Saltar al contenido
Ciencia

Se vendían como mascotas diminutas para niños. Décadas después, las tortugas de orejas rojas invaden ríos de medio mundo y nadie logra sacarlas

Abandonadas al crecer, se adaptaron a casi cualquier clima. Países de cuatro continentes buscan cómo frenar a una de las peores especies invasoras
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Durante décadas fueron una de las mascotas más vendidas del mundo. Pequeñas, baratas, con una mancha roja a cada lado de la cabeza, las tortugas de orejas rojas se compraban en ferias, tiendas y mercados, muchas veces para niños. El problema llegaba después: un ejemplar que cabe en la palma de una mano puede superar los 30 centímetros de caparazón y vivir varias décadas.

Cuando los dueños ya no podían o no querían cuidarlas, muchas terminaron liberadas en el estanque, el río o la laguna más cercanos. Hoy, la especie Trachemys scripta elegans, originaria del sur de Estados Unidos y el norte de México, figura en la lista de las 100 especies invasoras más dañinas del mundo elaborada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Por qué son tan buenas invasoras

Trachemys Scripta
© By John J. Mosesso, NBII – http://images.nbii.gov/details.php?id=19077&cat=Reptiles, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=5061014

Su éxito tiene varias explicaciones. Son omnívoras: comen plantas acuáticas, insectos, caracoles, renacuajos, pequeños anfibios, peces y restos de animales. Toleran un amplio rango de temperaturas y pueden vivir en aguas contaminadas o con poca vegetación. Además, son longevas y, cuando las condiciones son favorables, se reproducen con facilidad.

También compiten directamente con las tortugas nativas. Un experimento realizado en California y publicado en 2019 en la revista PeerJ lo mostró con claridad. Los investigadores retiraron unas 177 tortugas de orejas rojas de un curso de agua cerrado en la Universidad de California en Davis, donde convivían con la tortuga de estanque occidental, una especie nativa amenazada. Un año después, las tortugas nativas habían ganado en promedio unos 40 gramos para su tamaño, lo que los autores interpretaron como una señal de que la especie invasora competía con ellas por el alimento.

Además, las tortugas de orejas rojas pueden portar bacterias del género Salmonella, incluso cuando parecen sanas, lo que supone un riesgo sanitario para las personas que las manipulan.

Un problema en cuatro continentes

Distribucion De Tortuga De Orejas Rojas America Del Norte
© Por USGS – Composite from USGS maps., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=16911534

En Europa, la especie forma parte de la lista de especies exóticas invasoras de preocupación para la Unión Europea, lo que prohíbe su venta, cría y liberación. En España, donde llegó a ser una mascota muy común, compite con dos tortugas acuáticas nativas, el galápago europeo y el galápago leproso, por el alimento y por los lugares donde toman sol.

Japón tomó medidas más recientemente. Las tortugas de orejas rojas llegaron al país como mascotas en la década de 1960 y hoy se encuentran en lagos, ríos y estanques de todo el territorio, donde se alimentan incluso de cultivos como la flor de loto y la castaña de agua. Desde junio de 2023, una reforma de la ley de especies invasoras prohíbe su venta y liberación, aunque permite seguir teniéndolas como mascotas para evitar abandonos masivos.

Nueva Zelanda es uno de los casos más recientes. En abril de 2026, el Departamento de Conservación presentó una trampa diseñada específicamente para capturarlas. Aprovecha su costumbre de tomar sol: las tortugas suben por una rampa hasta una plataforma que, con su peso, se inclina y las hace caer en una canasta. Un sistema remoto avisa a los responsables cuando hay un ejemplar atrapado. En el país se conocen cinco sitios de reproducción en la Isla Norte, y un solo voluntario capturó 76 tortugas en una playa de Waikato entre 2021 y 2026.

Por qué es tan difícil eliminarlas

Una vez establecidas, erradicarlas es casi imposible. Las tortugas pueden esconderse bajo el agua durante largos periodos, se desplazan entre ambientes conectados y son difíciles de detectar en grandes humedales. Por eso, los programas de control combinan trampas, capturas manuales, seguimiento de poblaciones y vigilancia para detectar nuevos focos antes de que empiecen a reproducirse.

El clima también juega un papel. Como en muchas tortugas, la temperatura a la que se incuban los huevos determina el sexo de las crías, y las temperaturas más cálidas tienden a producir hembras. En Nueva Zelanda, por ejemplo, el suelo todavía está demasiado frío para que los huevos den hembras. Si las temperaturas suben, esa barrera natural podría debilitarse.

La lección se repite con cada especie invasora que llega a través del comercio de mascotas: liberar a un animal exótico no significa devolverlo a la naturaleza. Significa, muchas veces, crear un problema que durará décadas.

Compartir esta historia

Artículos relacionados