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Ciencia

La parte más estable de Norteamérica está “goteando” a cientos de kilómetros bajo la superficie. El fenómeno no cambiará el mapa de Estados Unidos, pero revela que los continentes nunca dejan de evolucionar

Un nuevo modelo sísmico revela que parte de la base del continente se está desprendiendo lentamente. Los restos profundos de la antigua placa de Farallón serían los responsables, aunque el proceso no supone una amenaza para la superficie.
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La superficie de Estados Unidos no está colapsando y el país tampoco corre el riesgo de desaparecer bajo el manto terrestre. Sin embargo, a cientos de kilómetros de profundidad está ocurriendo un proceso geológico que ha sorprendido incluso a los científicos que lo descubrieron.

Un equipo internacional encontró indicios de que la parte inferior del cratón norteamericano (el núcleo rocoso más antiguo y estable del continente) está perdiendo fragmentos hacia el interior del planeta. Estas masas de roca parecen descender lentamente desde la base de la litosfera, formando estructuras que los investigadores comparan con gotas.

Según el estudio publicado en Nature Geoscience, el fenómeno se concentra bajo el Medio Oeste y el valle del Ohio, aunque una región mucho más amplia de Estados Unidos y Canadá podría estar experimentando cierto adelgazamiento. La causa más probable sería el movimiento de los restos de la antigua placa tectónica de Farallón, actualmente hundidos en las profundidades del manto.

La parte más antigua del continente no era tan inmóvil como parecía

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© Getty Images / FrankRamspott.

Los cratones son las regiones más antiguas de los continentes. Están formados por una corteza muy estable y una raíz litosférica gruesa que puede extenderse unos 200 kilómetros bajo la superficie.

Estas estructuras han sobrevivido durante miles de millones de años mientras otras partes de la corteza eran deformadas, desplazadas o recicladas por la tectónica de placas. Por eso, durante mucho tiempo fueron consideradas prácticamente inalterables.

No obstante, los geólogos saben que algunas pueden perder sus raíces profundas. Tal como explica la Universidad de Texas en Austin, el cratón del norte de China sufrió un adelgazamiento considerable en el pasado, pero estudiar estos procesos resulta difícil porque normalmente solo quedan sus consecuencias geológicas.

La diferencia en Norteamérica es que el equipo cree haber detectado el fenómeno mientras todavía está ocurriendo. No se trata de una observación directa o de rocas filmadas mientras caen, sino de una reconstrucción obtenida a partir del comportamiento de las ondas sísmicas.

Más de 6.000 sensores permitieron mirar bajo Norteamérica

Los investigadores utilizaron los datos recopilados por EarthScope, un proyecto que desplegó una enorme red de instrumentos sísmicos por el continente. El análisis incluyó registros de más de 6.000 estaciones y las ondas producidas por más de 200 terremotos.

Las ondas sísmicas cambian de velocidad y dirección dependiendo de la temperatura, densidad y composición de las rocas que atraviesan. Al estudiar esas variaciones, los geólogos pueden construir una especie de tomografía del interior terrestre.

En este caso, el equipo aplicó un método conocido como tomografía de forma de onda completa. En lugar de analizar únicamente el momento de llegada de las ondas, el modelo incorpora una parte mucho mayor de la información contenida en cada señal.

De acuerdo con Scientific American, el mapa resultante mostró que el cratón mantenía su aspecto habitual en muchas regiones: una raíz gruesa y fría por la que las ondas se desplazaban rápidamente. Sin embargo, bajo el Medio Oeste y el valle del Ohio aparecían estructuras discontinuas que descendían hasta casi 600 kilómetros de profundidad.

Según Junlin Hua, autor principal del trabajo, esas formas son compatibles con material desprendido de la base del cratón. El estudio interpreta esas estructuras como señales de un adelgazamiento activo de la litosfera, aunque reconoce que la explicación depende tanto de las imágenes sísmicas como de las simulaciones geodinámicas.

La placa de Farallón sigue actuando después de millones de años

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© Hua et al / Nature Geoscience.

La principal sospechosa es la placa de Farallón, una antigua placa oceánica que comenzó a introducirse bajo Norteamérica hace alrededor de 200 millones de años. Aunque gran parte de su superficie desapareció al hundirse bajo el continente, sus fragmentos no dejaron de existir. Actualmente permanecen en el manto, a cientos de kilómetros de profundidad, donde continúan descendiendo lentamente.

Tal como explica la Universidad de Texas, los restos de la placa están separados de la raíz continental por unos 600 kilómetros. Aun así, podrían estar redirigiendo las corrientes del manto de una manera que concentra material bajo el Medio Oeste y arrastra fragmentos del cratón hacia las profundidades.

La placa también pudo liberar agua, dióxido de carbono y otros compuestos volátiles mientras descendía. Según la hipótesis presentada en Nature Geoscience, estos materiales habrían debilitado la base de la litosfera y facilitado que algunas partes se desprendieran.

Los experimentos informáticos reforzaron esta interpretación. Cuando los investigadores incluyeron la placa de Farallón en sus simulaciones, el cratón comenzó a formar gotas similares a las observadas en los datos sísmicos. Al retirarla del modelo, el proceso se detenía.

Eso no significa que la explicación esté completamente demostrada. Claire Currie, geofísica de la Universidad de Alberta que no participó en la investigación, señaló a Scientific American que todavía sería necesario encontrar otras evidencias, como posibles deformaciones en la superficie, y explicar mejor cómo el material continental es arrastrado hacia zonas más densas del manto.

Estados Unidos no desaparecerá ni cambiará de forma

El término “goteo continental” puede sugerir que el terreno está a punto de hundirse, pero el proceso ocurre en una escala extremadamente lenta y profunda. Los autores no esperan que provoque un colapso, grandes terremotos ni cambios reconocibles en el paisaje durante un horizonte humano.

La Universidad de Texas aclara expresamente que no existe ningún motivo para pensar que el continente vaya a quedar hueco o que el fenómeno vaya a modificar pronto la superficie. Además, el proceso debería debilitarse cuando los restos de la placa de Farallón continúen descendiendo y dejen de ejercer la misma influencia sobre el cratón.

El descubrimiento tampoco significa que las rocas del Medio Oeste estén simplemente derritiéndose. El modelo muestra material de la litosfera que estaría siendo movilizado y transportado hacia el manto, donde terminará reincorporándose lentamente a la dinámica interna del planeta.

Su importancia no reside en una amenaza inmediata, sino en la posibilidad de observar cómo evoluciona uno de los núcleos continentales más antiguos de la Tierra.

Como señala Thorsten Becker, coautor del estudio, comprender estos procesos permite explicar cómo se forman los continentes, cómo pierden partes de sus raíces y cómo sus materiales terminan reciclándose dentro del planeta. La superficie de Norteamérica puede parecer estable, pero a cientos de kilómetros bajo ella el continente continúa cambiando.

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