Saltar al contenido
Ciencia

Islandia está cultivando alimentos en una fábrica que parece sacada de una película de ciencia ficción. No necesita luz solar y utiliza el calor de la Tierra para funcionar

En Islandia, una empresa está produciendo microalgas comestibles dentro de una fábrica iluminada con luces artificiales. Utiliza energía geotérmica, inteligencia artificial y CO₂ para cultivar un alimento ancestral que podría transformar la producción alimentaria.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Imagina entrar en una fábrica y encontrar pasillos interminables iluminados por luces violetas, miles de tubos transparentes y microorganismos creciendo en agua bajo condiciones cuidadosamente controladas. No hay tierra cultivable, no existen estaciones del año y tampoco hace falta esperar a que salga el sol. Parece una instalación destinada a producir tecnología avanzada, pero lo que crece en su interior es algo mucho más cotidiano: comida.

A unos 35 minutos de Reikiavik, Islandia, la empresa VAXA Technologies ha desarrollado una instalación que utiliza electricidad renovable, calor geotérmico y sistemas automatizados para cultivar microalgas destinadas a la alimentación humana y animal. El proyecto recupera organismos consumidos desde hace siglos y los convierte en protagonistas de una forma de agricultura completamente diferente.

La idea es tan sencilla como ambiciosa: ¿y si pudiéramos producir alimentos nutritivos durante todo el año, sin depender de la luz solar ni de grandes extensiones agrícolas?

Islandia ha encontrado una forma de cultivar alimentos utilizando el calor de sus volcanes

Islandia está cultivando alimentos en una fábrica que parece sacada de una película de ciencia ficción. No necesita luz solar y utiliza el calor de la Tierra para funcionar
Instalaciones de VAXA Technologies junto a la central geotérmica de Hellisheiði, en Islandia. La empresa aprovecha electricidad renovable y recursos de la planta energética para cultivar microalgas destinadas a la alimentación y otras aplicaciones industriales. © Siemens / VAXA Technologies.

El secreto de VAXA está en su ubicación. La fábrica se encuentra junto a la central geotérmica de Hellisheiði, una instalación que aprovecha el calor del subsuelo islandés para producir energía.

En lugar de construir una granja tradicional, la empresa utiliza fotobiorreactores, sistemas cerrados en los que las microalgas crecen dentro de tubos transparentes. La iluminación procede de miles de luces LED rojas y azules, seleccionadas para aprovechar las longitudes de onda que intervienen en la fotosíntesis.

Según explicó la BBC en un reportaje sobre las instalaciones, la central suministra electricidad, agua caliente, agua fría y parte del dióxido de carbono que necesitan los cultivos. Esto permite mantener la producción durante todo el año, independientemente del clima islandés.

La empresa produce organismos como Nannochloropsis, utilizados en alimentación y acuicultura, y Arthrospira, conocido comercialmente como espirulina, un ingrediente rico en proteínas.

Los sistemas de automatización controlan parámetros como la iluminación, los nutrientes y las condiciones ambientales. Además, VAXA afirma que utiliza aprendizaje automático para mejorar sus procesos productivos.

Un alimento consumido desde hace siglos podría ayudar a resolver uno de los grandes desafíos del futuro

Aunque estas instalaciones parecen futuristas, consumir determinados tipos de microalgas no es una idea nueva. La espirulina, por ejemplo, tiene antecedentes de utilización alimentaria en regiones de África y Mesoamérica.

Su interés nutricional reside en que puede aportar proteínas, pigmentos, vitaminas y otros compuestos valiosos. Sin embargo, la composición varía considerablemente según la especie y el método de producción.

Islandia está cultivando alimentos en una fábrica que parece sacada de una película de ciencia ficción. No necesita luz solar y utiliza el calor de la Tierra para funcionar
Filas de fotobiorreactores iluminados en la instalación de VAXA Technologies. En estos sistemas cerrados se cultivan microalgas mediante iluminación artificial, electricidad renovable y condiciones ambientales controladas. © VAXA Technologies.

Una investigación publicada en Marine Biotechnology analizó el impacto ambiental del cultivo de espirulina en Hellisheiði. Sus resultados encontraron emisiones netas prácticamente nulas, ligeramente negativas bajo las condiciones y límites considerados, además de un uso reducido de suelo en comparación con la producción convencional de carne de vacuno.

Esto no significa que cualquier cultivo de microalgas tenga una huella de carbono negativa. El resultado depende de cómo se produce la electricidad, de los nutrientes utilizados y del consumo energético necesario para mantener funcionando los biorreactores.

La gran pregunta es si esta tecnología puede salir de Islandia y alimentar al mundo

El desafío de VAXA no consiste únicamente en cultivar microorganismos. También debe demostrar que su tecnología puede competir económicamente con los alimentos tradicionales.

Las microalgas presentan dificultades relacionadas con el sabor, el procesamiento, los costes y la aceptación del consumidor. Además, producirlas bajo iluminación artificial exige una cantidad considerable de electricidad. Esa es precisamente la ventaja excepcional de Islandia: dispone de recursos geotérmicos que no pueden replicarse fácilmente en cualquier país.

Un especialista del Instituto Tecnológico Danés consultado por la BBC advirtió que la combinación de energía renovable continua, dióxido de carbono y nutrientes de bajo impacto es fundamental para conseguir los resultados ambientales de esta instalación.

El proyecto continúa desarrollándose. En 2026, el parque geotérmico confirmó que VAXA había seguido ampliando su actividad durante el año anterior, mientras la compañía trabaja en aplicaciones alimentarias y soluciones industriales de reducción de emisiones.

La propuesta no significa que las microalgas vayan a sustituir a la agricultura convencional, pero sí demuestra que es posible producir determinados nutrientes de una manera radicalmente distinta.

Durante miles de años, la humanidad ha dependido de la tierra, el agua y la luz del sol para cultivar sus alimentos. En Islandia, una fábrica está demostrando que algunos de ellos también pueden crecer bajo luces violetas, alimentados por la energía que emerge del interior del planeta.

Compartir esta historia

Artículos relacionados