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Ciencia

Durante años creímos que las explosiones de estrellas ayudaron a iluminar el universo primitivo. El telescopio Hubble acaba de encontrar pruebas de que pudieron hacer exactamente lo contrario

Una investigación con el telescopio Hubble descubrió que los vientos generados por las supernovas pueden bloquear la radiación de las galaxias. El hallazgo cuestiona cómo el universo salió de su antigua oscuridad.
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Durante cientos de millones de años, el universo fue un lugar muy diferente al que conocemos. Las primeras estrellas comenzaron a brillar, las galaxias se estaban formando y enormes cantidades de hidrógeno neutro impedían que la radiación ultravioleta viajara libremente por el espacio. Con el tiempo, aquella barrera desapareció y el cosmos atravesó una transformación que permitió a la luz recorrer distancias cada vez mayores.

Durante décadas, los astrónomos intentaron averiguar cómo ocurrió. Una de las principales explicaciones apuntaba a las supernovas, las explosiones que marcan el final de la vida de determinadas estrellas masivas. Se creía que sus poderosos vientos expulsaban el gas de las galaxias, abriendo caminos por los que podía escapar la radiación necesaria para transformar el universo primitivo. Pero el telescopio espacial Hubble acaba de proporcionar una pista inesperada: las galaxias con vientos más rápidos parecen dejar escapar menos radiación, no más.

El descubrimiento procede de una investigación internacional liderada por Cody Carr, de la Universidad de Michigan, publicada en octubre de 2026 en Nature Astronomy. Sus conclusiones cuestionan una explicación importante sobre cómo terminó la última gran transición física del universo.

El universo estuvo cubierto por una barrera de hidrógeno que absorbía la radiación

Durante años creímos que las explosiones de estrellas ayudaron a iluminar el universo primitivo. El telescopio Hubble acaba de encontrar pruebas de que pudieron hacer exactamente lo contrario
Representación de una galaxia con numerosas regiones de formación estelar. Las estrellas masivas y las explosiones de supernovas pueden modificar la distribución del gas y determinar cuánta radiación consigue escapar al espacio. © NASA, ESA, Leah Hustak (STScI)

Para comprender el descubrimiento hay que retroceder hasta los primeros mil millones de años después del Big Bang. En aquella época, el espacio entre las galaxias contenía enormes cantidades de hidrógeno neutro. Este gas absorbía la radiación ultravioleta más energética, impidiendo que viajara grandes distancias. Sin embargo, las primeras generaciones de estrellas comenzaron a emitir fotones suficientemente energéticos para arrancar electrones de los átomos de hidrógeno.

Este proceso, conocido como reionización cósmica, transformó gradualmente el gas intergaláctico y permitió que la radiación ultravioleta pudiera desplazarse con mayor libertad.

Los científicos saben que esta transición ocurrió, pero todavía investigan qué fuentes aportaron la energía necesaria y cómo consiguió escapar esa radiación de las primeras galaxias. Hasta ahora, una explicación importante señalaba a las supernovas. Sus explosiones generan vientos capaces de desplazar grandes cantidades de gas, por lo que se pensaba que podían despejar el camino para la salida de la radiación.

El problema es que las nuevas observaciones muestran una relación opuesta a la esperada. Según el comunicado de la Universidad Johns Hopkins, las galaxias donde los vientos alcanzaban mayores velocidades presentaban menores proporciones de radiación ionizante escapando hacia el espacio.

Hubble encontró una contradicción en galaxias que se parecen a las del universo primitivo

Durante años creímos que las explosiones de estrellas ayudaron a iluminar el universo primitivo. El telescopio Hubble acaba de encontrar pruebas de que pudieron hacer exactamente lo contrario
Una representación artística muestra cómo los vientos impulsados por explosiones de supernovas pueden acumular gas alrededor de las estrellas e impedir que su radiación escape al espacio. El hallazgo cuestiona una explicación sobre la reionización del universo primitivo. © Siyi Wang / Universidad de Michigan.

Los investigadores utilizaron el Hubble para estudiar galaxias cercanas con una intensa formación de estrellas. Estas galaxias constituyen laboratorios naturales especialmente útiles porque comparten ciertas características con los sistemas estelares que existían durante las primeras etapas del cosmos.

En lugar de observar directamente lo que ocurrió hace 13.000 millones de años, el equipo examinó cómo se comportan actualmente la radiación y los vientos galácticos en estos objetos. Para ello, analizaron sus espectros, es decir, la distribución de luz en distintas longitudes de onda. Las señales de absorción permitieron calcular la velocidad del gas y relacionarla con la cantidad de radiación ultravioleta que conseguía escapar.

El resultado fue sorprendente: los vientos más intensos estaban asociados con una menor fuga de radiación. Una posible explicación es que las explosiones de supernovas no despejan necesariamente el entorno de las galaxias. En determinadas circunstancias, pueden remover y redistribuir el gas y el polvo, aumentando la cantidad de material que bloquea los fotones. De confirmarse esta interpretación, el mecanismo que durante años se consideró una ayuda para iluminar el universo podría haber actuado como un obstáculo.

La respuesta podría estar en las estrellas jóvenes, antes de que exploten

Durante años creímos que las explosiones de estrellas ayudaron a iluminar el universo primitivo. El telescopio Hubble acaba de encontrar pruebas de que pudieron hacer exactamente lo contrario
Ilustración de una galaxia primitiva donde las explosiones de supernovas impulsan enormes cantidades de gas hacia el espacio. Nuevas observaciones del Hubble sugieren que estos vientos podrían dificultar la salida de la radiación que contribuyó a transformar el universo primitivo. © Illustreret Videnskab / Illustrerad Vetenskap.

El hallazgo no significa que las supernovas hayan impedido por completo la reionización. Tampoco demuestra que todos los modelos anteriores sean incorrectos. Lo que sugiere es que los astrónomos podrían haber subestimado el papel de los procesos que ocurren antes de las primeras explosiones estelares.

Las estrellas jóvenes y masivas emiten una intensa radiación y producen vientos propios. Estas interacciones podrían abrir pequeños canales en el gas circundante, permitiendo que los fotones ionizantes escaparan cuando todavía no habían aparecido los grandes vientos impulsados por supernovas.

Esta hipótesis también encaja con otras investigaciones recientes. En junio de 2026, la NASA anunció que Hubble había observado una galaxia primitiva llamada MXDFz4.4, cuya intensa formación estelar permitió estudiar cómo la radiación podía transformar el gas de su entorno.

El equipo de Cody Carr pretende conseguir nuevas observaciones con Hubble para comprobar si el patrón encontrado se repite en otras galaxias. Por ahora, la investigación deja una conclusión especialmente interesante: las explosiones más violentas de las estrellas no necesariamente facilitaron la propagación de la luz que transformó el universo. Y quizá una parte fundamental de aquella historia ocurrió mucho antes de que las primeras supernovas comenzaran a estallar.

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