Foto: Chi Bellami / Flickr

Una de las leyendas urbanas m√°s extendidas del mundo del autom√≥vil es la de esa persona que deja su veh√≠culo en un p√°rking p√ļblico, lo recoge al cabo de un rato y, cuando ya lleva unos kil√≥metros circulando tranquilamente, se da cuenta de que no es su coche. ¬ŅEs posible que esto ocurra?

La respuesta corta es s√≠, pero no como est√° descrito arriba. Es posible, efectivamente, abrir un autom√≥vil ajeno de la misma marca y modelo que el nuestro con nuestra llave. La industria del autom√≥vil lo ha documentado en muchas ocasiones. La √ļltima le sucedi√≥ a una joven canadiense llamada Joanne Fluegel. Su coche era un Toyota Echo de 2005.

La raz√≥n para que esto ocurra es que las posibles variantes a la hora de hacer muescas de una llave f√≠sica no son infinitas. Hay un n√ļmero (muy elevado, pero finito) de combinaciones. Si las muescas de nuestra llave son muy parecidas a las de la llave de otro coche igual, puede ocurrir que logremos abrirlo, aunque las posibilidades son realmente remotas. Si la llave y la cerradura est√°n muy desgastadas esas posibilidades son un poco mayores.

La segunda parte de la leyenda urbana es la que no se cumple. Puede llegar a ocurrir que abramos la puerta de un automóvil idéntico al nuestro con nuestra llave. Lo que no podremos hacer es poner el coche en marcha a menos que se trate de un automovil muy, muy antiguo.

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Aspecto de un transpondedor cl√°sico. Foto: Mobile Locksmith

Desde 1995, las llaves de autom√≥vil llevan en un interior un peque√Īo chip llamado transpondedor en el que est√°n registrados los datos de nuestro veh√≠culo junto a un c√≥digo de seguridad. Cuando metemos la llave en el arranque, una antena alrededor del orificio env√≠a una se√Īal a la llave y esta responde enviando el c√≥digo para que lo lea el ordenador central del veh√≠culo. Si no coincide, sencillamente no arranca.

Los primeros transpondedores enviaban un c√≥digo fijo, siempre el mismo para cada coche, pero los modelos m√°s recientes env√≠an el c√≥digo con una llave de cifrado o n√ļmeros aleatorios generados mediante algoritmos. Estos √ļltimos son casi imposibles de copiar.

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Volviendo al caso de Joanne Fluegel, la puerta,efectivamente se abrió, pero no pudo poner en marcha el vehículo, momento en el que se dio cuenta de que no era el suyo. Solo en los automóviles realmente viejos podría darse la circunstancia de que la llave de un modelo pueda arrancar otro idéntico, pero incluso así es un caso extremadamente raro. [vía Motherboard y Quora]