El objetivo era encontrar un barco desaparecido hacía más de un siglo. Lo que apareció en las cámaras fue algo completamente distinto.
En 2019, el buque polar sudafricano SA Agulhas II se internó en el mar de Weddell durante una expedición multidisciplinar que incluía entre sus grandes objetivos localizar los restos del Endurance, el barco de Ernest Shackleton atrapado y hundido por el hielo antártico en 1915. Aquella búsqueda fracasó, pero el material recogido por un pequeño vehículo submarino llamado Lassie escondía otra sorpresa.
Al revisar 27 horas de grabaciones del fondo marino, los investigadores empezaron a encontrar pequeños círculos excavados en el sedimento. Después apareció otro. Y otro.
Cuando terminaron de contarlos había 1.036 nidos activos, repartidos en 277 grupos y distribuidos por los cinco puntos explorados.
No eran círculos aleatorios: los peces habían creado seis diseños diferentes

Los responsables eran ejemplares de Lindbergichthys nudifrons, un pequeño pez antártico conocido como yellowfin notie. Los investigadores observaron exclusivamente a esta especie ocupando o manteniendo los nidos durante las grabaciones, aunque reconocen que no pueden descartar por completo que una pequeña parte perteneciera a otras especies.
Los nidos tenían unos 12,3 centímetros de diámetro medio y aparecieron a profundidades de entre 290 y 411 metros. Había además 93 estructuras abandonadas y en 72 se observaron larvas dentro o alrededor. Pero lo extraordinario estaba en cómo se organizaban.
Los científicos identificaron seis patrones diferentes: grupos compactos, medias lunas, líneas, óvalos, formas de U y nidos completamente aislados. Los grupos eran, con diferencia, la opción favorita: suponían algo más del 42% de todos los nidos observados. Los solitarios representaban casi el 19%.
No parece que la geometría sea simplemente decorativa.
Vivir en el centro del vecindario podría salvar los huevos

La hipótesis de los investigadores es que agruparse proporciona protección contra los depredadores. Los machos de L. nudifrons custodian los huevos y defienden el nido. En esas aguas también viven animales capaces de aprovecharlos como alimento, entre ellos ofiuras y el gusano depredador Parborlasia corrugatus. Este último localiza comida mediante señales químicas.
Eso encaja con una conocida idea de ecología llamada teoría del “rebaño egoísta”: cuanto más cerca se encuentre un individuo del centro del grupo, más vecinos tendrá entre él y un posible atacante. Los autores creen que algo parecido podría ocurrir con estos peces. Además, tantos nidos juntos podrían dificultar que depredadores guiados por señales químicas distingan un objetivo concreto.
Hay otro detalle sugerente. Los nidos solitarios eran significativamente más grandes que muchos de los agrupados. Una posibilidad planteada por el equipo es que pertenezcan a peces mayores y más dominantes, capaces de asumir el riesgo de defender una puesta sin la protección del grupo. Por ahora es una hipótesis, no algo demostrado.
El barco apareció tres años después. Los peces dejaron otra pista sobre la Antártida
El desprendimiento del gigantesco iceberg A68 de la plataforma Larsen C había abierto nuevas posibilidades para estudiar una región del oeste del mar de Weddell extremadamente difícil de explorar. Los nidos aparecieron en los cinco lugares examinados y constituyen la primera descripción de este tipo de patrones complejos para L. nudifrons.
Para los investigadores, el descubrimiento tiene además implicaciones de conservación: una zona de reproducción estructurada de estas características aporta nuevas evidencias para considerar estos hábitats como ecosistemas marinos vulnerables y refuerza los argumentos para proteger el mar de Weddell.
El Endurance, mientras tanto, siguió esperando. Una nueva expedición regresó en 2022 y finalmente encontró el barco de Shackleton a 3.008 metros de profundidad, sorprendentemente bien conservado.
La expedición de 2019, por tanto, no encontró aquello que había ido a buscar. Terminó descubriendo algo que ni siquiera sabía que debía estar buscando: un pequeño vecindario submarino de más de mil nidos, construido por peces bajo uno de los mares más inaccesibles del planeta.