Saltar al contenido
Ciencia

Hay que salvar al satélite multiherramientas de una muerte en llamas, y la NASA no tiene demasiado tiempo

Nunca antes se ha intentado lo que planea la NASA: mover al satélite hacia una órbita más segura, y tras varias demoras ahora van a concretar el plan.
Por Matthew Phelan Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

La NASA suspendió toda actividad científica a bordo de su Observatorio Neil Gehrels Swift en el mes de febrero, esperando reducir la fuerza de arrastre para comprar algo de tiempo. Es que el telescopio espacial fue descendiendo y corre el riesgo de acabar en llamas causadas por la fricción cuando atraviese la atmósfera de la Tierra. En estos meses la agencia espacial de EE.UU. ha trabajado contrarreloj en una misión de “relanzamiento” que reposicione al telescopio en una órbita más elevada y segura.

La operación es inusual y sería la primera vez que se lleva a cabo un servicio de este tipo sobre un satélite, mediante una nave orbital de US$30 millones que tiene tres brazos robóticos y se llama LINK, desarrollada por Katalyst Space para “lentamente elevar al Swift a lo largo de varios meses”, según declaró la NASA. Sin embargo la misión para salvar al Swift ya se postergó tres veces en menos de una semana debido a las condiciones meteorológicas del martes y el miércoles, y ahora por “un problema con el vehículo de lanzamiento” que se produjo el jueves. Por eso el robot de rescate de Katalyst sigue en la Tierra.

“Se determinará la fecha del próximo intento de lanzamiento de esta misión cuando los equipos hayan revisado los datos del intento de hoy”, expresó Alise Fisher, de asuntos públicos de la NASA al actualizar las novedades.

Relanzar, reutilizar, reciclar

A lo largo de los 21 años que lleva en órbita el satélite espacial Swift ya ha superado su propósito original de registrar estallidos de rayos gamma, evidencia electromagnética del colapso de estrellas densas y distantes, que crean así nuevos agujeros negros. El telescopio costó US$250 millones en 2004 (hoy equivaldrían a US$452) y ha detectado llamaradas de rayos X, trazado mapas de galaxias, rastró a un asteroide que pasó junto a la Tierra e incluso documentó cómo un agujero negro aspira el material de una estrella cercana, entre otros logros.

“Esta es una misión de alto riesgo y altos retornos”, dijo Shawn Domagal-Goldman, director de la división de astrofísica de la NASA antes del primer intento de lanzamiento de esta semana.

“Hay mucho por ganar al tratar de lograr esto, que es menos costoso que intentar el reemplazo de las capacidades del Swift, y le permite a la NASA avanzar en la industria de servicios a satélites, algo en beneficio de todos”.

La nave robótica LINK irá al espacio desde el atolón Kwajalein en la República de las Islas Marshall, aliado estratégico de EE.UU. en el Pacífico sur desde hace mucho tiempo, y saldrá a bordo de una aeronave Lockheed Martin L-1011 modificada. La NASA planea lanzar a la nave LINK a la órbita en el aire mediante un cohete Northrop Grumman Pegasus XL, que la llevará a una trayectoria de intersección hacia el Observatorio Swift.

La nave espacial LINK

La nave espacial LINK de Katalyst Space pesa unos 400 kilogramos y mide aproximadamente 1,5 metros de largo. Es un tercio aproximadamente de lo que mide el observatorio Swift, y la propulsión será a través de tres propulsores de ion alimentados por energía solar, con brazos robóticos que van a maniobrar al satélite de la NASA hacia una órbita segura preservando su capacidad de escudriñar el espacio y registrar eventos cósmicos de las eras iniciales del universo conocido.

“La Swift es la multiherramientas de la NASA para estudiar el cosmos”, dijo S. Bradley Cenko, investigador principal de las misiones de investigación del Swift de la NASA. “En las últimas dos décadas el Swift ha sido un jugador clave en los esfuerzos de la NASA por comprender cómo funciona el universo y esperamos que vuelva a funcionar cuando se haya completado la elevación”.

Katalyst solo ha tenido unos meses, desde septiembre, para construir su nave LINK. Fue entonces que la NASA se puso en contacto para encargarle el diseño, construcción y pruebas de un dispositivo capaz de mover suavemente a este sensible instrumento científico hacia una nueva órbita.

“El Swift no se diseñó para que se le hiciera algún servicio. Pero al demostrar que podemos extender su ciclo útil a costo efectivo y con rapidez, creamos un plano de ruta para servicios a naves espaciales que no se diseñaron para mantenimiento en órbita”, dijo el CEO de Katalyst Ghonhee Lee.

Lee lo define como más que tan solo una misión de rescate, diciendo que esto prueba que la humanidad necesita probar su capacidad y habilidad como especie que explora el espacio. “Si hemos de establecer presencia humana más allá de la Tierra necesitamos ser capaces de manipular nuestro entorno en el espacio y eso significa contar con naves espaciales robóticas que puedan reposicionar, reparar, reabastecer y realizar ajustes en los satélites después de su lanzamiento”, expresó.

Compartir esta historia

Artículos relacionados