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Ciencia

El megalodón y la ballena azul no fueron solo un producto de la evolución: durante 500 millones de años, los gigantes marinos reescribieron las reglas del océano

Siempre se pensó que hicieron falta océanos ricos en alimento para que existieran animales tan descomunales como el megalodón o la ballena azul. Un nuevo estudio da vuelta esa lógica: una vez que estos gigantes aparecieron, fueron ellos los que empezaron a reprogramar el ecosistema marino entero, con efectos que todavía hoy sostienen comunidades enteras en el fondo del mar
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Un estudio titulado ‘Gigantes del océano a lo largo del tiempo: evolución y ecología entrelazadas’, publicado en la revista Annual Review of Ecology, Evolution, and Systematics, sintetiza décadas de evidencia fósil y biológica para reconstruir más de 500 millones de años de historia marina. La investigación estuvo a cargo de Catalina Pimiento, de la Universidad de Zúrich, Dirley Cortés, de la Universidad McGill, y Ana Valenzuela Toro, paleontóloga del Centro de Investigación y Avance de la Paleontología e Historia Natural de Atacama (CIAHN Atacama), en Chile.

Según explicó Valenzuela Toro, durante mucho tiempo se entendió a los gigantes marinos únicamente como una consecuencia de la evolución. Este estudio muestra que, una vez que evolucionaron, transformaron los ecosistemas donde vivían y generaron nuevas presiones ecológicas que a su vez influyeron en la evolución de otras especies.

Los grandes depredadores como ingenieros del ecosistema

IctiOSauriOS
© Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1322330

Uno de los aportes centrales del trabajo es plantear que los gigantes marinos actuaron, y siguen actuando, como verdaderos ingenieros de los ecosistemas. Grandes depredadores como los ictiosaurios del Triásico o el extinto megalodón, un tiburón que superó los 15 metros de longitud y cuyos dientes fósiles son particularmente abundantes en la formación Bahía Inglesa, en Caldera, Chile, habrían regulado las poblaciones de sus presas y moldeado la estructura completa de las redes alimentarias marinas.

Las ballenas y su correo de nutrientes entre las profundidades y la superficie

Ballenas Barbadas
© Por Dr. Steven Swartz, NOAA/NMFS/OPR. – NOAA Photo Library: anim1723, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=17985197

Los gigantes filtradores, como las ballenas barbadas, cumplen una función distinta pero igual de decisiva: transportan nutrientes entre las distintas capas del océano mediante sus desplazamientos y su propia excreción, lo que favorece la productividad marina en general. Además, capturan carbono y lo trasladan hacia las profundidades cuando sus cadáveres se hunden, en un fenómeno conocido como caídas de ballena, que sostiene comunidades enteras de organismos en el fondo del mar desde hace al menos 30 millones de años.

Al modificar las redes ecológicas y la disponibilidad de recursos, estos animales generaron nuevas presiones selectivas que impulsaron adaptaciones en otras especies. El ambiente permitió que existieran los gigantes, pero después fueron ellos los que empezaron a transformar ese mismo ambiente.

Por qué el gigantismo evolucionó varias veces (y qué cuesta mantenerlo)

El gigantismo marino no surgió una sola vez, sino de manera independiente en distintos momentos de la historia de la Tierra: desde los primeros artrópodos gigantes del período Cámbrico, hace más de 500 millones de años, pasando por cefalópodos gigantes, ictiosaurios y tiburones como el megalodón, hasta llegar a las ballenas modernas. Cada uno de estos episodios coincidió con cambios ambientales relevantes, mayor disponibilidad de alimento y adaptaciones que hicieron más eficiente la locomoción y la alimentación.

Esa ventaja tiene un costo real. Según advierte Valenzuela Toro, los animales más grandes requieren consumir cantidades enormes de energía, lo que los vuelve más sensibles a cualquier cambio en la disponibilidad de alimento y aumenta su riesgo de extinción. Por eso las investigadoras alertan que la desaparición de los gigantes marinos actuales podría afectar procesos esenciales como el reciclaje de nutrientes, la productividad biológica y el equilibrio de las redes tróficas, funciones que ninguna otra especie parece capaz de reemplazar.

La paleontología chilena detrás del hallazgo

La participación de Valenzuela Toro refleja la creciente contribución de la paleontología chilena al estudio de la evolución marina global, apoyada en el registro fósil de Atacama, una región reconocida internacionalmente por la riqueza de su patrimonio paleontológico. Para la investigadora, la paleontología ofrece una perspectiva temporal difícil de obtener desde otras disciplinas, y entender cómo respondieron los ecosistemas marinos durante millones de años ayuda a enfrentar con mayor conocimiento los desafíos ambientales actuales.

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