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Ciencia

El rastro mineral que está reescribiendo el calendario de los dinosaurios

Un hallazgo inesperado en antiguos huevos fosilizados abre la puerta a una forma más precisa de datar la era de los dinosaurios. Minerales invisibles a simple vista podrían resolver uno de los mayores problemas de la paleontología y cambiar la manera en que entendemos los ecosistemas prehistóricos.
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Reconstruir la historia de la vida en la Tierra no consiste solo en encontrar fósiles espectaculares, sino en ubicarlos correctamente en el tiempo. Durante décadas, esa tarea estuvo llena de márgenes de error. Ahora, un nuevo enfoque basado en cáscaras de huevos fosilizados promete aportar una claridad inédita y afinar el reloj de la prehistoria como nunca antes.

Cuando los huevos se convierten en relojes naturales

Los huevos puestos por los dinosaurios, conservados durante millones de años, están revelando una información que hasta hace poco pasaba desapercibida. Investigaciones recientes demostraron que sus cáscaras contienen minerales radiactivos capaces de funcionar como auténticos marcadores temporales.

El estudio, publicado en la revista Communications Earth & Environment, muestra que estos restos no solo preservan pistas sobre la reproducción y el comportamiento de los dinosaurios, sino también datos químicos que permiten estimar con notable precisión cuándo fueron puestos. Esto abre una posibilidad revolucionaria: datar fósiles directamente, sin depender exclusivamente de las rocas que los rodean.

El problema histórico de fechar la era de los dinosaurios

Tradicionalmente, los paleontólogos han calculado la edad de los fósiles a partir del contexto geológico. Las capas de ceniza volcánica, por ejemplo, contienen uranio, un elemento que se transforma lentamente en plomo a un ritmo conocido. Comparando esas proporciones, los geólogos pueden determinar cuándo se formó una roca.

El inconveniente es que muchos yacimientos fósiles carecen de estas capas volcánicas. En esos casos, la edad de un dinosaurio se estima por comparación con otros fósiles o con capas cercanas, lo que introduce un grado importante de incertidumbre. Así, cuando se afirma que un dinosaurio vivió hace unos 75 millones de años, a menudo se trata de una aproximación razonable, pero no de una fecha exacta.

Una propuesta que desafía los métodos clásicos

El nuevo enfoque, liderado por el investigador Ryan Tucker de la Universidad de Stellenbosch, propone algo diferente: utilizar directamente los minerales radiactivos absorbidos por las cáscaras de los huevos fosilizados.

La idea se basa en que, al quedar enterradas, las cáscaras porosas incorporan uranio del sedimento circundante. Con el paso del tiempo, ese uranio comienza su transformación natural en plomo, creando un reloj interno que puede medirse millones de años después. Este proceso, conocido como datación uranio-plomo (U-Pb), ya se utiliza en geología, pero su aplicación en huevos de dinosaurio representa un salto conceptual.

Durante millones de años permanecieron ocultos bajo la tierra. Ahora, España revela huevos de dinosaurio que podrían reescribir la historia del Cretácico europeo.
© Dr. Bi Zhao.

Pruebas que confirman la precisión del método

Para comprobar la fiabilidad de la técnica, los investigadores analizaron huevos procedentes de distintos yacimientos. Un primer conjunto provenía de una región de Utah donde los huevos estaban atrapados entre capas de ceniza volcánica previamente datadas en unos 99 millones de años.

Los resultados obtenidos a partir de las cáscaras arrojaron una edad cercana a los 97 millones de años, una diferencia mínima que respalda la validez del método. Aunque los científicos señalan que la porosidad del material puede explicar pequeñas variaciones, la coincidencia es lo suficientemente estrecha como para considerar a los huevos una herramienta confiable cuando faltan capas volcánicas.

El caso del desierto de Gobi y un vacío histórico

Con la técnica ya validada, el equipo dio un paso más ambicioso. Analizó huevos fosilizados hallados en el desierto de Gobi, en un yacimiento de Mongolia cuya edad se estimaba de forma muy amplia, entre el Cretácico temprano y tardío.

Los nuevos análisis revelaron que esos huevos fueron enterrados hace unos 75 millones de años, situando con mayor precisión a los dinosaurios que anidaron allí en el Cretácico tardío. Este resultado no solo ajusta la cronología local, sino que aporta contexto a la evolución y distribución de especies en Asia.

Lo que cambia para la paleontología

Para expertos como Lindsay Zanno, del Museo de Ciencias Naturales de Carolina del Norte, contar con fósiles sin una línea temporal clara es como leer una historia sin fechas. “Un fósil fuera de contexto en el tiempo y el espacio es inútil”, advierte.

Otros especialistas, como la paleontóloga Darla Zelenitsky de la Universidad de Calgary, coinciden en que esta técnica puede ser especialmente valiosa en regiones ricas en huevos fósiles pero pobres en cenizas volcánicas, como partes de América del Norte, Asia y Sudamérica.

Un futuro con cronologías más precisas

Aunque el método aún se encuentra en una etapa inicial y requiere más validaciones, su potencial es enorme. Podría aplicarse en formaciones famosas como Auca Mahuevo, en la Patagonia, o en la formación Elliot de Sudáfrica, donde abundan huevos y nidos de saurópodos, pero faltan referencias geológicas precisas.

Cuantas más herramientas de datación tengan los científicos, mejor podrán responder preguntas clave sobre la evolución de los dinosaurios, sus migraciones y los cambios en los ecosistemas que habitaron. En silencio, esos huevos fosilizados están empezando a contar no solo cómo vivían los dinosaurios, sino exactamente cuándo lo hacían.

 

[Fuente: National Geographic]

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