Hay personas capaces de darse cuenta de que están soñando sin despertarse. Pueden reconocer que lo que están experimentando no es real y, en ocasiones, modificar voluntariamente lo que sucede: cambiar de escenario, tomar decisiones o incluso intentar volar. Es lo que la ciencia conoce como sueños lúcidos, un fenómeno fascinante que todavía plantea numerosas preguntas sobre el funcionamiento de la conciencia. Pero ¿es posible entrenar al cerebro para que reconozca un sueño mientras está ocurriendo?
Investigadores de la Universidad de Trento, en Italia, decidieron comprobarlo utilizando una herramienta inesperada: unas gafas de realidad virtual. Su objetivo era averiguar si practicar determinados ejercicios de conciencia durante el día podía aumentar las posibilidades de reconocer un sueño por la noche.
Los resultados fueron llamativos. El 84,6% de quienes participaron en el entrenamiento especializado informó haber experimentado al menos un sueño lúcido o semilúcido, frente al 33,3% de quienes utilizaron realidad virtual sin ejercicios específicos.
El estudio, publicado en Frontiers in Psychology el 28 de septiembre de 2026, aporta nuevas pistas sobre cómo entrenar la capacidad del cerebro para reconocer sus propios estados de conciencia.
Un experimento con 38 personas para aprender a reconocer los sueños

Los investigadores reunieron a 38 adultos de entre 18 y 40 años que tenían poca experiencia previa con sueños lúcidos. Todos participaron durante cinco semanas en un programa que incluía registrar sus sueños y realizar comprobaciones de realidad. Estas comprobaciones consisten en preguntarse repetidamente si uno está despierto o soñando. La idea es convertir esa pregunta en un hábito que eventualmente pueda aparecer durante el sueño.
Los participantes se dividieron en tres grupos.
El primero recibió un entrenamiento específico con una aplicación llamada LucidDreamingVR. Antes de utilizar las gafas, realizaban aproximadamente 15 minutos de meditación. Después, durante unos 20 minutos, exploraban escenarios virtuales diseñados para practicar el reconocimiento de situaciones extrañas y comprobar si estaban soñando. El segundo grupo también utilizó realidad virtual, pero con actividades sin relación con los sueños lúcidos. El tercero mantuvo únicamente los ejercicios tradicionales, sin gafas.

Durante el experimento se utilizaron dispositivos Meta Quest 3 y se registraron diariamente las experiencias nocturnas de los participantes. La diferencia apareció al comparar los resultados: el grupo especializado comunicó 26 sueños lúcidos o semilúcidos, mientras que el grupo sin realidad virtual registró 11 y el grupo que utilizó gafas sin entrenamiento específico solamente cuatro.
El resultado más importante no estuvo en las gafas, sino en lo que hicieron con ellas
Los científicos descubrieron que no bastaba con utilizar realidad virtual. Lo verdaderamente relevante parecía ser el tipo de entrenamiento realizado durante la experiencia. En el grupo experimental, los sueños lúcidos o semilúcidos representaron el 11,82% de todos los sueños recordados. En el grupo sin gafas, esa proporción fue del 2,96%, mientras que en el grupo de realidad virtual convencional cayó al 1,37%. Según el análisis estadístico, la tasa de sueños lúcidos o semilúcidos fue cuatro veces superior a la del grupo sin realidad virtual.
Los investigadores consideran que la explicación podría estar relacionada con la metacognición: la capacidad de observar y evaluar los propios pensamientos y experiencias. Al practicar esa habilidad en entornos virtuales, los participantes podrían aprender a cuestionar mejor lo que perciben. Durante el sueño, esa misma capacidad permitiría reconocer inconsistencias y comprender que están soñando.

Sin embargo, el experimento presenta limitaciones importantes. Participaron solamente 38 personas, los sueños fueron comunicados por los propios voluntarios y no se verificaron mediante registros fisiológicos durante el sueño REM. Además, las cifras incluyen experiencias semilúcidas, en las que la conciencia de estar soñando puede ser incompleta. No significa que el 85% consiguiera controlar sus sueños plenamente. Tampoco es posible determinar cuánto contribuyeron por separado la meditación y la realidad virtual, ya que ambas formaban parte del entrenamiento experimental.
Aun así, el trabajo plantea una posibilidad interesante: que habilidades relacionadas con la conciencia puedan practicarse mientras estamos despiertos y manifestarse después durante el sueño. Por ahora, no existe una técnica garantizada para provocar sueños lúcidos. Pero si investigaciones más amplias confirman estos resultados, la realidad virtual podría convertirse en una nueva herramienta para estudiar una de las capacidades más enigmáticas del cerebro humano: reconocer que está soñando sin necesidad de despertarse.