Los hongos forman parte de los ecosistemas terrestres desde mucho antes de la aparición de Homo sapiens y, durante millones de años, distintas especies de primates han convivido con ellos e incluso los han incorporado a su dieta. Algunos son simples fuentes de alimento, mientras que otros producen sustancias capaces de alterar profundamente la percepción y la actividad cerebral. Entre ellas destaca la psilocibina, el compuesto psicodélico presente en varias especies de hongos del género Psilocybe.
En los últimos años, el interés científico por esta molécula ha crecido con rapidez, especialmente por sus posibles aplicaciones terapéuticas. Sin embargo, algunos investigadores han ido un paso más allá y se han preguntado si el contacto de nuestros antepasados con estos hongos pudo haber tenido algún efecto en la evolución del cerebro humano.
Una relación que pudo comenzar hace millones de años
Una revisión científica publicada en 2024 en la revista Lilloa, de la Fundación Miguel Lillo, analiza esta posibilidad combinando conocimientos procedentes de la neurociencia, la biología evolutiva y la etnobotánica.
La hipótesis parte de una situación relativamente sencilla. Cuando los primeros homínidos comenzaron a desplazarse por bosques y posteriormente por paisajes más abiertos, debieron explorar constantemente el entorno en busca de nuevos alimentos. Los hongos formaban parte de esos ecosistemas, por lo que es razonable pensar que algunos ejemplares psicoactivos pudieron ser consumidos ocasionalmente.
El problema aparece cuando intentamos demostrarlo. Los hongos son organismos extremadamente difíciles de conservar durante millones de años y, hasta el momento, no existe evidencia fósil, arqueológica o química que permita afirmar que los primeros homínidos consumían psilocibina de manera habitual.
Por eso, la posible relación entre los hongos psicodélicos y la evolución de la conciencia continúa siendo una hipótesis, no un hecho demostrado.

Lo que sí sabemos sobre la psilocibina y el cerebro
Aunque su papel en la evolución permanece abierto, los efectos de la psilocibina sobre el cerebro moderno se conocen mucho mejor.
Una vez ingerida, la sustancia se transforma en psilocina, un compuesto que interactúa especialmente con determinados receptores de serotonina. A partir de allí pueden producirse cambios temporales en la manera en que diferentes regiones cerebrales se comunican entre sí.
Los estudios mediante imágenes cerebrales han observado modificaciones en redes vinculadas con la percepción, la memoria, las emociones y el sentido del propio yo. Durante estos estados también pueden aparecer conexiones menos habituales entre regiones que normalmente funcionan de manera más independiente.
Esta reorganización temporal ayuda a explicar por qué las experiencias con psilocibina pueden modificar de forma tan intensa la percepción del entorno y generar nuevas asociaciones mentales.
¿Pudo representar alguna ventaja para nuestros antepasados?
Aquí es donde comienza la parte más difícil de comprobar.
Algunos investigadores plantean que, en determinadas circunstancias, los cambios provocados por la psilocibina pudieron favorecer temporalmente la flexibilidad cognitiva, la percepción sensorial o incluso ciertos comportamientos sociales. Si experiencias de este tipo se hubieran repetido a lo largo de muchas generaciones, podrían haber interactuado con otros factores culturales y ambientales.
Sin embargo, no existe evidencia suficiente para afirmar que los hongos psicodélicos hayan provocado directamente el desarrollo de la inteligencia, el lenguaje o la conciencia humana.
La evolución de nuestro cerebro fue el resultado de millones de años de cambios en los que participaron factores tan diferentes como la dieta, el clima, la cooperación social, el desarrollo de herramientas y la transmisión cultural.
How Psilocybin Lifts Mood Without the Hallucinogenic Trip
Psilocybin, the psychedelic compound found in magic mushrooms, has shown promise in treating depression, but the source of its therapeutic power has remained elusive.
Researchers have now identified specific pyramidal… pic.twitter.com/Xp6tHaNW3f
— Neuroscience News (@NeuroscienceNew) April 4, 2025
De una antigua hipótesis a una nueva herramienta médica
Paradójicamente, mientras su papel en nuestro pasado continúa siendo un misterio, la psilocibina está adquiriendo cada vez más protagonismo en la medicina moderna.
Diversos ensayos clínicos investigan su posible utilidad en determinados casos de depresión, trastornos relacionados con el trauma y algunas adicciones. Estos tratamientos se realizan en condiciones controladas, con dosis cuidadosamente administradas y acompañamiento profesional, por lo que son muy diferentes del consumo recreativo.
La investigación todavía está avanzando, pero demuestra que una molécula producida por los hongos puede modificar de manera profunda y medible la actividad cerebral humana.
Lo que seguimos sin saber es cuándo comenzó exactamente esa relación. Nuestros antepasados pudieron encontrarse con hongos psicoactivos mucho antes de que existiera nuestra especie, pero demostrar que esos encuentros contribuyeron realmente a moldear la mente humana será mucho más complicado. Por ahora, sigue siendo una hipótesis fascinante situada en la frontera entre evolución, neurociencia y cultura.