Bienvenidos a nuestra primera charla con Anselmo. Su verdadero nombre no es ese, pero hemos decidido llamarlo así porque su nombre auténtico es impronunciable. Anselmo es extraterrestre y no conoce la cultura humana. Comprensiblemente, nuestro visitante tiene algunas preguntas.

Anselmo y las fundas para móvil

Comprender la civilización humana es un proceso largo y arduo. Por algún sitio hay que empezar, y Anselmo ha decidido tomar la prosaica decisión de hacerlo por lo primero que ha visto al llegar a la Tierra. En nuestra primera entrevista, el visitante señaló el móvil que puse sobre la mesa y preguntó:

—¿Por qué cubrís vuestro comunicador personal con una funda?

—¡Uh! ¿El móvil? Nosotros lo llamamos móvil o smartphone. La funda es para que no se rompa.

—¿Vuestros comunicadores se rompen?

—Sí, desgraciadamente sí. Son unos dispositivos muy frágiles. Hace poco probé uno y se me rompió casi sin darme cuenta. El mío, de hecho, lo llevo roto porque se estrelló contra el canto de una mesa. Si le he puesto funda es solo para que no vea el destrozo y no se rompa más. A mi compañero Matías se le ha roto el suyo ayer mismo. Miguel Jorge también tiene el suyo roto desde hace tiempo, y eso que lo lleva siempre con funda. Es un problema bastante común.

—¿Por qué se rompen?

—Se golpean. Generalmente se caen al suelo o impactan contra una superficie dura y se rompen. A veces sufren arañazos por fricción con otros objetos que también llevamos encima. Los usamos mucho todos los días, y claro...

—Los materiales se rompen porque su estructura molecular no es lo bastante estable ¿De qué material están hechos vuestros comunicadores?

—Ese es el problema. Los móviles actuales están hechos de cristal y...

(En ese momento Anselmo sujeta el móvil con ambas manos y parece concentrarse) —He analizado el material que llamas cristal. Es uno de los materiales más frágiles que ha creado el ser humano. ¿Por qué usáis uno de los materiales más frágiles que conocéis en un dispositivo que necesitáis usar a diario y que es susceptible de recibir daño físico de manera frecuente?

—¡Bueno! Necesitamos que sea transparente para poder ver la pantalla... Antes no era así, pero es que la pantalla era muy pequeña. Con el tiempo los móviles se han hecho cada vez más grandes y una de sus caras es todo cristal.

¿Por qué necesitáis que sea tan grande?

—Hmm... para ver mejor las fotos y los vídeos.

—¿Esas fotos y vídeos son necesarios para vuestra supervivencia?

—No mucho... No, en realidad no, si te soy sincero. La mayor parte de la gente usa los móviles para sacar fotos de sus momentos de ocio y colgarlas en redes sociales. También ven vídeos, pero normalmente es más entretenimiento que otra cosa. Es una cuestión de ocio...

—Comprendo. Mi gente está familiarizada con el concepto de ocio, pero lo que llamas redes sociales se prohibió hace 4.712 años porque se descubrió que invertían el proceso evolutivo de nuestra especie. ¿Y vuestra civilización no ha descubierto alternativas al cristal que sean más sólidas? 

—Bueno sí. Está el cristal Gorilla Glass, pero visto lo visto no evita que la pantalla se rompa. También está el cristal de zafiro o de cuarzo, pero son sustancias complicadas de desarrollar en una plancha de tamaño tan grande y harían que el precio del móvil fuera mucho más caro.

—¿Cuánto más caro?

—No estoy muy seguro. En su día, los analistas decían que fabricar una pantalla en cristal de zafiro era cinco veces más caro que una Gorilla Glass (16 dólares frente a 3). No sé cómo se traduciría eso en términos de coste final para el comprador. ¿200 euros más? ¿Quizá 300?

—Comprendo. ¿Y no sería más lógico diseñar el comunicador con una banda de material molecularmente mas estable que rodee la enorme pantalla y la proteja en caso de caída? 

Pues, ahora que lo dices, probablemente sí, pero lo cierto es que la tendencia es la inversa. Los móviles cada vez tienen menos marcos.

