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El meteorito que acabó con los dinosaurios cayó en el ángulo perfecto para causar el máximo daño

Ilustración para el artículo titulado
Imagen: NASA

Sobre nuestro planeta han caído muchos meteoritos, pero el que acabó con los dinosaurios hace 66 millones de años fue algo realmente especial. No solo era enorme y cayó a una velocidad elevadísima. Además cayó en el ángulo perfecto para causar el máximo daño posible.

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Un reciente estudio recién publicado en Nature Communications arroja nueva luz sobre una de las constantes más discutidas sobre el meteorito que cayó para formar lo que hoy es el cráter de Chicxulub: su trayectoria. Para tratar de dibujarla con más precisión, un equipo internacional de geólogos del Colegio Imperial de Londres, la Universidad de Friburgo en Alemania y la de Austin, en Texas se han dedicado a analizar la densidad de los sedimentos bajo el cráter.

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Cuando un meteorito impacta sobre un planeta, crea un agujero enorme que en pocos instantes se rellena de nuevo de tierra y roca para formar un cráter. La forma y densidad del cráter permite determinar cómo cayo de vuelta el material tras el impacto, y por tanto el ángulo en el que cayó el meteorito. Después de recopilar todos los datos geológicos de Chicxulub, el equipo los cargó en una simulación. ¿El resultado? El meteorito que formó ese cráter cayó a 20 kilómetros por segundo en un ángulo de alrededor de 60 grados sobre la horizontal.

El geólogo del Colegio Imperial de Londres Gareth Collins explica que ese ángulo es el peor posible en cuanto a las capacidades destructivas del meteorito porque es el que mayor cantidad de materiales eyecta a la atmósfera. Lo que mató a los dinosaurios no fue el meteorito en sí, sino la bajada de temperaturas que provocó la nube de roca, polvo y cenizas diseminadas a la atmósfera. Un ángulo perfectamente vertical y perpendicular al suelo no hubiera provocado unos daños tan devastadores. Una tráyectoria en un ángulo más inclinado de, digamos, 30 grados, tampoco.

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La buena noticia es que el meteorito de Chicxulub fue un caso tan único que es prácticamente imposible que se repita. Collins lo define como “una tormenta perfecta. Fue un día realmente malo para los dinosaurios, pero las circunstancias en las que cayó y que provocaron el evento que hoy conocemos fueron tan especiales que es muy poco probable que se repitan”.

Pues esperemos que no... [Nature Communications vía New Scientist]

Editor en Gizmodo, fotógrafo y guardián de la gran biblioteca de artículos. A veces llevo una espada.

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