[Versión en español editada a partir del artículo original en inglés]
En 2024 había un documental llamado the Shadow Scholars, cuyo equivalente en español sería algo así como Académicos en las Sombras. En Reino Unido se emitió el año pasado por el Canal 4, bajo el título de “Escándalo de Falsos Ensayos por Académicos en las Sombras”.
El documental trataba el tema del ejército de personas de Kenia con instrucción, pero sin empleo adecuado, que habían estado utilizando plataformas de ofertas de trabajo para vincularse con estudiantes preuniversitarios y universitarios de Occidente, para quienes escribían sus ensayos académicos.
Lo que mostraba el documental era exactamente lo que esperas de un documental: acudía a Nairobi y te hacía sentir que pasabas tiempo con las personas que se ganaban la vida de esta manera.
Los que aparecían en la película a veces parecían estar a la defensiva, aunque había otros que eran nerds mercenarios que trabajaban muy duro escribiendo miles de palabras cada día. En los mejores casos se veía que disfrutaban de su trabajo y se enorgullecían al aprender sobre los temas requeridos para producir ensayos creíbles. «Un periodista escribiría algo distinto a un estudiante de abogacía”, afirmaba uno de los autores de estos ensayos.
En el comienzo del documental la socióloga de Oxford (y conductora de la película) Patricia KIngori habla de cómo se ha descrito esta industria productora de ensayos en la literatura académica occidental, con términos como “plagio” y “fraude académico”. Quien haya visto the Shadow Scholars no puede sino preguntarse cómo les va ahora a estas personas poco después, en este momento en que prolifera la IA.
A juzgar por un nuevo artículo del New York Times, tal parece que no les está yendo muy bien.
La inteligencia artificial cambia por completo el negocio de los ensayos
El artículo del Times no habla solamente de las personas del documental, ya que se calcula que había en Kenia unas 40.000 personas que se ganaban la vida de esta manera. El periódico hace referencia a la misma profesión y el mismo lugar, y aparentemente la IA ha diezmado esa industria.
El Times señala que también ha desaparecido en Kenia otro tipo de trabajos como la transcripción y las traducciones, y que todo eso ya había empezado a mermar incluso antes de que apareciera ChatGPT.
Dice:
Una prueba de Scale AI y el Centro de Seguridad de AI intenta cuantificar la capacidad d ela IA para hacer trabajo freelance remoto, como diseño de producto y análisis de datos. En octubre del año pasado los principales modelos de IA hacían el 2,5% de esas tareas y para julio de este año, el porcentaje había aumentado a 16%.
Por supuesto, la IA no tiene que completar formalmente las tareas freelance para que queden fuera del mercado los de la industria de la trampa académica. Los estudiantes ahora tan solo tienen que recurrir a los chatbots. Es lo que indica la nota del Times:
Alphiline, quien no da su apellido por temor a no conseguir empleo en el futuro, empezó a escribir ensayos en 2021. Le iba muy bien. Con la IA hasta puede hacer más, ya que la tecnología le sirve para escribir más rápidamente un primer borrador, que luego edita ella misma. No le gustan las herramientas de IA diseñadas para que parezca que el texto está escrito por un humano. Prefiere darles su toque personal.
Aunque la nota del Times no lo menciona, hay un factor adicional: el surgimiento de Pangram y otras herramientas relativamente confiables que detectan si el texto es de IA. Un estudiante occidental que sepa cómo funciona todo esto podría pagarle a Alphline para que genere basura con IA y luego le aplique el filtro de la edición humana.
Han quedado atrás los tiempos en que los estudiantes entregaban ensayos escritos a medida por los más geniales escritores en las sombras, o escritores “fantasma”, pero no todo está perdido para ellos. Ya lo dice el refrán: “Hecha la ley, hecha la trampa”.