Un Galaxy A80
Foto: Samsung

—¿Qué? ¿Por qué? No comprendo.

Es una moda. Aparentemente a la gente le gusta que tenga el marco simétrico y lo más estrecho posible.

—¿Los humanos quieren que sus comunicadores se rompan más fácilmente?

—No... A ver. Es complicado. Unos humanos que trabajan en algo llamado marketing estudian lo que los demás humanos quieren e introducen esos cambios en las nuevas generaciones de móviles para que gusten más a todos.

—¿Esos humanos de marketing son los que fabrican los comunicadores?

—No. De eso se encargan otros humanos llamados ingenieros. Los humanos de marketing solo analizan lo que los demás humanos quieren.

—¿Los humanos de marketing no saben fabricar comunicadores?

—No, normalmente no.

—Y los humanos que quieren cosas a los que llamas gente... ¿Saben fabricar comunicadores?

—Tampoco.

—Sin embargo, son ellos y los humanos de marketing los que deciden las características del comunicador... ¿Qué más hacen los humanos de marketing?

—¡Ehhmmm! Son los encargados de hacer que los móviles se vendan más.

—Comprendo... (Anselmo lleva toda la conversación moviendo los dedos como si apuntara algo en un teclado invisible). Llegado este punto mueve febrilmente la mano a izquierda y derecha como si subrayara un concepto especialmente importante...)

Un asistente al Mobile World Congress en Barcelona.
Foto: Manu Fernandez (AP Images)

—El precio parece una cuestión importante ¿Por qué?

—Bueno, los smartphones no solo son cada día más frágiles. También se da la circunstancia de que cada día son más caros. Hablamos de 1.000 o 1.200 euros. A veces más. Esa cantidad de dinero es la que reciben muchos seres humanos para sobrevivir durante un mes a cambio de su trabajo.

—¿Dejáis de comer un mes para adquirir un comunicador?

—No exactamente. Hay móviles más baratos, pero a la gente le gustan los más caros porque tienen mejores funciones y son más bonitos.

—¿Dejáis de comer un mes para adquirir un comunicador más caro cuando podríais adquirir uno más feo pero que funciona igual?

—A veces, sí. Los móviles son un poco un símbolo de estatus.

—Estatus...

—Sí, estatus... Posición en la sociedad, reconocimiento... destacar entre los demás...

(Anselmo entrecierra los ojos unos instantes mientras consulta su computadora personal de realidad aumentada. Imposible saber qué está viendo. De repente abre mucho los ojos como si hubiera entendido por fin el concepto) —¡Oh! Usáis los smartphones como un reclamo sexual para facilitar al cortejo de cara al apareamiento...

—¡Eh!... Suponnnngo. Es una forma de verlo...

—Volviendo al cristal de la pantalla ¿Qué ocurre cuando se rompe?

—Hay que llevarlo a arreglar

—¿A dónde?

—Generalmente a la misma tienda en la que lo compraste.

—¿Los humanos que arreglan el comunicador roto son los mismos que lo diseñan, fabrican y venden en primer lugar a cambio de un mes de alimentos?

—Sí, exacto. Son los que fabrican las piezas. También fabrican las fundas para protegerlos a veces.

—No comprendo. ¿Fabrican un producto con materiales bonitos, pero molecularmente defectuosos para que sufran daño y así poder reencontrarse con vosotros? ¿Es un rito de amistad? ¿Son una especie de comunidad religiosa?

—¡Jeje! Algunos te dirían que sí, pero no, no son una religión oficial. No reparan los móviles desinteresadamente. Arreglar la pantalla cuesta más dinero.

Personas haciendo cola en una Apple Store.
Foto: Julio Cortez (AP Images)

(Anselmo hace una larga pausa mirándome fijamente, como si valorara lo que acaba de escuchar) —¿Cuánto dinero?

—Depende de la marca y el modelo. Arreglar un Samsung de última generación puede costar alrededor de 300 euros. Si se te rompe un Apple de última generación la reparación puede salirte por más de 600 euros según el tipo de daño y el modelo.

