Saltar al contenido
Ciencia

El telescopio James Webb ha fotografiado la Nebulosa Mariposa: En sus alas de polvo y fuego están las pistas de cómo se formó la Tierra

La Nebulosa Mariposa, situada a 3.400 años luz, revela cristales, hollín y moléculas orgánicas nunca antes vistas en un entorno así. El telescopio Webb y ALMA han desvelado que este insecto cósmico es mucho más que una imagen espectacular: es un laboratorio natural que ayuda a entender cómo nacen planetas como el nuestro.
Por

Tiempo de lectura 2 minutos

Comentarios (0)

En el corazón de la constelación de Escorpio, a 3.400 años luz, una estrella moribunda despliega sus alas de gas y polvo en forma de mariposa cósmica. La Nebulosa NGC 6302, iluminada ahora con la mirada infrarroja del telescopio Webb, se ha convertido en un laboratorio natural donde se esconden respuestas sobre el origen de la materia que dio vida a nuestro planeta.

Un laboratorio cósmico inesperado

La Nebulosa Mariposa es una nube de gas y polvo expulsada por una estrella similar al Sol en el final de su vida. Las observaciones recientes revelaron un denso toro de material que canaliza la energía hacia dos lóbulos opuestos, creando la forma de alas brillantes. Dentro de esta estructura, los científicos hallaron desde cristales de cuarzo hasta polvo amorfo, demostrando que la violencia estelar puede dar origen tanto a gemas cósmicas como a hollín ardiente.

La astrofísica Mikako Matsuura, de la Universidad de Cardiff, subraya la importancia de esta dualidad: “ver coexistir materiales tan distintos en un mismo objeto nos acerca a entender cómo se forman los bloques básicos de los planetas”.

Moléculas que sorprenden a la ciencia

La mariposa cósmica que revela los secretos sobre la creación de la Tierra
© ESA/Webb, NASA y CSA, M. Matsuura, J. Kastner, K. Noll, ALMA (ESO/NAOJ/NRAO), N. Hirano, J. Kastner, M. Zamani (ESA/Webb).

Entre los hallazgos más inesperados destacan los hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAHs), moléculas de carbono que en la Tierra reconocemos en el humo o en una tostada quemada. Su presencia en un entorno rico en oxígeno desafía las teorías actuales: se forman cuando los vientos estelares chocan con el gas circundante, creando condiciones químicas únicas.

El Webb detectó casi 200 líneas espectrales diferentes, revelando capas de iones y chorros de metales pesados como hierro y níquel que se extienden en direcciones contrarias. Gracias a su visión infrarroja, incluso se logró localizar a la estrella central, hasta ahora invisible tras un espeso velo de polvo.

La belleza efímera de un insecto estelar

Aunque parecen eternas, estas nebulosas duran apenas 20.000 años antes de dispersarse en el espacio interestelar. Durante ese breve lapso cósmico, siembran elementos esenciales que acabarán formando nuevas estrellas y planetas. La Nebulosa Mariposa, con sus alas incandescentes y su química insólita, demuestra que la muerte de una estrella puede ser también el inicio de otros mundos.

Lo que observamos hoy no es solo un espectáculo de formas y colores, sino un capítulo vivo en la cadena que conecta a las estrellas moribundas con la creación de mundos habitables como la Tierra.

Compartir esta historia

Artículos relacionados