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Ciencia

Un análisis de sangre podría anticipar el riesgo de Alzheimer hasta diez años antes de los síntomas. Los científicos encontraron una proteína que revela quiénes tienen más probabilidades de sufrir deterioro cognitivo

Un estudio internacional con 2.684 adultos mayores encontró que una proteína presente en la sangre permite estimar el riesgo futuro de deterioro cognitivo. En el grupo de mayor riesgo, la probabilidad alcanzó el 78% a diez años.
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Detectar el Alzheimer antes de que aparezcan los primeros problemas de memoria es uno de los grandes objetivos de la medicina moderna. Durante años, los investigadores han intentado identificar señales tempranas de una enfermedad que puede comenzar a desarrollarse silenciosamente mucho antes de manifestarse. Ahora, un estudio internacional encontró una pista especialmente prometedora en algo tan accesible como una muestra de sangre.

Investigadores del Mass General Brigham Neuroscience Institute, en Estados Unidos, descubrieron que los niveles de una proteína sanguínea permiten estimar el riesgo de desarrollar deterioro cognitivo durante los siguientes cinco o diez años. En los participantes con las concentraciones más elevadas, la probabilidad estimada alcanzó el 38% a cinco años y el 78% a diez años.

El trabajo, publicado originalmente en julio de 2026 en la revista científica JAMA, volvió a difundirse el 30 de octubre mediante un comunicado de Mass General Brigham. Sus resultados abren nuevas posibilidades para identificar personas con riesgo elevado antes de que aparezcan los síntomas, aunque todavía no constituyen una prueba diagnóstica preventiva de uso general.

Una proteína en la sangre podría anticipar lo que ocurrirá en el cerebro

Un análisis de sangre podría anticipar el riesgo de Alzheimer hasta diez años antes de los síntomas. Los científicos encontraron una proteína que revela quiénes tienen más probabilidades de sufrir deterioro cognitivo
Imagen de microscopía que muestra células inmunitarias del cerebro, en rojo, alrededor de placas de beta-amiloide, en verde. Estas acumulaciones están relacionadas con la enfermedad de Alzheimer. © University of California, Irvine.

La protagonista de la investigación es la proteína tau fosforilada 217, conocida como p-tau217. Su presencia en determinadas concentraciones está relacionada con los cambios cerebrales característicos del Alzheimer.

Para comprobar su capacidad predictiva, los investigadores reunieron información de seis estudios realizados en Norteamérica, Japón y Australia. En total participaron 2.684 adultos mayores que no presentaban deterioro cognitivo al comenzar el seguimiento.

Los científicos analizaron muestras de sangre, realizaron pruebas cognitivas y utilizaron estudios cerebrales mediante tomografía por emisión de positrones para evaluar los indicadores asociados a la enfermedad. A lo largo del seguimiento, cuya duración mediana fue de 5,4 años, 478 participantes desarrollaron algún tipo de deterioro cognitivo.

Un análisis de sangre podría anticipar el riesgo de Alzheimer hasta diez años antes de los síntomas. Los científicos encontraron una proteína que revela quiénes tienen más probabilidades de sufrir deterioro cognitivo
Técnicos de laboratorio trabajan con muestras de sangre destinadas a detectar biomarcadores relacionados con el Alzheimer. La investigación busca desarrollar pruebas cada vez más accesibles. © C2N Diagnostics / PrecivityAD.

Los resultados mostraron una relación clara: cuanto mayores eran las concentraciones iniciales de p-tau217, mayor era la probabilidad de presentar dificultades cognitivas posteriormente. Según los resultados originales publicados en JAMA, las personas del grupo con valores más bajos tenían una probabilidad estimada del 12% de desarrollar deterioro cognitivo en cinco años. En cambio, entre quienes presentaban niveles muy elevados, ese porcentaje ascendía al 38%.

La diferencia resultó todavía más llamativa al proyectar diez años: las estimaciones oscilaron entre el 40% y el 78%, según los niveles de la proteína. Sin embargo, los investigadores advirtieron que solamente el 5% de los participantes tuvo un seguimiento superior a una década, por lo que esas previsiones son considerablemente menos precisas.

El avance podría cambiar la prevención del Alzheimer, pero todavía existen límites importantes

Una de las conclusiones más interesantes es que el análisis sanguíneo aportó información adicional incluso después de considerar otros factores relacionados con el Alzheimer, incluidos determinados riesgos genéticos y la presencia de placas amiloides detectadas mediante imágenes cerebrales.

Esto podría resultar especialmente útil para seleccionar participantes en futuros ensayos clínicos destinados a comprobar si intervenir antes de los síntomas permite retrasar la aparición del deterioro cognitivo. Pero existe una diferencia fundamental entre calcular probabilidades y predecir con certeza lo que ocurrirá con una persona.

Un análisis de sangre podría anticipar el riesgo de Alzheimer hasta diez años antes de los síntomas. Los científicos encontraron una proteína que revela quiénes tienen más probabilidades de sufrir deterioro cognitivo
Ilustración de una red de neuronas cerebrales, en azul, rodeadas de acumulaciones de proteínas asociadas al Alzheimer, en amarillo. Estas alteraciones están relacionadas con el deterioro cognitivo característico de la enfermedad. © Shutterstock / Selvanegra.

Un resultado elevado de p-tau217 no significa que alguien vaya a desarrollar necesariamente Alzheimer. Además, el estudio evaluó la progresión hacia el deterioro cognitivo, que puede incluir distintas manifestaciones clínicas y no equivale automáticamente a un diagnóstico de demencia por Alzheimer.

La propia investigadora Reisa Sperling, una de las responsables del trabajo, explicó que actualmente no se recomienda utilizar estos análisis de forma rutinaria en personas sin síntomas. Todavía faltan tratamientos preventivos suficientemente establecidos para quienes presentan únicamente un riesgo biológico elevado.

El objetivo futuro sería que las pruebas sanguíneas pudieran desempeñar un papel similar al de las mediciones de colesterol, que ayudan a calcular el riesgo cardiovascular y orientar estrategias preventivas.

Por ahora, el descubrimiento representa un avance en la comprensión de cómo evoluciona la enfermedad antes de sus primeras señales visibles. Y plantea una posibilidad que hasta hace poco parecía lejana: que una muestra de sangre permita identificar, con años de anticipación, a quienes más podrían beneficiarse de futuras terapias.

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