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El año pasado contábamos lo difícil que resultaba actualmente distinguir un buen Rolex falso de uno real. Y no solo Rolex. En el siguiente vídeo, los expertos de Watchfinder & Co. exploran las diferencias entre un Omega Seamaster real y una falsificación casi perfecta. Las similitudes son asombrosas.

La pieza visual viene a constatar cómo se han “profesionalizado” las imitaciones. Si antes resultaba más o menos sencillo diferenciar una pieza de lujo exclusiva de una copia, hoy necesitas ojos de experto para darte cuenta del engaño, y en muchos casos ni así.

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Para el examen que llevó a cabo el minorista británico se analizó el nuevo Omega Seamaster, con un valor en el mercado de más de 4.000 euros, y una copia del mismo que se puede encontrar por alrededor de 400 euros.

Como explican en el vídeo, a pesar del poco tiempo que lleva en el mercado el nuevo Seamaster (poco menos de dos años), el mercado de la falsificación ha respondido con una réplica muy precisa de la icónica pieza de buceo suiza. Desde la misma esfera de cerámica azul con una fina impresión en blanco, la copia no ha dejado ningún detalle inadvertido.

No solo replicaron las manos esqueletizadas azules, cada tornillo, joya y resorte del calibre Omega 8800 se ha recreado, lo que hace que el reloj sea increíblemente difícil de distinguir de la pieza genuina.

Como detallan al final del vídeo, solo cuando un ojo experto se acerca para ver los detalles minuciosos, las diferencias se hacen evidentes. Entre otras, la caja es ligeramente más gruesa que la del reloj real, el movimiento de las agujas no es exacto, falta la certificación del cronómetro METAS o el antimagnetismo a 15.000 gauss. Y además, bajo un escrutinio exquisito, los expertos notan que el acabado de la falsificación aún muestra signos de mecanizado. [Watchfinder & Co.]

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