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Ciencia

Implantaron imanes en los músculos de un amputado y su cerebro empezó a sentir la mano robótica como si fuera real

Un estudio publicado en Science Advances probó durante seis semanas en un paciente amputado una nueva interfaz que usa imanes implantados en los músculos del antebrazo para devolver la sensación de movimiento en una prótesis de mano. El cerebro interpretó la apertura y el cierre de la mano robótica como gestos coordinados, no como señales aisladas, lo que abre el camino a prótesis controladas de forma más intuitiva
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Hay una sensación que los amputados pierden y que las prótesis más avanzadas del mundo todavía no saben devolver del todo: la cinestesia, el sentido interno de que el músculo se mueve. No es lo mismo que el tacto. Es esa percepción continua e involuntaria que, en una mano intacta, permite ajustar la fuerza al agarrar un vaso sin necesidad de mirarlo. Sin esa señal de retorno, usar una mano robótica requiere atención consciente constante: el usuario puede moverla, pero no la siente.

Un equipo de la Escuela Superior Sant’Anna de Pisa, en colaboración con la Cleveland Clinic, acaba de dar un paso significativo hacia resolver ese problema. Su estudio, publicado como portada de Science Advances, probó una nueva interfaz que usa imanes implantados en los músculos residuales del antebrazo para generar vibraciones internas que imitan la sensación de movimiento, y evaluó cómo el cerebro interpreta esa información cuando controla una mano protésica.

El problema de las vibraciones que confunden al cerebro

Las técnicas existentes para generar sensación de movimiento en prótesis suelen recurrir a vibraciones musculares. El problema es que esas vibraciones estimulan al mismo tiempo la piel y el músculo, enviando dos tipos de señal simultáneos al sistema nervioso: una táctil y otra de movimiento. El cerebro recibe mensajes superpuestos y el resultado puede ser confuso, dificultando el control intuitivo de la prótesis.

La interfaz mioquinética cinestésica (MKkI) desarrollada por Sant’Anna resuelve ese problema de raíz: en lugar de vibrar desde fuera, usa pequeños imanes implantados directamente en los músculos del antebrazo residual. Un campo magnético externo activa esos imanes y genera vibraciones profundas en el tejido muscular sin tocar la piel en absoluto, separando por primera vez la señal de movimiento del ruido táctil superficial.

Seis semanas con un paciente: el cerebro leyó gestos, no señales

El sistema se integró con la Mia Hand, una mano robótica desarrollada por Prensilia, empresa derivada del propio Sant’Anna. Durante seis semanas, un paciente italiano de 34 años con amputación de miembro superior usó la interfaz y describió sus percepciones. Los resultados fueron llamativos: el paciente percibió la apertura y el cierre de la mano como movimientos coordinados muy similares a los reales, no como señales separadas dedo por dedo.

Según señaló Cleveland Clinic en su nota de prensa, ese hallazgo confirma la hipótesis central del estudio: el cerebro organiza la información cinestésica procedente de los músculos como sinergias de agarre, es decir, como combinaciones habituales de movimiento que en la vida cotidiana se ejecutan como un todo. Del mismo modo que alguien reconoce una palabra sin analizar letra por letra, el cerebro interpreta el gesto de cerrar la mano como una unidad, no como la suma de cinco dedos.

Dos tecnologías distintas, el mismo resultado en el cerebro

Una de las conclusiones más sólidas del trabajo surge de la comparación entre dos tecnologías completamente distintas. La interfaz de Sant’Anna usa imanes implantados. La de Cleveland Clinic recurre a la redirección quirúrgica de nervios y robótica. Pese a esas diferencias estructurales, ambos sistemas generaron en sus usuarios la misma experiencia: sensaciones de movimiento coordinado de los dedos, no señales independientes.

Ambos equipos observaron además un fenómeno adicional: parte de la información sensorial transmitida por las interfaces fue registrada por los usuarios sin conciencia inmediata. El cuerpo procesaba datos útiles antes de que la persona pudiera identificarlos de forma explícita, lo que sugiere que el cerebro integra la cinestesia artificial a un nivel más profundo y automático de lo que se entendía hasta ahora.

«Si dos tecnologías tan diferentes producen el mismo tipo de percepción coordinada, eso nos dice algo fundamental sobre cómo el cerebro procesa el movimiento, y nos da una base mucho más sólida para diseñar dispositivos que trabajen de forma más natural con el sistema nervioso», señaló Paul Marasco, coordinador del estudio en Cleveland Clinic.

El siguiente paso: un implante permanente

El prototipo actual fue diseñado como prueba preliminar de seis semanas. El equipo trabaja ahora en una versión permanente que combine tres funciones en un mismo implante: leer la posición de los imanes para controlar los movimientos de la prótesis, superponer vibraciones para devolver sensación cinestésica, y permitir la percepción natural del agarre. El objetivo es poder estudiar la interfaz durante periodos más largos y con más pacientes, consolidando los datos necesarios para llevar la tecnología a uso clínico.

Cleveland Clinic destacó que los hallazgos podrían tener aplicaciones más allá de las prótesis, incluyendo rehabilitación tras accidente cerebrovascular, tratamiento del dolor crónico y estudio de la epilepsia, dado que todos estos campos involucran la comunicación entre el sistema motor y el sistema nervioso central.

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