Hace unos 34 millones de años, el planeta vivió uno de los episodios más fríos y destructivos de su historia. Las temperaturas se desplomaron y especies enteras desaparecieron en numerosos rincones del mundo. Sin embargo, Sudamérica logró un destino diferente. Este artículo desvela las claves de aquella resistencia inesperada y lo que nos enseña sobre los desafíos del cambio climático actual.
La gran congelación y la resistencia inesperada
Cuando el planeta se enfrentó a un enfriamiento extremo que originó el casquete polar antártico y transformó los ecosistemas globales, muchas regiones como Europa y Norteamérica fueron testigos de la extinción masiva de sus mamíferos. Sudamérica, en cambio, ofreció un espectáculo distinto: allí los cambios no fueron abruptos, sino que sucedieron de forma progresiva a lo largo de millones de años.

Una investigación internacional liderada por expertos del CONICET analizó miles de fósiles y reconstruyó la evolución de los mamíferos del continente durante esa etapa crítica. Su hallazgo fue sorprendente: Sudamérica no sufrió un colapso repentino, sino una lenta reestructuración de sus comunidades animales, un proceso sin señales de catástrofe.
Los Andes: el refugio que lo cambió todo
El estudio identificó un factor clave en este fenómeno: el nacimiento de la cordillera de los Andes. A medida que estas montañas se elevaban, no solo transformaban el paisaje, sino que creaban nuevos hábitats, rutas de dispersión y refugios naturales que protegieron la biodiversidad. Esto permitió que las especies se adaptaran de manera gradual a las nuevas condiciones.
Según los científicos, la combinación de esta geografía emergente y el clima particular de la región facilitó que Sudamérica resistiera una extinción en masa, algo que contrasta fuertemente con lo que ocurrió en otras zonas del planeta.
Los trópicos, guardianes de la diversidad

Otro descubrimiento fascinante es el papel de las regiones tropicales del continente. Mientras en las zonas templadas se registraron más fluctuaciones en las tasas de diversificación y extinción, los trópicos actuaron como verdaderos refugios evolutivos. Allí, las especies lograron mantener su estabilidad y resistir los embates del clima extremo.
Los investigadores advierten que el conocimiento sobre estas áreas aún es limitado debido a la escasez de fósiles en lugares como la Amazonia. Las difíciles condiciones de conservación y el acceso complicado a estos territorios dejan vacíos que la ciencia intenta completar.
Lecciones del pasado para el futuro
Este estudio no solo reescribe la historia evolutiva de Sudamérica, sino que también nos ofrece pistas sobre cómo ciertas regiones y especies pueden resistir las crisis climáticas. Tal vez, como ocurrió en aquel remoto pasado, comprender a fondo estas dinámicas sea esencial para afrontar los desafíos ambientales que se avecinan.
Fuente: Meteored.