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Ciencia

En 2007, la Tierra lanzó una señal extraña desde sus profundidades. La NASA no supo qué era… hasta hoy

Los satélites GRACE captaron una anomalía gravitatoria que se extendió por más de 7.000 kilómetros en el Atlántico oriental. No eran glaciares ni océanos, sino un cambio repentino en el interior del planeta. La transformación de un mineral del manto explica al fin uno de los enigmas geofísicos más inquietantes de las últimas décadas.
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En enero de 2007, la NASA detectó algo que parecía imposible: el campo gravitatorio terrestre mostró una perturbación gigantesca en el Atlántico oriental. La anomalía duró meses y desconcertó a la comunidad científica, incapaz de encontrar una explicación. No eran aguas subterráneas ni glaciares derritiéndose. La causa estaba oculta mucho más abajo, en el corazón rocoso del planeta. Dos décadas después, un nuevo estudio da con la respuesta.

Una anomalía que no encajaba en los modelos

La anomalía gravitatoria que desconcertó a la NASA en 2007 ya tiene explicación. El manto terrestre fue el responsable
© YouTube / NASA Jet Propulsion Laboratory.

Los satélites GRACE, diseñados para medir con precisión milimétrica las variaciones en la gravedad terrestre, registraron entre 2006 y 2008 un patrón irregular que alcanzó su máximo en enero de 2007. Se extendía por unos 7.000 kilómetros. El problema: ningún fenómeno superficial —ni nivel del mar, ni agua subterránea, ni glaciares— podía explicar algo de esa magnitud. La señal debía venir de más abajo.

El rastro de la bridgmanita

La clave estaba en el manto. Allí, el mineral más abundante de la Tierra, la bridgmanita, puede transformarse bajo condiciones extremas de presión y temperatura. El paso de su estructura perovskita a post-perovskita cambia la densidad de manera abrupta, redistribuye la masa y provoca alteraciones detectables en el campo gravitatorio. Esa transformación, invisible desde la superficie, parece haber sido la responsable de la anomalía de 2007.

Coincidencia con un “latido” magnético

La anomalía gravitatoria que desconcertó a la NASA en 2007 ya tiene explicación. El manto terrestre fue el responsable
© YouTube / NASA Jet Propulsion Laboratory.

Lo sorprendente es que el evento coincidió con un jerk geomagnético en la misma región: un cambio brusco en el campo magnético terrestre. Dos fenómenos distintos, pero probablemente conectados. Ambos apuntan a que la redistribución de masa se produjo cerca de la frontera entre el manto y el núcleo externo líquido. En esa zona se encuentran además los misteriosos blobs, estructuras gigantes de composición anómala que podrían estar implicadas en este tipo de pulsaciones internas.

Qué significa para entender la Tierra

El hallazgo, publicado en Geophysical Research Letters, no solo resuelve un enigma de hace casi veinte años. Sugiere que el interior del planeta es mucho más dinámico de lo que pensamos y que estas transiciones minerales podrían ser más frecuentes de lo que imaginamos. Cada una dejaría huellas en la gravedad y en el magnetismo, señales que hoy podemos rastrear desde el espacio.

La anomalía de 2007 ya no es un misterio sin nombre. Fue el eco de un cambio profundo en los minerales del manto, un latido del planeta que llegó a sentirse a miles de kilómetros de altura. La lección es clara: la Tierra no es un cuerpo estático, sino un organismo inquieto cuyo corazón todavía late en formas que apenas empezamos a comprender.

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