La anorexia nerviosa es uno de los trastornos de la conducta alimentaria más graves y, durante décadas, gran parte de las investigaciones se concentraron en los mecanismos psicológicos y cerebrales relacionados con su desarrollo.
Sin embargo, un nuevo descubrimiento sugiere que algunas de sus causas biológicas podrían encontrarse en otras partes del organismo.
Un estudio respaldado por la Universidad Estatal de Michigan, publicado el 8 de octubre de 2026 en la revista Frontiers in Psychiatry, identificó una asociación entre la anorexia y determinadas variantes de un gen llamado PLIN4, que participa en el almacenamiento de grasa.
El hallazgo plantea la posibilidad de que el metabolismo energético desempeñe un papel más importante del que se creía en el desarrollo de la enfermedad.
El gen que podría cambiar lo que sabemos sobre la anorexia
El gen PLIN4 interviene en el funcionamiento de las gotas lipídicas, estructuras celulares encargadas de almacenar grasas.
Una característica particularmente interesante es que se expresa principalmente en el tejido adiposo y los músculos, en lugar de concentrarse en el cerebro.
Para investigar su posible relación con la anorexia, los científicos analizaron el ADN de 154 pacientes seleccionados por presentar antecedentes familiares importantes, dificultades en tratamientos anteriores o características clínicas poco habituales.
Los resultados mostraron que 17 participantes, aproximadamente el 11 %, tenían variantes raras de PLIN4 consideradas potencialmente perjudiciales. En una población genética de referencia, estas variantes aparecían en alrededor del 3,2 % de las personas.
Esta diferencia representa una asociación estadística significativa, aunque todavía no demuestra que las alteraciones del gen provoquen directamente anorexia.

Las alteraciones genéticas también aparecieron en familiares
Los investigadores identificaron seis pacientes con variantes que podrían afectar considerablemente el funcionamiento de PLIN4.
En cuatro de esos casos, familiares cercanos con trastornos alimentarios presentaban la misma alteración genética. Este resultado refuerza la hipótesis de una posible contribución hereditaria. Sin embargo, la anorexia es una enfermedad compleja y multifactorial, en la que intervienen numerosos genes junto con factores psicológicos, biológicos y ambientales.
Por lo tanto, no existe evidencia de que una única variante genética determine quién desarrollará este trastorno.
Por qué este descubrimiento podría ayudar a desarrollar nuevos tratamientos
Actualmente, los tratamientos de la anorexia incluyen rehabilitación nutricional, atención médica y diferentes intervenciones psicológicas. Sin embargo, todavía no existen medicamentos aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos específicamente para tratar la anorexia nerviosa.
Los investigadores consideran que estudiar PLIN4 podría ayudar a identificar nuevas vías biológicas relacionadas con el metabolismo de las grasas.
Comprender estos mecanismos permitiría investigar posibles objetivos para futuros tratamientos, aunque todavía no se han demostrado beneficios clínicos derivados del descubrimiento.
🇺🇸‼️ | Un estudio de la Universidad Estatal de Michigan (MSU), publicado en la revista Frontiers in Psychiatry, reveló que las personas con anorexia presentan casi cuatro veces más probabilidades de portar variantes perjudiciales en el gen PLIN4. Este gen regula la proteína… pic.twitter.com/pfNCHZ0VSD
— UHN Plus — Salud (@UHN_Plus_Salud) October 10, 2026
El próximo paso será investigar cómo funciona la grasa corporal
El equipo planea profundizar en el estudio del tejido adiposo y analizar cómo las variantes de PLIN4 podrían modificar el almacenamiento y la utilización de energía.
También será necesario repetir los resultados en grupos más amplios e independientes, ya que los pacientes analizados no representan necesariamente a todas las personas con anorexia. El descubrimiento no cambia los tratamientos actuales ni permite desarrollar una prueba genética diagnóstica, pero aporta una nueva perspectiva científica.
La anorexia podría involucrar mecanismos metabólicos que van más allá del cerebro, y comprenderlos será fundamental para avanzar hacia tratamientos más precisos.