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El estrecho de Ormuz revela el lado más peligroso del comercio mundial: petroleros que navegan entre drones y misiles

Los buques petroleros que atraviesan el estrecho de Ormuz enfrentan condiciones extremas. Para reducir el riesgo de ataques, algunas tripulaciones navegan de noche, limitan las comunicaciones y recurren a métodos tradicionales de orientación. Mientras aumentan las amenazas de drones y misiles, el transporte de petróleo sigue siendo fundamental para el suministro energético mundial.
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Cruzar el estrecho de Ormuz se ha convertido en una de las operaciones más peligrosas del transporte marítimo internacional. Aunque el tránsito de petróleo logró recuperarse parcialmente durante septiembre de 2026, los ataques contra embarcaciones comerciales continúan amenazando la seguridad de las tripulaciones.

En este escenario, algunos capitanes están recurriendo a técnicas de navegación tradicionales para atravesar uno de los corredores energéticos más importantes del planeta.

Un testimonio recogido por Bloomberg revela que determinados petroleros realizan sus travesías durante la noche, sin iluminación habitual, con comunicaciones restringidas y utilizando equipos de navegación limitados para reducir su exposición a posibles ataques.

Navegar a oscuras mientras drones y misiles sobrevuelan los barcos

Un capitán filipino de un petrolero de aproximadamente 300 metros de longitud relató a Bloomberg las condiciones que enfrentó durante sus viajes por Ormuz. Según explicó, durante algunos trayectos las instrucciones incluían navegar sin luces, evitar teléfonos y utilizar únicamente un radar.

Ante estas restricciones, las tripulaciones recurrían a referencias visuales de la costa y conocimientos tradicionales para mantener el rumbo.

El capitán también describió un episodio en el que observó una explosión delante de su embarcación y tuvo que maniobrar para evitar otro buque.

Estas experiencias muestran hasta qué punto el conflicto está alterando las operaciones marítimas habituales.

Por qué el estrecho de Ormuz es tan importante para el mundo

El estrecho de Ormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y constituye una de las principales rutas de exportación de petróleo y gas.

En su punto más estrecho mide aproximadamente 33 kilómetros, una característica que limita las opciones de maniobra de los grandes buques. Antes del conflicto iniciado en febrero de 2026, por esta vía transitaba una parte fundamental del suministro energético internacional.

Su ubicación estratégica también convierte a los petroleros en objetivos vulnerables ante ataques con drones, misiles y otras amenazas marítimas.

Durante septiembre, las exportaciones petroleras de los países del Golfo, excluido Irán, recuperaron más del 80 % de sus niveles anteriores a la guerra, aunque parte del petróleo se transportó mediante rutas alternativas.

Estados Unidos protege los barcos, pero los ataques continúan

La presencia militar estadounidense ha contribuido a mantener parte del transporte marítimo, mediante operaciones de vigilancia y protección coordinada. Sin embargo, los incidentes no han desaparecido. Durante los primeros días de octubre, distintos petroleros fueron alcanzados por proyectiles en el estrecho y sus alrededores.

El 7 de octubre, las autoridades marítimas británicas también informaron de un ataque contra un buque cerca de Qatar, con víctimas reportadas.

Estos acontecimientos demuestran que la recuperación del tráfico marítimo no garantiza la seguridad de las embarcaciones.

El enorme costo económico de transportar petróleo en estas condiciones

El peligro está teniendo consecuencias directas sobre el precio del transporte.

La escasez de petroleros dispuestos a operar en la región, sumada a los mayores costos de seguros y seguridad, ha disparado las tarifas de contratación.

Durante octubre, algunas tarifas de superpetroleros alcanzaron niveles superiores al millón de dólares diarios. Mientras tanto, las empresas energéticas recurren a oleoductos alternativos y operaciones de transferencia de petróleo entre barcos para mantener el abastecimiento internacional.

La situación demuestra que el problema de Ormuz va mucho más allá del transporte marítimo: cualquier interrupción prolongada podría afectar los precios de la energía y las cadenas de suministro mundiales.

Por ahora, los petroleros continúan navegando por una de las rutas más estratégicas del planeta, enfrentando riesgos que ni siquiera las tecnologías modernas de navegación pueden eliminar por completo.

 

 

Fuente: Xataka.

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