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En el centro de la Vía Láctea quizá no haya un agujero negro. Un modelo de materia oscura intenta explicar las anomalías de Sagitario A*

Hemos dado por hecho que Sagitario A* es un agujero negro supermasivo. Un nuevo estudio propone otra posibilidad: que el objeto central de la Vía Láctea sea una estructura compacta de materia oscura. El modelo encaja con datos de Gaia y con la imagen del EHT, y ofrece una forma distinta de leer las “rarezas” del centro galáctico.

Durante décadas, el agujero negro supermasivo del centro de la Vía Láctea funcionó como una de esas certezas cómodas en astronomía. Sagitario A*, con millones de veces la masa del Sol, explica bastante bien por qué las estrellas cercanas se mueven como lo hacen y cómo se organiza el núcleo galáctico.

Sin embargo, cuando se mira el detalle fino, empiezan a aparecer pequeñas incomodidades: una luminosidad sorprendentemente baja, irregularidades en las curvas de rotación y matices en la imagen obtenida por el Telescopio del Horizonte de Eventos. No rompen el modelo clásico, pero sí lo tensan.

Un centro galáctico que podría no ser un agujero negro

En el centro de la Vía Láctea quizá no haya un agujero negro. Un modelo de materia oscura intenta explicar las anomalías de Sagitario A*
© Universidad de Colonia.

El nuevo trabajo, publicado en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, propone una alternativa que obliga a cambiar el marco mental: en lugar de un agujero negro supermasivo, el objeto central podría ser un núcleo compacto de materia oscura. No sería un punto singular, sino una estructura densa formada por partículas fermiónicas ligeras, rodeada por un halo que se conecta de forma continua con la materia oscura que envuelve a toda la galaxia.

En este escenario, el “motor” del centro galáctico y el halo de materia oscura no son dos entidades distintas, sino dos expresiones de una misma sustancia distribuida en diferentes escalas. Eso permitiría explicar de forma unificada tanto el comportamiento de las estrellas cercanas al núcleo como las propiedades dinámicas de regiones mucho más alejadas.

Qué dicen Gaia y la imagen de Sagitario A*

En el centro de la Vía Láctea quizá no haya un agujero negro. Un modelo de materia oscura intenta explicar las anomalías de Sagitario A*
© ETH.

Uno de los puntos fuertes del modelo es que incorpora datos modernos. El mapeo de Gaia DR3 afinó como nunca antes el movimiento de las estrellas en la Vía Láctea, revelando pequeñas asimetrías y desviaciones respecto de los modelos ideales. No son fallas enormes, pero sí pistas de que la realidad podría ser más compleja de lo que supone el retrato clásico de un agujero negro aislado.

A eso se suma la imagen de Sagitario A* obtenida por el Telescopio del Horizonte de Eventos. Lejos de contradecir la propuesta, los autores argumentan que un núcleo de materia oscura también podría producir una “sombra” compatible si está rodeado por un disco de gas caliente que emite en radio. Es decir, la foto no obliga a que el objeto sea un agujero negro tradicional: admite interpretaciones alternativas dentro de ciertos márgenes.

Una hipótesis audaz, pero no un reemplazo inmediato

Conviene poner las cartas sobre la mesa: el agujero negro supermasivo sigue siendo la explicación con mayor respaldo observacional y teórico. La propuesta de un núcleo de materia oscura no lo “derrota”, pero sí introduce una opción que podría resolver algunas tensiones sin necesidad de añadir parches al modelo estándar.

Además, la materia oscura fermiónica es solo una de las muchas hipótesis sobre la naturaleza de esa sustancia invisible que domina la masa del universo. Falta mucha evidencia directa para convertir esta idea en algo más que una alternativa sugerente. Los propios autores señalan que serán necesarias mediciones aún más precisas de las órbitas de las estrellas más cercanas al centro galáctico para poner el modelo a prueba.

Por ahora, la propuesta funciona como un recordatorio incómodo pero saludable: incluso los objetos más icónicos de la astronomía moderna pueden esconder matices. A veces, las pequeñas anomalías no anuncian que todo esté mal, sino que el cuadro general todavía tiene más capas de las que creíamos.

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