En la
antigüedad, para el “viaje final” de los difuntos a la otra vida, muchas
culturas dejaban un pequeño “snack” junto a los muertos. En Egipto, por ejemplo, dejaban fruta y carne. Un reciente
hallazgo en el suroeste de Jerusalén destapa una sorprendente dieta: un frasco de sapos decapitados.
Un equipo de
arqueólogos se encontraba investigando una de las 67 tumbas humanas construidas
en la cuenca Nahal Repha’im. La zona fue poblada durante el período cananeo, y
los investigadores habían descubierto dos zonas de asentamiento, dos templos y
una serie de cementerios en la región. Este último databa de hace 4.000 años de
antigüedad.
Al inspeccionar
la tumba se encontraron con la sorpresa: una vasija funeraria que contenía los
huesos diminutos de al menos nueve sapos, los cuales habían sido decapitados
antes de ser colocados cuidadosamente en su interior.
El equipo ha
explicado que las tumbas y el área encontrada se remontan a la Edad de Bronce
Medio. También han aclarado que este tipo de frascos funerarios con ofrendas y alimentos
para proporcionar sustento a los muertos son comunes. Lo que no es común es
encontrar sapos. Mucho menos decapitados. Según han explicado:
Hasta donde sabemos,
el único otro lugar en Israel con un sapo encontrado fue en Wadi Ara, y data de
la Edad del Bronce. Para un arqueólogo, encontrar tumbas que fueron selladas
intencionalmente en la antigüedad es un tesoro invaluable, porque son una
cápsula del tiempo que nos permite encontrar objetos casi en el mismo estado al
que originalmente fueron depositados.
La tumba estaba sellada intencionadamente
con una gran roca. Dentro había un esqueleto humano mal conservado, rodeado de una
serie tazones y jarras intactas. Como decíamos al comienzo, en el pasado otras
tumbas han revelado una gran variedad de alimentos e incluso otros elementos,
probablemente amuletos para asegurar el entierro.
Sea como fuere y basándose en la propia
historia, el hallazgo indica que los sapos eran parte de la dieta local durante
el tiempo en el que se produjo el entierro. “Entendemos que era parte de la
comida consumida mientras estaba viva”, cuenta el equipo. De hecho, eso
explicaría por qué faltaban las cabezas, las cuales se habrían retirado para
que la piel pudiera ser removida en preparación para la ingesta del sapo. [Archaeology vía Smithsonian]