El 20 de agosto de 2023, Curiosity hizo algo completamente rutinario: utilizó su cámara de navegación derecha para fotografiar el terreno del cráter Gale. La imagen llegó a la Tierra, entró en el archivo público de NASA y permaneció allí sin provocar ningún comunicado ni alarma. Casi tres años después, alguien amplió su extremo izquierdo y encontró una criatura.
Sobre una colina aparece una silueta oscura con una cabeza redondeada y varios filamentos que parecen tocar el suelo. Puede verse como una medusa flotante, un trípode de La guerra de los mundos o una máquina de Star Wars. La fotografía no está manipulada: es un archivo oficial de NASA. El problema comienza cuando se confunde la autenticidad de la imagen con la autenticidad de aquello que creemos ver.
La criatura solamente existió durante una fotografía

La toma fue realizada durante el sol 3924 de la misión, a las 22:27:46 UTC. La figura ocupa aproximadamente 15 píxeles dentro de una imagen de 1.024 por 512. A tamaño completo es poco más que una mancha. Solo al recortarla y ampliarla comienza a adquirir tentáculos, patas y una forma reconocible.
La prueba más reveladora está en el propio archivo de Curiosity. La misma cámara fotografió aquel paisaje a las 22:27:21 y a las 22:27:33, es decir, 25 y 13 segundos antes. En ninguna de las dos imágenes aparece la silueta. A las 23:45:29, unos 78 minutos después, tampoco estaba allí.
Eso descarta que sea una formación inmóvil sobre la colina. Tampoco existe una imagen simultánea de la cámara izquierda que permita calcular distancia, movimiento o tamaño mediante visión estereoscópica. Podría ser algo pequeño cerca del objetivo o enorme en el horizonte. Con un solo fotograma, ni siquiera puede demostrarse que estuviera físicamente delante del róver.
Marte es un lugar especialmente cruel con las cámaras

La explicación principal apunta a un rayo cósmico: una partícula de alta energía que impactó en el sensor mientras se generaba la imagen. Marte carece de un campo magnético global y posee una atmósfera muchísimo más tenue que la terrestre, por lo que sus instrumentos están más expuestos a la radiación procedente del espacio.
Cuando una de esas partículas golpea un detector puede depositar carga y producir píxeles brillantes, líneas o manchas que solo aparecen en un fotograma. En 2014, Justin Maki, responsable de las cámaras de navegación de Curiosity, explicó que el equipo recibía imágenes con puntos brillantes casi todas las semanas. NASA también ha mostrado artefactos negros provocados por impactos de rayos cósmicos.
En la supuesta medusa hay una pista adicional: junto a su cuerpo aparece una pequeña hilera de píxeles negros perfectamente alineados y sin la suavidad esperable en los bordes de un objeto real. El patrón encaja mejor con una alteración del sensor o del procesamiento que con una criatura iluminada sobre el paisaje.
La imagen es oficial; la medusa, no
Eso no permite cerrar el caso con certeza absoluta. También pudo producirse un error electrónico, de compresión, transmisión o procesamiento. Incluso podría tratarse de polvo cercano a la cámara o de un fenómeno atmosférico fugaz. Sin otra fotografía simultánea, ninguna hipótesis puede comprobarse de manera definitiva.
Pero no todas las posibilidades tienen el mismo peso. Un ser vivo o una máquina requerirían pruebas adicionales: otra perspectiva, movimiento entre fotogramas, una sombra coherente o datos de una segunda cámara. No existe nada de eso. Solo hay una mancha diminuta que aparece una vez y desaparece inmediatamente.
El resto lo hizo la pareidolia, la tendencia del cerebro a convertir formas ambiguas en objetos familiares. Primero llegaron la cabeza y los tentáculos; después, las teorías. Marte no necesitó colocar una criatura ante Curiosity. Le bastaron 15 píxeles, una fotografía olvidada y tres años de espera para que nosotros la inventáramos.