Cada vez que aprendemos algo sobre el cosmos, aparecen más cosas que desconocemos. Y no hace falta que se trate de un objeto distante, ya que en esta ocasión se trata del sol. Es muy difícil investigar de cerca algo tan grande y ardiente, por lo que los astrónomos recurren a otros medios, como las ondas sonoras ocultas en las profundidades de la estrella.
Cuando los astrónomos compilaron datos heliosísmicos de unos 40 años, información sobre las ondas que se propagan dentro del Sol, hallaron un patrón de actividad magnética que desconocían, y que se acumula en una capa menos profunda, justo debajo de la superficie. En un trabajo que se publicó esta semana en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, los astrónomos describen que este “biorritmo” interno apunta a cambios en la actividad solar que no son observables mediante los métodos tradicionales.
“Descubrimos que la relación entre las oscilaciones internas del sol y la actividad superficial evolucionó en los últimos ciclos”, declaró Sarbani Basu, coautor del estudio y astrónomo de la Universidad de Yale. “No se puede explicar esta tendencia simplemente por los campos magnéticos más débiles”.
Desde las profundidades
Según el trabajo, los dos ciclos solares anteriores se desviaron levemente con respecto a los anteriores. El ciclo 24 (2008 a 2019) fue significativamente más débil y el ciclo 25 en el que estamos ahora, había sido calificado en pronósticos de expertos como “por debajo del promedio”, pero acabó por superar las expectativas en términos de la cantidad de manchas solares y la radioactividad”.
Las predicciones surgen de las observaciones de las manchas solares y los campos magnéticos en la superficie del Sol, según la NASA. Y aunque permite que los expertos puedan efectuar cálculos bastante acertados sobre la actividad solar, en realidad son factores que surgen de cálculos indirectos de todo lo que sucede bajo la superficie del sol y que no se puede medir.
Los sonidos del Sol
El análisis de los datos heliosísmicos de las oscilaciones de modo p – ondas de sonido cuyas frecuencias cambian en respuesta a la actividad magnética del Sol – revela un patrón faltante que podría llenar las brechas. En el estudio el equipo siguió las oscilaciones del sol en los ciclos 22 a 25, que se corresponden con los años transcurridos entre 1987 y 2025. Las oscilaciones se agruparon en bandas de frecuencia.

Como resultado, el equipo descubrió un cambio gradual en la actividad solar bajo la superficie, que abarca varios ciclos y que en general indicaba que el sol pasaba por un cambio a largo plazo proveniente de debajo de la superficie. Son firmas que se revelaron particularmente fuertes en el ciclo 25, que con los indicadores tradicionales de superficie se había pronosticado erróneamente como más débil de lo habitual.
Tal vez sí, tal vez no
Los hallazgos apuntan a “una reorganización estructural de cómo se almacena la actividad magnética del Sol debajo de la superficie”, afirmó Basu. Esos cambios parecían estar limitados a una profundidad de hasta unos 1.000 kilómetros, según indica el trabajo.
“El sol tiene su propio ‘biorritmo activo’ y crea actividad magnética ascendente y descendente que modula el clima espacial”, explicó Bill Chaplin, autor principal del trabajo y astrónomo de la Universidad de Birmingham en el Reino Unido, en declaraciones de la Royal Astronomical Society. “Lo crucial es saber que la actividad magnética se limita cada vez más a sectores más cercanos de la superficie, con cada ciclo”.
Con todo, el equipo dice que todavía necesita explorar lo que significa esto en realidad. En el futuro predecible, los investigadores seguirán sintonizados (literalmente) con el sol a lo largo de lo que resta del ciclo 25, que probablemente culmine cerca de 2030. Si este patrón interno continúa en el ciclo 26, les dará a los astrónomos una idea más acabada de lo que realmente significa.