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Tecnología

El futuro de la agricultura depende menos de nuevas tecnologías y más de lo que elegimos comer

Un estudio publicado en Nature proyecta que adoptar dietas más saludables, reducir a la mitad el desperdicio alimentario y mejorar la productividad podría disminuir un 6% la superficie agrícola mundial para 2050. El cambio beneficiaría al clima y la biodiversidad, pero transformaría profundamente la ganadería y las economías rurales.
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La próxima gran revolución agrícola podría no depender de fertilizantes más potentes, cultivos creados en laboratorios ni tecnologías desarrolladas para conquistar el espacio. Según una investigación internacional publicada en Nature, una parte decisiva del cambio estaría en algo mucho más cotidiano: modificar lo que comemos.

El trabajo analizó qué ocurriría si, para 2050, la población mundial adoptara una alimentación cercana a la propuesta por la Comisión EAT-Lancet, mientras la agricultura mejora su productividad y el desperdicio de alimentos se reduce un 50%. Para estimarlo, los investigadores combinaron diez modelos económicos globales, en lugar de depender de una única simulación.

La agricultura mundial podría necesitar menos tierra

En el escenario de transformación, la superficie agrícola mundial disminuiría un 6% respecto de 2020. El resultado varía considerablemente entre los modelos, desde un aumento del 1% hasta una reducción del 26%, pero la estimación central supondría liberar una extensión aproximadamente comparable con la India.

Sería un cambio histórico. Mientras el escenario sin nuevas medidas proyecta un crecimiento del área cultivada, la cantidad de animales y el uso de recursos, la transformación alimentaria podría reducir un 10% las tierras de pastoreo y aumentar un 4% la cobertura forestal respecto de 2020. Parte de esos terrenos podría recuperar funciones naturales, aunque no toda la superficie liberada sería apta para producir cultivos.

La causa principal está en la composición de la dieta. Las recomendaciones utilizadas en el estudio incluyen menos carnes rojas y más frutas, verduras, legumbres y frutos secos. Al reducirse la demanda de ganado, también se necesitarían menos cereales y oleaginosas destinadas a su alimentación.

Habría 400 millones menos de rumiantes destinados a carne

La producción de carne de rumiantes podría caer cerca de un tercio en 2050 frente a los niveles de 2020. Esto equivaldría a aproximadamente 400 millones menos de vacas, ovejas y otros rumiantes destinados cada año a la producción de carne. El valor económico de ese sector podría disminuir alrededor de un 70%.

Al mismo tiempo, las frutas, verduras, legumbres y nueces aumentarían su importancia. Estos productos podrían representar la mayor parte del valor de la producción agrícola mundial hacia mediados de siglo, invirtiendo un sistema históricamente dominado por la ganadería.

El cambio también tendría efectos ambientales. Los sistemas alimentarios generan actualmente alrededor de un tercio de las emisiones humanas de gases de efecto invernadero. En el escenario analizado, las emisiones agrícolas caerían aproximadamente un tercio frente a la trayectoria habitual, principalmente por la reducción del ganado y de sus emisiones de metano. También descenderían el consumo de agua y el uso de fertilizantes.

El futuro de la agricultura depende menos de nuevas tecnologías y más de lo que elegimos comer
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Comer mejor no sería una solución individual

El estudio no sostiene que simplemente elegir una ensalada en lugar de una hamburguesa vaya a transformar por sí solo el planeta. Los modelos suponen un cambio global de preferencias que, en la realidad, enfrentaría barreras culturales, económicas y de acceso a alimentos saludables.

La producción agrícola de 2050 sería un 17% menor que en un escenario sin transformación y su valor económico bajaría alrededor de 1,6 billones de dólares, un 26%. No obstante, seguiría situándose cerca de los niveles registrados en 2020. Las pérdidas se concentrarían especialmente en la ganadería, mientras otros sectores encontrarían nuevas oportunidades.

En Estados Unidos, por ejemplo, el valor de la producción ganadera podría caer un 73%, mientras el de los cultivos crecería cerca de un 20%. Una transición semejante afectaría a productores, trabajadores rurales, frigoríficos, industrias lácteas y regiones dependientes de los cultivos utilizados como alimento animal.

Los autores consideran que serían necesarias nuevas políticas, inversiones y ayudas económicas para evitar que los costos recaigan principalmente sobre pequeños productores y comunidades rurales. También habría que revisar subsidios que actualmente favorecen actividades incompatibles con la transformación planteada.

La conclusión no es que la tecnología agrícola haya dejado de ser importante. El escenario necesita precisamente mejores rendimientos y menos desperdicio. Pero revela que producir de manera más eficiente no será suficiente si la demanda continúa avanzando en la dirección contraria. Cambiar el sistema alimentario también significa cambiar aquello que decidimos colocar en nuestros platos.

 

 

Fuente: Meteored.

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