastorno del espectro autista.

Una trayectoria cerebral diferente desde edades tempranas

El análisis reveló que las señales cerebrales relacionadas con el reconocimiento de rostros eran menos diferenciadas en los niños con autismo que en aquellos con desarrollo típico. En otras palabras, la actividad eléctrica generada al observar una cara presentaba un patrón distinto.

Además, los investigadores detectaron una diferencia especialmente llamativa: mientras que en los niños neurotípicos la capacidad cerebral para procesar rostros se vuelve cada vez más especializada conforme avanza la edad, ese proceso evolutivo no sigue el mismo camino en los niños autistas.

Los resultados indican que estas diferencias aparecen incluso antes de los aproximadamente 170 milisegundos que tradicionalmente se asocian con el biomarcador cerebral conocido como N170, una de las señales más estudiadas en investigaciones sobre percepción facial.

Este hallazgo sugiere que los cambios en el procesamiento de rostros podrían comenzar en etapas aún más tempranas de lo que se pensaba hasta ahora.

Un descubrimiento que puede impulsar nuevos biomarcadores

Más allá de mejorar el conocimiento sobre el funcionamiento del cerebro, los investigadores consideran que este trabajo podría convertirse en un punto de partida para desarrollar herramientas diagnósticas más precisas.

Al identificar patrones específicos en la actividad cerebral asociados al procesamiento de rostros, sería posible avanzar hacia biomarcadores capaces de detectar diferencias en fases tempranas del desarrollo. Esto permitiría comprender mejor las necesidades de cada niño y diseñar estrategias de apoyo más adaptadas a sus características individuales.

Los especialistas recuerdan que interpretar correctamente las expresiones faciales y las identidades de las personas constituye una habilidad esencial para la interacción social. Por ello, comprender cómo evoluciona este proceso en el autismo puede resultar clave para favorecer intervenciones más eficaces y mejorar la calidad de vida de muchas personas.

Aunque todavía queda camino por recorrer antes de trasladar estos descubrimientos a la práctica clínica, el estudio representa un avance significativo al demostrar que el cerebro de los niños autistas no procesa los rostros simplemente de forma diferente, sino que sigue una trayectoria de desarrollo propia que hasta ahora había permanecido oculta para la ciencia.

 

[Fuente: La Razón]

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