La energía eólica marina es clave para alcanzar los objetivos climáticos, pero una complicación técnica poco conocida está poniendo en jaque su crecimiento: el efecto estela, o “robo de viento”. A medida que se densifican los parques eólicos, este fenómeno está alterando la producción eléctrica, provocando tensiones entre desarrolladores y abriendo la puerta a conflictos transfronterizos.
Qué es el «robo de viento» y por qué preocupa a la industria eólica

Aunque este término «robo de viento» no es del todo técnico, describe con claridad un fenómeno real: cuando un parque eólico interfiere con otro al modificar la velocidad y dirección del viento en su entorno.
Cada turbina extrae energía del viento, lo que reduce su velocidad tras pasar por ella. Este fenómeno, conocido como efecto estela, se intensifica en parques grandes y densos. Bajo ciertas condiciones, las estelas pueden extenderse más de 100 kilómetros y afectar significativamente a otras instalaciones a sotavento, reduciendo su producción hasta en un 10% o más.
Según estudios de la empresa Whiffle y universidades como Delft y Manchester, el problema se agudizará conforme aumente la cantidad de turbinas en funcionamiento. Y con la meta de triplicar la capacidad eólica marina para 2030, el impacto de estas estelas será cada vez más evidente y problemático.
Consecuencias económicas, legales y políticas del efecto estela

Más allá de esta cuestión técnica, el «robo de viento» genera serias implicaciones para la viabilidad de los proyectos eólicos. La inversión en un parque marino implica enormes costos, y una leve caída en la producción puede comprometer la rentabilidad esperada durante sus 25 o 30 años de vida útil.
Ya existen disputas entre promotores de parques eólicos en el Reino Unido por esta causa, y expertos como Eirik Finserås alertan de posibles conflictos internacionales si no se definen normas claras. En zonas como el Mar del Norte y el Mar Báltico, donde múltiples países construyen parques muy próximos, el riesgo de fricciones transfronterizas es real.
Además, el crecimiento acelerado de la energía eólica puede llevar a una «carrera hacia el agua», donde los estados compiten por instalar sus turbinas en los mejores lugares antes de que se agoten. Esta prisa podría resultar en decisiones mal planificadas, ignorando impactos ecológicos o la necesidad de coordinación internacional.
¿Cómo evitar una tormenta energética entre países?

Para evitar que el efecto estela se convierta en un obstáculo para la transición energética, los investigadores proponen avanzar en modelizaciones más precisas y crear marcos regulatorios compartidos. Esto incluye considerar el viento como un recurso común, similar a los yacimientos de petróleo o las reservas pesqueras compartidas entre naciones.
El proyecto liderado por Pablo Ouro en Reino Unido busca justamente eso: comprender mejor cómo interactúan múltiples parques eólicos entre sí y anticipar problemas antes de que se conviertan en litigios.
Con turbinas cada vez más grandes —algunas con aspas de más de 100 metros capaces de alimentar a 20.000 hogares—, el desafío es urgente. La colaboración entre países, la planificación basada en datos y una regulación más clara serán esenciales para que la energía eólica marina siga siendo una solución viable y sostenible frente a la crisis climática.