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Ciencia

Hace unos 700 millones de años la Tierra quedó casi enteramente congelada: un estudio encontró que costras de sal sobre el hielo marino pudieron intensificar ese enfriamiento

El hielo ya reflejaba bastante luz solar por sí solo. Pero cuando el frío se vuelve extremo, algo mucho más simple que el hielo puede empezar a reflejar todavía más: la sal
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La teoría de la Tierra bola de nieve sostiene que, en distintos episodios ocurridos entre hace aproximadamente 750 y 580 millones de años, el hielo llegó a cubrir gran parte del planeta, posiblemente incluso su totalidad. Los geólogos reconstruyen estos episodios a partir de depósitos de sedimentos glaciares hallados en rocas de todo el mundo, huellas que solo puede dejar la acción directa del hielo. La explicación tradicional de estas glaciaciones globales se apoya en la retroalimentación hielo-albedo: el hielo, mucho más brillante que el agua de mar oscura, refleja más luz solar, lo que reduce la temperatura y favorece que se forme todavía más hielo, en un círculo que se retroalimenta a sí mismo.

Cómo la sal se separa del hielo marino

Sal En Mar Congelado
© Karina Syrotiuk – Shutterstock

Un equipo liderado por Aksel Samuelsberg, de la Universidad Ártica de Noruega en Tromsø, identificó un mecanismo adicional que hasta ahora no se había incorporado a los modelos climáticos de este período. Cuando el agua de mar se congela, el agua se cristaliza mientras las sales disueltas se concentran en el líquido que todavía no se congeló. A temperaturas suficientemente bajas, esas sales empiezan a cristalizar por sí mismas, y si la capa superior de hielo pasa directamente a vapor por sublimación, esos cristales de sal quedan atrás y pueden acumularse en la superficie, según el estudio publicado en Climate of the Past.

Una superficie más blanca que la nieve fresca

Lo llamativo de estos depósitos es su capacidad reflectante. Experimentos de laboratorio previos habían determinado que las costras de sal sobre hielo marino extremadamente frío reflejan alrededor del 93% de la luz solar que reciben, un porcentaje incluso mayor al de la nieve fresca (cerca del 83%) y muy superior al del hielo marino desnudo en proceso de deshielo (aproximadamente 67%). Los autores bautizaron a este mecanismo retroalimentación sal-albedo: cuanto más baja la temperatura, más sal cristaliza; cuanta más sal se acumula, más clara se vuelve la superficie; y cuanto más clara la superficie, menos radiación absorbe y más se enfría el sistema.

Dos estados finales distintos

Tierra Congelada
© Por Harley D. Nygren – NOAA At The Ends of the Earth CollectionImage ID: corp1014 ([1]), Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=22083
Al modelar distintos escenarios climáticos estables, el equipo encontró que este mecanismo da lugar a dos estados posibles de Tierra bola de nieve: uno con depósitos de sal formados sobre el hielo marino tropical y otro sin ellos. El estado con depósitos de sal resultó significativamente más frío, y según los cálculos del equipo, la transición desde un clima cálido y sin hielo hacia una Tierra bola de nieve tiende a conducir directamente a ese estado más frío con sal, en la mayoría de las combinaciones de parámetros plausibles. El proceso de cristalización, además, podría comenzar bastante antes de llegar a temperaturas extremas: algunas sales empiezan a formarse alrededor de los -8 grados centígrados, y otras cerca de los -23 grados, muy por encima del límite teórico de -36 grados considerado en el modelo.

La sal no explica por qué empezó, sino por qué se intensificó

Los propios autores son cautos con el alcance de sus resultados: el estudio no explica qué disparó originalmente la entrada del planeta en una fase de Tierra bola de nieve, sino que propone a la sal como un amplificador de un enfriamiento que ya estaba en marcha. Tampoco queda claro si estos depósitos de sal podrían haberse formado a una escala lo bastante grande, ni cuánto tiempo habrían persistido antes de diluirse o ser cubiertos por hielo proveniente de otras regiones. El modelo, además, no incorpora el movimiento del hielo marino ni el efecto de nubes, polvo o viento, factores que podrían atenuar el mecanismo en la realidad. Aun así, si el efecto se confirma en modelos climáticos más completos, la sal podría haber sido la diferencia entre una glaciación severa y un estado de helada global mucho más estable y profundo de lo que se pensaba hasta ahora.

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