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El western más incómodo de John Ford: la película que Hollywood no supo cómo vender

Lejos de los paisajes heroicos y los mitos fundacionales del western clásico, El sargento negro es una de las obras más atípicas y valientes de John Ford. Protagonizada por Woody Strode, fue la primera vez que un actor negro lideró un western de un gran estudio de Hollywood.
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Cuando se piensa en el cine de John Ford, es fácil imaginar Monument Valley, pistoleros legendarios y héroes de moral inquebrantable. Sin embargo, en la recta final de su carrera, el director firmó algunas de sus películas más incómodas y reveladoras. El sargento negro (1960) es una de ellas: un híbrido entre western y drama judicial que afrontó el racismo estructural de Estados Unidos con una audacia poco habitual en el Hollywood de la época.

Un juicio en el corazón del Viejo Oeste

La historia se sitúa en Arizona en 1881. Braxton Rutledge, un sargento afroamericano del ejército, es acusado del asesinato de su oficial superior y de la hija adolescente de este. Todo parece condenarlo desde el primer momento. Aunque intenta huir, Rutledge acaba entregándose y es sometido a un consejo de guerra.

El teniente Cantrell, interpretado por Jeffrey Hunter, pronto empieza a dudar de la versión oficial y decide defenderlo. El juicio se convierte entonces en algo más que una búsqueda de la verdad: es un enfrentamiento directo contra los prejuicios raciales profundamente arraigados en la sociedad del sur estadounidense. La fiscalía construye un relato abiertamente racista, mientras que la defensa se apoya en el testimonio clave de Mary Beecher, la única mujer dispuesta a declarar a favor del acusado.

El western más incómodo de John Ford: la película que Hollywood no supo cómo vender
©
luis Dean – Youtube.

El gesto más valiente de Ford

Estrenada solo cinco años antes de la última película del director, 7 mujeres, El sargento negro forma parte de una etapa final que muchos interpretan como una revisión crítica de la propia filmografía de Ford. Tras décadas glorificando ciertos mitos nacionales, el cineasta parecía decidido a mirar de frente las grietas del relato americano.

La elección de Woody Strode como protagonista fue, en ese sentido, revolucionaria. Nunca antes un hombre negro había encabezado un western producido por un gran estudio de Hollywood. Warner Bros. mostró reticencias desde el principio y presionó para contratar a estrellas más conocidas como Sidney Poitier o Harry Belafonte. Ford se negó. Conocía a Strode, había trabajado con él y confiaba plenamente en su presencia y dignidad en pantalla.

El estudio, temeroso de la reacción del público, minimizó su protagonismo en el tráiler y en los créditos iniciales. Aun así, la interpretación de Strode fue ampliamente elogiada por su contención, fuerza moral y humanidad.

Una obra olvidada que merece volver

El sargento negro no fue un éxito comercial, pero la crítica supo reconocer su valor. Con el tiempo, se ha consolidado como una de las películas más interesantes del último Ford. The New York Times la describió años después como “reflexiva, bien interpretada, mordaz, interesante y estimulante”, destacando la firmeza de un director veterano en pleno control de su oficio.

Hoy, su emisión en La 2 dentro del espacio Días de cine clásico es una oportunidad perfecta para redescubrir un western distinto, incómodo y necesario. Una película que no solo desafió los códigos del género, sino también los límites que Hollywood estaba dispuesto a aceptar.

Fuente: SensaCine.

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