Comprender el tamaño del universo no es sencillo porque las cifras crecen demasiado rápido para que podamos imaginarlas con facilidad. Una buena forma de intentarlo es avanzar por escalas, desde algo familiar hasta las mayores estructuras conocidas del cosmos.
Desde el monte Everest hasta el Sol
Podemos empezar con el monte Everest, que alcanza unos 8.849 metros sobre el nivel del mar. En Marte, Olympus Mons se eleva aproximadamente 22 kilómetros sobre el nivel de referencia del planeta y tiene una base de unos 600 kilómetros de diámetro.
Ya esa comparación muestra hasta qué punto pueden variar las escalas dentro de un mismo sistema planetario.
Pero incluso la Tierra completa se vuelve pequeña cuando aparece el Sol. Nuestra estrella mide unos 1,39 millones de kilómetros de diámetro. Dicho de otro modo, unas 109 Tierras podrían alinearse de un extremo al otro del Sol y, por volumen, cabrían alrededor de 1,3 millones de planetas como el nuestro en su interior.

Gigantes dentro de nuestra galaxia
Aun así, el Sol tampoco es especialmente grande cuando se compara con algunas estrellas evolucionadas.
Un ejemplo extremo es Stephenson 2-18, una supergigante roja situada en dirección a la constelación de Scutum. Sus dimensiones exactas siguen siendo inciertas, pero algunas estimaciones la sitúan cerca de 2.000 veces el radio del Sol.
Si ocupara el centro del Sistema Solar, sus capas exteriores podrían extenderse aproximadamente hasta la región de la órbita de Saturno. El siguiente salto de escala resulta todavía más difícil de visualizar. La órbita de Neptuno abarca unos 9.000 millones de kilómetros de lado a lado.
Más allá se encontraría la nube de Oort, una región hipotética formada por cuerpos helados que podría extenderse a decenas de miles de unidades astronómicas del Sol. Su existencia todavía no ha sido observada directamente, sino que se infiere a partir de las órbitas de ciertos cometas.
Desde la Vía Láctea hasta el más allá
Todo eso representa apenas una pequeña fracción de la Vía Láctea.
El disco de nuestra galaxia tiene unos 100.000 años luz de diámetro. Un año luz equivale a unos 9,46 billones de kilómetros, por lo que expresar esas distancias en kilómetros deja de ser práctico.
A unos 2,5 millones de años luz se encuentra Andrómeda, una galaxia todavía mayor que la nuestra. Ambas forman parte del Grupo Local, una colección de decenas de galaxias unidas gravitacionalmente en una región de unos 10 millones de años luz.
A escalas aún mayores aparece Laniakea, una enorme región cósmica definida por el movimiento de miles de galaxias y por la forma en que sus velocidades convergen bajo la influencia de la gravedad. Su extensión ronda los 520 millones de años luz.
El universo observable alcanza unos 93.000 millones de años luz
El último salto es el más difícil de imaginar.
El universo observable tiene aproximadamente 93.000 millones de años luz de diámetro. La cifra puede resultar desconcertante porque el universo tiene alrededor de 13.800 millones de años.
La explicación es que, mientras la luz viajaba hacia nosotros, el propio espacio siguió expandiéndose. Por eso, las regiones que emitieron la luz más antigua que hoy podemos detectar se encuentran actualmente a unos 46.500 millones de años luz en cada dirección.
Ese límite no es una pared ni el borde físico del cosmos. Es simplemente el horizonte desde el cual la información ha tenido tiempo de alcanzarnos.
Más allá podría existir muchísimo más universo.
No sabemos cuánto se extiende en realidad, ni siquiera si es finito o infinito. Por eso, esos 93.000 millones de años luz no representan necesariamente el tamaño del universo completo, sino apenas la porción que, desde nuestro lugar en el cosmos, podemos llegar a observar.