El crecimiento del turismo en el Himalaya está dejando una huella que no siempre puede verse, pero sí escucharse.
Investigadores de la Universidad Hemvati Nandan Bahuguna Garhwal, en India, descubrieron que el monal del Himalaya, un llamativo faisán de montaña, modifica algunas características de sus vocalizaciones cuando vive en ambientes expuestos a tráfico, visitantes y otras fuentes de ruido humano.
No significa que la especie haya evolucionado de repente hacia un nuevo canto. Más bien, las aves parecen estar aprovechando su flexibilidad vocal para hacerse oír en un paisaje cada vez más ruidoso.
Más de 700 llamadas grabadas en dos valles
El equipo comparó poblaciones del santuario de Kedarnath Musk Deer, en Uttarakhand.
Una de las zonas estudiadas fue el valle de Chopta, atravesado por carreteras y frecuentado por turistas y peregrinos. La otra fue Madmaheshwar, un entorno mucho menos alterado por la actividad humana.
Entre abril de 2023 y junio de 2024, los investigadores utilizaron micrófonos direccionales y grabadores acústicos pasivos para registrar las vocalizaciones de las aves.
En total analizaron 719 llamadas. La diferencia entre ambos ambientes fue clara. Los monales que vivían en las zonas más ruidosas producían llamadas con frecuencias máximas más altas que los ejemplares de hábitats tranquilos.

Por qué cantar más agudo puede ayudar
Gran parte del ruido generado por vehículos, maquinaria y actividad humana se concentra en frecuencias relativamente bajas. Cuando una señal animal se superpone con ese ruido, puede quedar enmascarada y ser más difícil de detectar para otros individuos.
Subir la frecuencia de una vocalización puede ayudar a reducir esa interferencia.
El análisis mostró que el efecto era especialmente pronunciado en las frecuencias más altas de las llamadas. En el percentil 95, el modelo estadístico explicaba aproximadamente el 73% de la variación observada en la frecuencia máxima.
Los investigadores detectaron además pequeñas diferencias en la duración de las llamadas, con cierta tendencia a prolongarlas en los entornos ruidosos.
No es una evolución del canto
El cambio no implica que haya aparecido una nueva población de monales genéticamente diferente. La interpretación de los investigadores es mucho más inmediata: las aves ajustan su comportamiento según las condiciones acústicas que encuentran.
Este fenómeno, conocido como plasticidad vocal, ya se ha documentado en otras aves expuestas al ruido de las ciudades y las carreteras. En el caso del monal, es la primera evidencia publicada de un cambio vocal asociado al ruido en un galliforme del Himalaya.
El problema no se limita al ruido
El mismo equipo también estudió cómo podría cambiar la distribución futura del monal debido al clima.
Un segundo trabajo utilizó más de 5.000 registros de presencia de la especie para modelar la evolución de sus hábitats bajo diferentes escenarios climáticos. Los resultados indican desplazamientos importantes de las zonas adecuadas durante las próximas décadas, aunque la magnitud y dirección dependen del escenario considerado.
Actualmente, el monal del Himalaya está clasificado globalmente como una especie de preocupación menor, pero los investigadores advierten que las presiones locales pueden ser mucho más difíciles de detectar.
El canto es importante para defender territorios, mantener contacto con otros individuos y reproducirse.
Por eso, que estas aves tengan que modificar su voz para competir con el ruido humano funciona como una señal de un cambio mayor: incluso en algunos de los paisajes montañosos más remotos del planeta, nuestra presencia está empezando a modificar la forma en que los animales se comunican.