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Ciencia

Lo que una Super Corriente de El Niño podría significar para la crisis climática

La ciencia todavía no ha logrado definir la compleja relación entre El Niño y el calentamiento causado por la actividad humana, pero su confluencia tiene implicancias importantes para el clima y las temperaturas globales
Por Ellyn Lapointe Traducido por

Tiempo de lectura 6 minutos

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En el hemisferio norte llega el verano y aumentan las probabilidades de que se produzca uno de los eventos de El Niño más fuertes de la historia. Los pronosticadores están cada vez más seguros de que este calentamiento temporario en el océano Pacífico tropical establecerá un nuevo récord en las temperaturas globales. Pero ¿qué significa para la crisis climática?

Los eventos de El Niño se van dando con el telón de fondo del cambio climático provocado por la actividad humana. Se trata de una relación muy compleja entre ambas fuerzas y todavía se está investigando cómo influyen la una sobre la otra. Pero en los últimos años se ha hecho evidente que El Niño puede influir en los efectos del calentamiento causado por las concentraciones de gases de efecto invernadero, aumentando la temperatura promedio global.

La humanidad sigue enviando carbono a la atmósfera y los impactos de El Niño probablemente se agraven, en tanto que al clima le resultará más difícil recuperarse de estos aumentos cíclicos en las temperaturas. Veamos lo que significa y lo que una corriente de El Niño potencialmente extrema podría causar en nuestro mundo cada vez más caliente.

Qué es

La Oscilación Sur de El Niño es un patrón climático recurrente entre períodos de enfriamiento (La Niña) y calentamiento (El Niño) de las temperaturas superficiales marinas en el Pacífico tropical central y oriental. Es un ciclo irregular, ya que el Niño y La Niña ocurren en promedio cada dos a siete años, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).

El Niño representa la variación climática más importante, año a año, “el gorila de 1.600 kg en el zoo climático”, según lo describió a Gizmodo Michael Mcphaden, científico de la NOAA. El ciclo altera la circulación atmosférica que a su vez influye en las temperaturas y precipitaciones de todo el planeta.

Durante El Niño las temperaturas superficiales del centro y este del Pacífico tropical aumentan por encima del promedio enviando calor extra a la atmósfera y corriendo hacia el sur la corriente del Pacífico. Como resultado, aumenta la temperatura global y varias regiones del mundo pasan por cambios significativos en los patrones climáticos. En muchos lugares El Niño exacerba los eventos climáticos extremos que ya se están haciendo más frecuentes y severos debido al cambio climático impulsado por la actividad humana.

“Tenemos ondas de calor terrestre fatales que representan riesgos para la salud pública, además de tormentas que se intensifican y sequías más extremas”, explicó Mcphaden. “Se deben a la combinación de El Niño y el cambio climático en un período de tiempo particular”.

Calentamiento compuesto

En 2023 una fuerte corriente de El Niño tuvo un rol clave que hizo que 2024 fuera el año más caliente que se haya registrado. Cuando en 2025 llegó La Niña, la temperatura promedio global descendió, pero no volvió a los niveles de 2022. De hecho, 2025 fue el tercer año más caliente que se haya registrado, por detrás de 2023 y 2024. Eso, porque se habían acumulado en la atmósfera más gases de efecto invernadero, que contrarrestan el efecto de enfriamiento global de La Niña, según explicó Mcphaden.

La dinámica surge en patrones climáticos inusuales a escala regional. “Este año mientras todavía estaba La Niña hubo una ola de calor masiva en Australia, aunque usualmente La Niña significa clima fresco en Australia. El efecto antropogénico realmente contrarrestó los efectos de La Niña”, le dijo a Gizmodo Friederike Otto, profesora de ciencias del Imperial College London.

El patrón surge también en los registros históricos de temperatura. “Los años de La Niña del siglo 21 son más cálidos que los años de El Niño en el siglo 20 debido a la acumulación de los gases de efecto invernadero”, dijo Mcphaden.

Eso explica por qué el registro histórico de temperaturas se ve más como una escalera que como una suave línea ascendente. En un artículo de 2023 para The Conversation, Kevin Trenberth, Académico Distinguido del Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas, explicó que el calentamiento global sigue un avance escalonado muy influido por la variabilidad de El Niño. El Niño hace que aumenten las temperaturas globales promedio hasta llegar a un pico, y le sigue el enfriamiento que causa La Niña. Pero debido a que aumentan las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, el efecto neto a largo plazo es de calentamiento.

Según las proyecciones más severas, El Niño de este año podría ser más potente que el de 2023. Todos los expertos con los que habló Gizmodo para esta nota se mostraron seguros de que un súper El Niño podría hacer que las temperaturas aumenten más de 1,5°C por encima de los niveles pre-industriales, en 2026 y 2027. Es el límite que establece el Acuerdo Climático de París para limitar los peores impactos del cambio climático.

“Es posible que si ahora hay un evento del Niño realmente grande, nos empuje a un punto en el que volvamos apenas, o no, a tener temperaturas por debajo de ese nivel de 1,5°C”, le dijo a Gizmodo Daniel Swain, científico del clima de Agricultura y Recursos Naturales de la Universidad de California.

Pero tal vez lo más importante es que el clima extremo que veamos durante un súper el Niño sea tan solo la experiencia anticipada de lo que viviremos de manera permanente en solo cinco o diez años más, según Swain. “Es alarmante para los científicos del clima”, añadió.

¿Habrá más super El Niño?

Lo que está claro es que El Niño tiene un rol influyente en el aumento de la temperatura global, pero todavía no se sabe si puede decirse lo mismo del efecto opuesto. Hay algo de evidencia que sugiere que el cambio climático impulsado por la actividad humana podría hacer que los eventos de un El Niño potente sean más frecuentes.

“La cualidad de no ser frecuente indica que para nosotros es imposible tener una muestra de tamaño significativo en lo estadístico en este momento, pero los números muestran que en las próximas cuatro o cinco décadas podría haber eventos de El Niño que sean más extremos y eso se condice con las predicciones basadas en modelos que apuntan a que este siglo se empezarán a ver eventos extremos de El Niño con mayor frecuencia”, explicó Swain.

Mcphaden concuerda, y cree que este año podría brindar más datos que respalden esa hipótesis. “Si este evento resulta ser muy potente, sería inusual porque el último evento muy potente se dio hace solo 10 años. La tasa de retorno de eventos realmente muy potentes es de 15 a 20 años en general”.

Si en este mundo que se calienta se hacen más comunes los eventos más potentes de El Niño, la razón podría estar relacionada con su rol en el sistema climático global. Esta etapa en el ciclo sirve esencialmente como mecanismo de liberación de energía acumulada que expulsa el exceso de calor hacia fuera del Pacífico tropical. Pero a medida que se calienta la atmósfera, el océano absorbe más calor, y durante un año de El Niño, liberará más calor también.

Eso apunta a que se crea un bucle de ida y vuelta. Si el calentamiento global aumenta la frecuencia de eventos potentes de El Niño, esos eventos a su vez pueden amplificar los impactos a corto plazo del calentamiento global.

Pasará mucho tiempo antes de que los climatólogos tengan los registros necesarios para investigar esa relación en profundidad. Lo que sí está claro es que El Niño y el cambio climático impulsado por la actividad humana no son fuerzas aisladas, y que si se logra entender esa relación, tendremos las explicaciones que hacen falta en este mundo cada vez más caliente.

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