—¿Esa cantidad no es mayor de lo que costaría fabricar la pantalla con un material más resistente como el que llamas cristal de zafiro que haga que repararla nunca sea necesario?

—¡Hum! Sí, es probable...

(Anselmo vuelve a subrayar furiosamente otra palabra en sus apuntes virtuales. Imposible saber si es la misma que antes u otra diferente) —Ya veo... ¿Y la parte de atrás?

—¿Qué?

—La parte de atrás también es de cristal pero no muestra información ¿Por qué es de cristal?

—¡Ejem! Bueno. Es algo que se ha puesto de moda últimamente. El metal es mucho más duro, pero un cuerpo completamente metálico pesa mucho y no deja pasar bien las ondas de radio que emite y recibe el terminal. Hace unos años solucionamos eso practicando unas acanaladuras para las antenas. Casi todos los móviles las llevan en los bordes, si te fijas. También hay móviles cuya parte de atrás está hecha de diferentes tipos de plástico. Es un material más resistente, pero se consideran más feo.

(Vuelve a sujetar el móvil) —Detecto plástico, pero lo habéis cubierto con una capa de cristal. Habéis puesto el material más frágil y que resbala más encima del que resiste mejor y tiene más agarre ¿Por qué?

—No estoy seguro. Supongo que es más bonito así...

—¿Que sea bonito es importante para vosotros, los humanos? ¿Ayuda al cortejo sexual de vuestra especie?

—¿Qué? ¡No! ¡No sé! Lo que pasa es que valoramos mucho la estética.

—Comprendo... No, no comprendo. ¿Valoráis su aspecto visual por encima de la funcionalidad?

—Sí, se podría decir que sí.

—Sin embargo, elegís el comunicador más frágil porque es más hermoso... y después ocultáis su belleza con una funda fea como Oork de Proxima b...

—....

—¿Y todos vuestros comunicadores presentan esa configuración cristalina altamente frágil?

—Noo. Los modelos más baratos suelen ser de plástico, pero los humanos prefieren los caros por lo que te comentaba antes del estátus...

—¿La pulsión por mostrar impúdicamente objetos no lógicos que denotan éxito social con fines reproductivos?

(Suspira) —Sí, Anselmo. Se puede decir que sí. También hay algunos modelos que realmente están hechos con materiales muy resistentes. Se les llama Rugged o Ruggedized, pero no tienen mucho éxito comercialmente porque son demasiado gruesos y están hechos de materiales opacos que no son muy bonitos.

—Solicito confirmación: En lugar de comprar los comunicadores gruesos y opacos, pero resistentes, compráis los comunicadores más finos y menos resistentes porque brillan más y mejoran vuestras posibilidades de encuentro sexual. Entonces tenéis que elegir entre dos opciones. La primera es gastar más dinero en cubrir el terminal fino y brillante con una funda gruesa y opaca para mejorar su resistencia de manera limitada. La segunda opción es exhibirlo sin ningún tipo de protección con el riesgo de que se rompa y haya que gastar en repararlo una cantidad superior a lo que costaría fabricarlo con materiales molecularmente más resistentes. Ambos gastos extra se depositan en el mismo templo que os entregó el comunicador diseñado para romperse con facilidad a cambio de un mes de alimentos. El comunicador está diseñado por humanos que no saben cómo fabricar comunicadores, pero estudian lo que quieren otros humanos que tampoco saben cómo fabricar comunicadores . ¿He comprendido correctamente?

—Mira. Creo que hemos terminado por hoy.

—¿Podremos volver a charlar sobre vuestras costumbres?

—No estoy seguro, Anselmo. No estoy seguro...


Charlas con un extraterrestre es un post experimental de Gizmodo en Español. Su objetivo es interpretar la actualidad tecnológica desde una perspectiva diferente y no exenta de humor. Todos los personajes que se puedan citar en él son completamente ficticios y no están inspirados en personajes reales. Ningún extraterrestre ha sufrido daños durante la elaboración de este post porque la ciencia no tiene constancia de que existan extraterrestres a los que dañar.

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About the author

Carlos Zahumenszky

Editor en Gizmodo, fotógrafo y guardián de la gran biblioteca de artículos. A veces llevo una espada.

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