En agosto de 2015, varios astronautas probaron una lechuga roja cultivada dentro de la Estación Espacial Internacional. El momento parecía resolver una de las grandes preguntas de cualquier viaje a Marte: si no podemos transportar comida para varios años, tendremos que producirla durante el camino.
Desde entonces, los experimentos orbitales han demostrado que las plantas pueden germinar, desarrollar hojas y llegar al plato en microgravedad. Pero una investigación publicada en npj Microgravity acaba de poner el foco sobre un problema mucho menos visible: una lechuga puede crecer normalmente y, aun así, regresar del espacio con una composición nutricional diferente.
La agricultura extraterrestre ya no solo necesita plantas que sobrevivan. Necesita alimentos que sigan alimentando.
El problema no está en las hojas, sino dentro de ellas

Los investigadores analizaron datos de lechugas cultivadas en la Estación Espacial Internacional y en el laboratorio chino Tiangong II, comparándolas con plantas de control producidas en la Tierra. Según el estudio publicado en npj Microgravity, algunos cultivos espaciales presentaron entre un 29% y un 31% menos de calcio y alrededor de un 25% menos de magnesio.
En el experimento de Tiangong II, el calcio pasó de 928 a 642 miligramos por kilogramo y el magnesio cayó de 365 a 274. También disminuyó el hierro, aunque aumentó el potasio. Los resultados de la ISS fueron diferentes: allí el calcio bajó de forma más moderada, el potasio prácticamente no cambió y el hierro incluso aumentó.
Ese matiz es importante. Si se consideran todos los nutrientes en conjunto, la investigación no encontró un empobrecimiento generalizado de las lechugas. Encontró algo más complejo: el espacio puede alterar unos componentes, conservar otros y elevar algunos más. La propia NASA resume el resultado como una advertencia sobre la pérdida de minerales especialmente importantes para los astronautas.
Y el calcio no es un nutriente cualquiera cuando se vive sin gravedad. Los astronautas ya sufren pérdida de masa ósea durante las misiones. Depender de cultivos con menos calcio podría agravar un problema que el cuerpo humano lleva consigo antes incluso de llegar a Marte.
Las plantas también entran en “modo supervivencia”

Una planta en órbita no sabe que está participando en el futuro de la humanidad. Solo intenta adaptarse a un entorno extraño.
Sin gravedad, el agua no desciende ni se distribuye alrededor de las raíces como ocurre en la Tierra. La humedad, la temperatura, la ventilación, la iluminación y la radiación también pueden modificar su desarrollo. El resultado es que la planta puede crecer mientras cambia la manera en que absorbe minerales o fabrica compuestos protectores.
Los datos tampoco muestran una respuesta única. En algunos experimentos disminuyeron los fenoles totales; en otros aumentaron, posiblemente como reacción al estrés. Las antocianinas y la capacidad antioxidante permanecieron relativamente estables. Un estudio anterior sobre tres cosechas del sistema Veggie ya había concluido que las lechugas eran seguras y comestibles, pero también había detectado variaciones entre los cultivos orbitales y terrestres.
Marte no necesita una huerta: necesita un sistema alimentario

Nada de esto significa que cultivar alimentos fuera de la Tierra sea imposible. Significa que no bastará con comprobar que una planta tiene buen color, produce hojas y no contiene microorganismos peligrosos.
Habrá que controlar su composición durante cada cosecha, ajustar el agua y los fertilizantes, seleccionar variedades más resistentes e incluso desarrollar cultivos biofortificados con más calcio, hierro o magnesio. La NASA ya está investigando esa relación entre humedad, microbioma y nutrientes mediante Plant Habitat-07.
El primer gran triunfo de la agricultura espacial fue conseguir que una semilla creciera donde nada debería crecer. El siguiente será mucho más difícil: conseguir que esa planta, además de sobrevivir, siga siendo comida.